Ventana sobre los virus

Hay virus con corona y virus proscritos. Así el ‘coronavirus’ Covid-19, un virus de países ricos como China, un virus de alta categoría, que cierra Congresos y grandes eventos, que agota mascarillas y anula vuelos internacionales. Al instante se destinaron 675 millones de dólares para evitar su propagación y se convocaron cónclaves de especialistas y científicos para su estudio.

El Director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo calificó con diploma de honor: “Emergencia de Salud pública de importancia internacional (ESPII)”, “Es una amenaza gravísima, es el enemigo público número uno…un peligro mayor que el peor ataque terrorista”. Y a partir de esa alarma, las noticias y el miedo corrieron más que el virus. Se creó una “psicosis mediática”. La OMS ejerciendo papel de pirómano más que de bombero. El pánico se generalizó.

¿Tan gravísimo es el coronavirus…? Se cuentan 2.000 muertos en tres meses y 75.000 personas infectadas. Lo que supone en torno a un 2% de muertes, comparable a una gripe común (el ébola tiene un índice de mortalidad entre el 30% y el 70%). El 82% de los afectados de Covid-19 sufre síntomas leves y sólo fallecen personas mayores o con problemas crónicos como hipertensión o diabetes. Por ejemplo, el ébola mató sólo en el mes de agosto a más de 2.000 personas en África.

Paradójicamente hay enfermedades en países menos desarrollados que no tienen esa atención mediática aunque matan a muchos millones de personas: tuberculosis, hepatitis C, sarampión o neumonía. A pesar de que para tales enfermedades ya están inventadas las vacunas. Cada año mueren un millón de personas por neumonía, uno de cada cuatro niños (menores de 5 años) y hay 55 millones de niños sin acceso a esas vacunas. Hay 71 millones de personas infectadas de hepatitis C y el año pasado murieron 400.000, por no poder pagar las vacunas.

Fue la Organización Mundial del Comercio (OMC) la que estableció en la Ronda de Doha 2011 que los medicamentos son ‘como cualquier otro bien de consumo’. Lo cual es absolutamente demencial, porque la carencia de un fármaco cuesta vidas. Un tratamiento de hepatitis C de 85€ puede costar hasta 20.000€. Juntar mercados especuladores, con criterios de oportunidad, con salud pública, en un mundo con tremenda desigualdad, es una locura y un crimen.

En todos los casos de coronavirus se busca su origen animal. El síndrome SARS de 2002 en China se atribuyó a los murciélagos, se propagó a 37 países y mató a 750 personas. El MERS surgido en Arabia Saudita en 2012 se atribuyó a los dromedarios y mató a 875 personas. El actual Covid-19 se achaca al pangolín. Esto nos recuerda el relato de “Cuidado con los bichos” de E. Galeano. (*)

En 1986, la peste de las vacas locas golpeó a los británicos y más de dos millones de vacas, sospechosas de contagiosa demencia, fueron sacrificadas. En 1997, la gripe del pollo, difundida desde Hong Kong, sembró el pánico y condenó a un millón y medio de aves a la muerte precoz. En el año 2009, estalló en México y en los Estados Unidos la gripe porcina, y el planeta entero tuvo que enmascararse contra la peste y sacrificaron millones de cerdos. ¿Quién tiene la culpa de las pestes humanas? Los animales. Así de simple. En cambio, están libres de toda sospecha los gigantes del agronegocio mundial, esos aprendices de brujos que convierten los alimentos en bombas químicas de alta peligrosidad, con sus agrotóxicos y semillas transgénicas.

Mirada Solidaria.es.

(*) Refer. Los hijos de los días, Siglo XXI Buenos Aires, 2012.

 

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