Ventana sobre la infancia /2

Mohammed Ashraf no va a la escuela. Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo. Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco. Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños.  (*)

Uno de cada cinco niños vive en las formas más extremas de pobreza (menos de 1,9 dólares al día), mientras que a una vaca europea se le destina 2,5 a 3 euros diarios. Y casi la mitad de los niños del mundo vive en situación de pobreza “moderada” (menos de 3,10 dólares al día).

Según datos de la OIT en el mundo hay más de 218 millones de niños que trabajan, y entre ellos, 126 millones lo hacen en empleos peligrosos o dañinos, considerados entre “las peores formas de trabajo infantil”. laborando en la agricultura en jornadas de sol a sol, entre pesticidas peligrosos para la salud humana. Y peor aún, en el mundo hay alrededor de 1,3 millones de menores víctimas del tráfico de niños. 

En los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estatura y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas; como también se envenenan en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles del caucho, en jornadas interminables; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jinetes pastores en las estancias del río de la Plata; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de San Pablo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las calles de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de fútbol en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche; vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo.  (*)

No es ciencia ficciòn. Simplemente, son niños pobres, hijos de pobres.

Mirada Solidaria.es

 (*) Refer. libros de Galeano “Bocas del tiempo” y “PATAS ARRIBA: la escuela del mundo al revés”.

1 Comentario

  1. luisocana62@yahoo.esE

    El relato es espeluznante.¿Que decir de los que mueren antes de cumplir cinco años? También hay estadísticas

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