¿Quién es la gente?

Recién declarado el estado de Alarma por el Covid-19 guardábamos cola ante la caja de un supermercado. Una señora próxima ya a la caja se volvió hacia el resto de la cola diciendo: ¡Hay que ver cómo es la gente…! Compra como si fuera a acabarse el mundo… Nadie quiso responderle, nos limitamos a mirar su carrito repleto de bloques grandes de papel higiénico.

El personaje humorístico Marco Antonio se refirió “a la gente” en la Cadena SER: Una preguntica… Cuando se dice eso de «la gente lo está haciendo fatal en esto de la desescalada» o «la gente es muy pesada aplaudiendo a las 8» o «la gente es una irresponsable cuando sale a la calle», etc. ¿Qué ocurre, que para esas personas «la gente» son los demás? ¿La gente no son ellos? Cada vez que oigo a alguien hablar de «la gente» me pregunto lo mismo, ¿esas personas no son gente? ¿Son extraterrestres? ¿Son geranios, koalas, osos panda, antílopes, gansos? ¿No son gente ellos? Ya está bien de no incluirnos para lo malo cuando decimos «la gente es lo peor» y sí incluirnos para lo bueno, cuando decimos: «somos un gran país». ¡Que tú también eres gente, carajo!

Continuaron comentando en la SER: ¿La gente somos todos, ¿o no? Es otro de los mitos: Toda la gente lo hace mal, menos nosotros. Siempre es la gente la que se equivoca, la que no respeta, la que se salta las normas, la irresponsable… ¿Y los que se quejan, no son gente? ¿Quién es la gente? Se mencionó una encuesta sobre el comportamiento durante el confinamiento por el Covid-19: El 85% de las personas encuestadas consideraban estar cumpliendo muy bien el confinamiento y se ponían notas entre el 9 y el 10 (escala de 0-10) y, a su vez, suspendían a más de un 70% de los demás, asumiendo que todos creemos que somos los mejores y que todos los demás son un desastre.

El sociólogo Ignacio Sánchez Cuenca considera que esta es una característica de los países en los que existe mucha desconfianza social. Incluso decimos ‘esa gente’ de manera despectiva. Es la misma actitud que tenemos hacia los espacios públicos, o la suciedad en la calle, o el cuidado de las zonas comunes… Y esa desconfianza de raíz es la que nos hace pensar que necesitamos reglas para todo, que necesitamos apelar a la autoridad para que obligue a respetar lo común, porque no nos creemos capaces de organizarnos por nosotros mismos, como si fuéramos menores de edad. Aunque paradójicamente defendamos la importancia de adquirir mayor responsabilidad, mayor margen de elección y no ser tratados como potenciales tramposos y delincuentes.

Y por otra parte, están quienes tratan a la gente como clientela, desde el buenismo, con paños calientes y excesiva condescendencia, que comenta I. Gabilondo. En estos días del confinamiento muchos gobernantes y medios halagan a sus clientelas: ‘Ejemplar comportamiento de la población con algunos casos minoritarios de incivismo’. Una frase hecha para salir del paso, que es una verdad a medias, es decir, una mentira. La verdad entera es que el buen comportamiento mayoritario existe, pero no ya salpicado por pequeñas indisciplinas, sino por una irresponsabilidad decepcionante entre muchos jóvenes y no tan jóvenes. Se explica la irritación del personal sanitario ante la frivolidad que impera en nuestras calles, una frivolidad insensata que nos muestra una sociedad con altos niveles de infantilización. Una inconsciencia alimentada por los malos ejemplos que nos llegan de los políticos, para quienes la desescalada se ha convertido en una competición de vanidades, de orgullos heridos y de agravios, en vez de contribuir a controlar las impaciencias y a estimular a sus ciudadanos en el respeto a las medidas adoptadas.

Así, pues, ¿en qué quedamos con este tema de la gente…?

Mosaico popular

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.