El COVID al habla…

El teléfono cuenta que el vicegobernador del Estado de Texas en EEUU, Dan Patrick, ha dicho que ‘los abuelos de ese país deberían aceptar su muerte a fin de salvar la economía para sus nietos’. También los multimillonarios del país reclaman la vuelta al trabajo aunque eso suponga que muera gente: «Podemos traer gradualmente de vuelta a esas personas y ver qué sucede. Algunos enfermarán, algunos incluso puede que mueran, no lo sé». Su presidente Donald Trump les apoya: «no podemos permitir que la cura sea peor que el problema». Algo parecido había dicho el ministro de Finanzas japonés refiriéndose a las pensiones: ‘la alta mortalidad entre la gente mayor facilitaría la salvación del sistema de pensiones público, que hoy se considera insostenible’.

       – Es decir, que los viejos sobramos. Oigan, y ¿cuál es la economía que ustedes quieren salvar?

El teléfono siguió contando. No parece ser la economía del bien general, del bien común, de la cooperación. Más bien quieren salvar sus mismas políticas económicas, las que precisamente amenazan la supervivencia del ser humano (generando crisis climática, recortes sanitarios y de servicios sociales, precariedad con sus cruentas reformas laborales y aumento de desempleo…). Quieren reestructurar su sistema económico liberal que pervierte al planeta y que busca el beneficio de unos poquitos a costa de todos los demás.

        – Entonces, perdonen, ustedes no quieren salvar una economía humanitaria, su sistema económico mata, ustedes llaman crisis a su pérdida de beneficios, prefieren su bolsa a la vida.

Y el teléfono comenzó a chismear. Algunos dirigentes como Trump y Bolsonaro se habían burlado del Covid-19 que consideraban ‘una invención de los medios de comunicación’. Trump se mofaba de las advertencias de la OMS: “este es un catarrito, con una fiebrecita, no hay que preocuparse, EE UU  está preparado, este no es más que un virus Chino”. Y retiró el apoyo financiero a la OMS porque “ese organismo está muy centrado en China y se equivocó en muchas cosas al anunciar la propagación del coronavirus por el mundo”. Y amenazó a China: “¿Fue un error que se descontroló o fue algo deliberado?… Hay una gran diferencia entre ambas cosas… Si es responsable, entonces habrá consecuencias”. Y el mismo día que Estados Unidos superaba los 700.000 contagiados y los 38.000 muertos (muchos enterrados en fosas comunes) y superaba los 22 millones de desempleados en un mes, Trump animaba a través de twiter a romper el confinamiento «¡Liberen a Minnesota!», «¡Liberen a Michigan!».  Ya han comenzado a reabrir las playas. Mientras tanto, la población norteamericana reaccionó como sabe, batiendo récord de compra de armas. Según el portavoz  de la Asociación del Rifle (NRA): «la venta de armas aumenta en momentos de incertidumbre porque los estadounidenses saben que son ellos los responsables últimos de su seguridad».

Por su parte, Bolsonaro se reía de la OMS con una campaña contra el aislamiento social bajo el lema “Brasil no puede parar”. Y dijo: «Creo que no llegará a ese punto. El brasileño no se contagia. Se le puede ver saltar en una alcantarilla, bucear, ¿verdad? Y nunca le pasa nada. Yo creo que hay mucha gente que ya se ha contagiado en Brasil y ya tienen los anticuerpos que ayudan a que no siga proliferando». Y añadió: «Por mi histórico de atleta, en caso de que fuera contaminado por el virus, no tendría que preocuparme, no sentiría nada, como mucho una gripecita o un resfriadito». Ante las desavenencias con su ministro de sanidad, le ha destituido. Y, mientras aumentan los miles de contagiados y de muertos en Brasil, el Tribunal Supremo ha tenido que advertir a Bolsonaro “que no dispone de poder para ejercer una política pública de carácter genocida”.

        – ¿Qué habremos hecho para merecer semejantes gobernantes…tan patológicos, desequilibrados, incompetentes y destructivos?

    La venta del mochuelo

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