Cuando al poeta le crecen alas

Hay que tener cuidado cuando al poeta le crecen alas.
Porque cuando eso ocurre
cuando al poeta de pronto le crecen alas
ya no anda en bicicleta
no toma colectivos
no camina hasta la escuela.

Cuando le crecen alas ya no entra a los almacenes
entonces no sabe cuánto le sale al hombre
el vivir cotidiano
no conoce el precio del pescado
ni el precio del pan,
como vuela tan alto no ve la represión en las calles
ni llega a leer por culpa de la altura
las consignas que se agitan en las banderas del pueblo.

Al poeta le crecen alas y ni la lluvia lo moja ya
porque anda por encima de las nubes
y se va a lugares tan lejanos
y no vuelve sino a principios de mes
a buscar el cheque o el pago en efectivo
por los libros vendidos
en las ferias literarias.

Cuando al poeta le crecen las alas es un híbrido
deja de pertenecer a la raza de los que se despiertan
en plena noche fría
para tomar un par de mates
antes de ir a la fábrica
o a la oficina.

Cuando al poeta le crecen alas hay que tener cuidado.
Qué pena más espontánea
un poeta que no camina la calle
que no conversa con los caballos
que no sabe que el negocio inmobiliario
le está comiendo el hígado al setenta y pico por ciento
de sus hermanos.

Pero ya no es humano.
El poeta alado es un híbrido
mira la literatura
su propia literatura detrás de los vidrios
ve su nombre en los escaparates.
Dice en latín cosas tan lindas que a uno le dan ganas
de llorar árboles con todas sus hojitas
a medio caerse sobre la vereda.
                                                   León Peredo

Mirada Solidaria.es

(Imagen: busto del poeta latino Cayo Valerio Cátulo)

 

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