Decimos que es corrupto quien no es fiel ni hace honor a la confianza en él depositada y la traiciona a cambio de favores, dejándose sobornar o comprar. Es la persona o cosa que se desvirtúa o pervierte. Se predica asimismo del asunto, persona o cosa, dañado, torcido, echado a perder.

“Corrupto” viene del verbo latino corrumpere, en uso desde la primera mitad del siglo XIII en que aparece en el Fuero Juzgo (1240).

 

     En el siglo XXI parece que continúa de moda hablar de corrupción. La realidad existe desgraciadamente, aunque los casos suelen recobrar actualidad por intereses políticos o comerciales.

Los casos de corrupción existen y existieron. Suceden en España y en todos los países. Se dan en el campo de la política y también en el empresarial, en el comercial, en el judicial,  en el religioso, en el laboral, en el policial, en las asociaciones, en la publicidad…

A pesar de ello,  la corrupción tiene grados y niveles de responsabilidad. La corrupción tiene manifestacio­nes de singular gravedad cuando los casos su­ceden desde el poder político o económico y cuando las canti­dades tan desorbitadas que se roban a la sociedad suponen un duro golpe para todos los ciudadanos, en especial para las clases más desfavore­cidas.

 

     El corruptómetro  es el título de un artículo de F. Betto (1), en el que afirma: La impunidad es la madre de los corruptos. ¿Conoce usted el nombre de alguna persona corrupta? ¿fue procesada y está en la cárcel?.

El corrupto se caracteriza por no admitirse como tal. Experto como es, actúa movido por la ambición de dinero. No es propiamente un ladrón. Antes bien, se trata de un refinado chantajista, de ésos de conversación delicada, sonrisa amable, ademanes gentiles. Anzuelo sin cebo, pez que no pica.

El corrupto no se expone; extorsiona. Considera la comisión un derecho, el porcentaje un pago por servicios, el desvío una forma de apropiarse de lo que le pertenece, la segunda caja un privilegio electoral; y tontos a los que hacen tráfico de influencias sin sacarle provecho.

 

     En el artículo citado, se ofrecía una TIPOLOGIA DE CORRUPTOS.

    * El corrupto oficial se vale de la función pública para sacar provecho para sí, su familia y sus amigos. Cambia la placa del auto, lleva a su mujer de viaje con pasaje costeado por el erario público, usa tarjeta de crédito a pagar por el presupuesto estatal, hace gastos y obliga al contribuyente a pagarlos. Considera natural la sobrefacturación, la ausencia de licitación, la competencia con las cartas marcadas.

La lógica del corrupto es corrupta: “Si yo no saco provecho, otro se aprovechará en mi lugar”. Su único temor es ser cazado en flagrante delito. No se avergüenza de mirarse al espejo, apenas teme ver su nombre escrito en los periódicos. Confiado, jamás imagina a su hijita preguntarle: “Papá, ¿es verdad que tú eres corrupto?”

El corrupto no tiene ningún escrúpulo en dar o recibir cajas de güisqui en Navidad, obsequios caros de los proveedores o facilitar vacaciones. Lo ablandan con regalos y así disminuyen los trámites burocráticos que atañen a los dineros para las obras públicas.

    * Está el corrupto privado. Nunca menciona cantidades, sólo insinúa, cauteloso. De ese modo se vuelve el rey de la metáfora. Nunca es directo. Habla con circunloquios, seguro de que el interlocutor sabrá leer entrelíneas.

    * El corrupto franciscano practica el toma ahí, da aquí. Su lema es “quien no llora no mama”. No es ostentoso de las riquezas, no viaja al exterior, se presenta como pobretón para encubrir mejor la trapacería. Es el primero en indignarse cuando el asunto es la corrupción que embarra al país.

    * El corrupto exhibicionista gasta lo que no gana, construye mansiones y castillos, llena la hacienda de vacas, convencido de que la adulación es amistad y la sonrisa cómplice ceguera. Se vanagloria de su astucia para engañar y mentir.

    * El corrupto nostálgico se enorgullece de su padre ferroviario, de su madre profesora, de su humilde origen campesino, pero está íntimamente convencido de que, si hubieran tenido las mismas oportunidades de meter la mano en la bolsa, sus antepasados no las hubieran dejado pasar.

    * El corrupto previsor, calculador, ya está poniendo la vista en la Copa del Mundo de Fútbol en el 2014, y en las Olimpíadas en el 2016. Sabe, por ejemplo, que los juegos Panamericanos de Rio, en el 2007, tuvieron un presupuesto de 350 $ pero acabaron gastando 1.500 millones.

 

     El corrupto no sonríe, agrada; no saluda, extiende la mano; no elogia, inciensa; No posee valores, sólo saldo bancario. Se corrompe de tal modo que ya ni se da cuenta de que es corrupto. Se tiene por un negociante exitoso.

Melifluo, el corrupto tiene dedos largos, se junta a los honestos para aprovecharse de su sombra, trata a los subalternos con una dureza que lo hace parecer el más íntegro de los seres humanos. Además, el corrupto cree piadosamente que todos le consideran de una inocencia capaz de causar envidia a la Madre Teresa de Calcuta.

El corrupto se juzga dotado de una inteligencia que lo libra del mundo de los ingenuos y le vuelve más agudo y experto que el común de los mortales.

En tanto los corruptos no vayan a la cárcel, al menos nosotros, electores, podemos impedirles ser elegidos para funciones públicas.

 

     Los casos públicos de corrupción, que no cesan, provocan la reacción e indignación de la ciudadanía y promueven la acción de la justicia, pero la epidemia de la corrupción per­manece.

¿Qué está sucediendo?, se preguntaba Javier Osés (2). Si se repiten con tanta frecuencia, ¿será que nuestra sociedad está corrompida?

No quiere de­cir que no haya gen­te honrada, porque la hay, sino que la corrupción se ha convertido en una atmósfera densa que nos envuelve a todos y que todos vamos creando y alimentando.

Así, cuando establecemos, como pau­ta social indiscutible, que el te­ner ha de ser nuestra aspiración primera; cuando un liberalismo salvaje ha borrado todos los escrúpulos y nos in­duce a buscar el máximo de ganancias, sin reparar en los medios; cuando el ganar mu­cho, pero trabajando poco, es uno de nuestros sueños dora­dos, vamos tejiendo la estruc­tura espesa de la inmoralidad que da como fruto normal la corrupción.

Aparte de los aspectos económicos, hay otras pautas y conductas que están contribuyendo a que el ambiente social sea insano y corrupto. Así, cuando cada uno establecemos nuestra es­cala de valores, según unos in­tereses individuales y prescin­dimos de unos valores sólidos, comunes, indiscutibles que forman parte de nuestra con­dición de personas. El valor de la dignidad de todas y cada una de las per­sonas; el valor de que los bie­nes y las cosas tienen un destino universal;  el valor de que las personas se miden no por lo que tienen, no por el color de su piel o por su raza, sino por su condición de per­sonas.

Esta corrupción no se re­suelve solo con la intervención de la justicia, ni poblando de policía nuestras calles y pla­zas.

Mirada solidaria.es

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(1)Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=43990″target=”_blank”> 

 http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=43990

(2) N. Obreras Núm. 1.133 (1-12-94)

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