La ilusión de la libertad

     Los políticos honestos van diciendo por ahí que no todos los de la clase política son iguales. Faltaría más.

Pero lo putrefacto huele. Las mordidas, las comisiones, los fraudes, el cohecho, la prevaricación, la compraventa de votos…

Huele la trama Gürtel  en España y otras muchas tramas que han llegado a conocerse.

Como también huele el pacto entre los dos partidos mayoritarios para no reformar la Ley Electoral. Pacto que les asegura la continuidad del bipartidismo y la explotación de la ventaja de tener el mayor número de diputados en perjuicio de otras fuerzas.

Como dice Jaime Richart, los dueños del poder y del dinero cierran filas para asegurarse dinero y poder para siempre. Les da igual que todo eso esté provocando en millones de españoles un inmenso y profundo asco hacia la democracia, hacia la monarquía, hacia las instituciones de toda clase y desde luego cada vez más y más hacia el modelo del capital.

    

     Y estando en éstas, llega un vídeo titulado “la ilusión de la libertad” en el que, entre imágenes de diversos dirigentes políticos mundiales, una voz grave va narrando:

 

Los esclavos modernos se sienten todavía ciudadanos.

Creen votar y decidir libremente quién conducirá sus asuntos, como si pudieran elegir.

Pero cuando se trata de escoger la sociedad en la que queremos vivir, ¿creen ustedes que existe una diferencia fundamental entre la socialdemocracia y la derecha nacionalista en Francia; entre demócratas y republicanos en Estados Unidos; entre liberales y conservadores en Colombia,…?

No existe ninguna oposición, puesto que los partidos políticos dominantes están de acuerdo en lo esencial: La conservación de la presente sociedad mercantil.

Ninguno de los partidos políticos que pueden acceder al poder pone en entredicho el dogma del mercado.

 

Y son esos mismos partidos políticos los que con la complicidad mediática acaparan las pantallas.

Riñen por pequeños detalles con la esperanza de que todo siga igual.

Se disputan por saber quién ocupará los puestos que les ofrece el parlamentarismo mercantil.

Esas pobres querellas son difundidas por todos los medios de comunicación, con el fin de ocultar un verdadero debate sobre la elección de la sociedad en la que queremos vivir.

La apariencia y la futilidad dominan sobre el enfrentamiento de las ideas.

 

Todo esto no se parece en nada, ni de lejos, a una democracia.

La forma representativa y parlamentaria, que usurpa el nombre de democracia, limita el poder de los ciudadanos al simple derecho de votar, es decir, a nada.

Escoger entre gris claro y gris oscuro no es una elección verdadera.

Las sillas parlamentarias son ocupadas en su inmensa mayoría por la clase económicamente dominante ya sea de derecha o de la pretendida izquierda socialdemócrata.

 

No hay que conquistar el poder, hay que destruirlo.

Es tiránico por naturaleza. Sea ejercido por un rey, un dictador, o un presidente electo.

La única diferencia en el caso de la democracia parlamentaria es que los esclavos tienen la ilusión de elegir ellos mismos al amo que deberán servir.

El voto los ha hecho cómplices de la tiranía que los oprime.

Ellos no son esclavos porque existen amos, sino que los amos existen porque ellos han elegido mantenerse esclavos.

 

     Independientemente del tono de las palabras, o del traje de seda que vista la mona, puede que el fondo de este comentario provoque alguna reflexión.

 

El mochuelo

(abril-2010)

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