Humberto Ak’abal

La noche del 28 de enero falleció el poeta y escritor maya k’iche’ Humberto Ak’abal en Guatemala.

En 2003 fue galardonado con el Premio Nacional Guatemalteco de Literatura Miguel Ángel Asturias, que rechazó al argumentar que el galardón llevaba el nombre del escritor que ofendió al pueblo indígena en una tesis.

Reconocido internacionalmente, sus poemas destilan naturaleza y, como el aguardiente Quetzalteca, gusta probarlos a traguitos y deseando que no se acaben… Gracias.

De vez en cuando

De vez en cuando
camino al revés,
es mi modo de recordar.
Si caminara solo hacia adelante,
te podría contar
cómo es el olvido.

Sin puertas

Nuestra casa no tenía puertas,
como no teníamos nada
no necesitábamos trancas,
a ella sólo entraba el frío y nosotros.

Dos lágrimas

Cuando nací
me pusieron dos lágrimas en los ojos
para que pudiera ver
el tamaño del dolor de mi gente.

El fuego

El fuego
acuclillado
apaga la tristeza del leño
cantándole
su ardiente canción.
Y el leño
lo escucha
consumiéndose
hasta olvidar
que fue árbol.

El sabor

Aprendí el sabor de la vida
como cualquier indio pobre.
Los demás sabores
me vienen sobrando.

Las flores

Las raíces nos mandan a contar
—por medio de las flores—
cómo es la tierra
por dentro.
Y las flores se marchitan,
se mueren porque acá
afuera la vida es una mierda.

 Libertad

Sanates, zopes, y palomas
se paran sobre catedrales y
palacios tan igual como sobre
piedras, árboles y corrales…
y se cagan sobre ellos con toda
la libertad de quien sabe que dios y
la justicia se llevan en el alma.

A veces ríos

Si llevan agua
son ríos.
Si no,
son caminos.

Paraíso

Aquí era el Paraíso.
Maíz, trigo, frijol,
no había fruto prohibido,
las culebras eran mudas.
Hombre y mujer
hacían el amor sobre la hierba
y se cubrían con el cielo.
Hasta que hablaron
las serpientes.
Prohibieron los frutos
y se repartieron entre sí
el paraíso.

Mirada Solidaria.es

 

 

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