“Por qué me he convertido en palestino”

Entrevista a Daniel Barenboim

 

     En enero de 2008, el pianista y director de orquesta israelí adquirió la nacionalidad palestina. En esta entrevista, de febrero del año 2008, explica las razones de su elección y responde a sus detractores. En este año 2009 ha dirigido el concierto de año nuevo en Viena. Le entrevistaron Jean Daniel, escritor y periodista francés, galardonado en 2004 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y Jacques Drillon, Licenciado en Literatura y Cine, ha sido profesor en la Universidad de Cergy y en la de París VIII, y colabora en varios periódicos y revistas como Le Monde, Le Figaro y Libération.

 

¿Cuál es su nacionalidad?

Argentina, israelí, española y palestina. Tengo los cuatro pasaportes.

 

¿Cómo reaccionaron los israelíes cuándo usted recibió la nacionalidad palestina?

De una forma muy positiva, en general. La mayoría de los mensajes que he recibido son laudatorios y amistosos. Los demás eran viscerales e irracionales. Los medios de comunicación dijeron que me habían criticado y no es cierto. Los medios de comunicación pueden jugar un papel muy positivo, pero simplifican. Cuando interpreté a Wagner en Jerusalén, discutí largamente con el público e invité a abandonar la sala a los que no quisieran quedarse: ya habían escuchado el concierto, en el bis se podían marchar. De 3.000 personas, salieron menos de 100 –armando jaleo, es normal- ¡Pero se dijo que los provoqué! Y eso dio la vuelta al mundo… No estoy mal considerado en Israel, a pesar de todas las críticas que expreso. Incluso el gobierno nos ayuda discretamente en los proyectos de educación musical. No me dicen que exagero ni me llaman al orden. Y sin embargo conozco a algunos dirigentes desde la infancia… Conozco a Barak desde los 15 años, también toca el piano y no lo hace mal del todo. Lo vi en septiembre. Pudo decirme entonces que me callara, pero no lo hizo, en absoluto.

 

Pero eso es incomprensible.

Sí. Y también es incomprensible que sepamos que un 75 o un 80% de los israelíes quieren la paz y, sin embargo, apoyan las operaciones militares en Gaza… No entienden. Piensan que conseguirán la paz con la fuerza, ¡Ni hablar! Sólo conseguiremos la paz si somos justos. Dicen: Hay que «dar» tal cosa a los palestinos. Y no es así, ¡no es un regalo! ¡Los palestinos tienen derecho! Los israelíes quieren vivir en paz, no hacerles daño, ni asesinarlos ni expulsarlos, pero no quieren comprender que en el lugar donde quieren vivir en paz, los palestinos vivían desde hace veinte siglos. Ni que la minoría de palestinos en el Israel anterior a 1967, Nazaret, Tiberiade, Haifa, no es una minoría como los magrebíes en Francia o los turcos en Alemania: ¡Estaban en su tierra! Es como si los turcos se hubieran convertido en una mayoría en Alemania y los alemanes en una minoría. Observe el desarrollo demográfico: en la gran Palestina, los palestinos son un 55% de la población. Temo que si no les damos a los palestinos lo que se les debe, se cuestionará la existencia de Israel como Estado judío, que corre el riesgo de no ser nada más que un breve episodio en la historia del pueblo judío. Lo peor es que cada vez hay más personas que se acostumbran a vivir sin solución, incluidos los moderados, la gente inteligente de los dos bandos. Se resignan a la desesperación. Eso es muy peligroso.

 

¿Tiene miedo de Irán?

¡Naturalmente! Si Ahmadinejad no utilizara esas expresiones irracionales, como la «suciedad sionista», tendría mejor prensa. Hablar así es oportunista, es más cómodo que hablar de injusticia. En Palestina, ni Fatah ni Hamás son una respuesta, pero existen pequeños grupos de palestinos que ejercen una resistencia no violenta. No tienen el poder pero están ahí. En Israel no hay nadie. No soy antiisraelí, pero no hay un sólo partido en este país al que yo pudiera votar. Ni siquiera un pequeño partido…

 

¿Por qué no se compromete en la vida política?

Paderewski era un gran pianista que llegó a ser presidente de Polonia. Cuando se encontró con Chamberlain, éste le dijo:

– ¿Es usted el gran pianista?

– Sí.

– ¿Y es el presidente de Polonia?

– Sí.

– ¡Qué decadencia!

 

El 15 de mayo, Israel va a festejar su independencia y en Palestina habrá manifestaciones en contra. ¿Qué hará usted, en París o en algún otro sitio?

En París sería demasiado fácil. Voy a organizar un concierto en Tel Aviv, que se llamará «Día de Independencia-Al Nakba» (la catástrofe), que es como nombran los palestinos a ese día. No se puede celebrar uno y olvidar el otro. Por lo tanto será un concierto israelopalestino. Habrá músicos del conservatorio que fundamos en Nazaret para los palestinos, el Conservatorio Barenboim-Said.

 

Usted dice a menudo que todo se basa en la comprensión. ¿Por qué no les explica lo que usted ha comprendido?

Ya lo saben todo. ¡Barak conoce la historia! Sabe que desde el principio hubo tres concepciones opuestas: los revisionistas, que querían imponer Israel a los árabes por la fuerza -y eso hasta Sharon-; los laboristas, algo menos duros pero que decían las mismas cosas incluyendo las preocupaciones sociales; y después estaban todos los que decían, con Martin Buber, que no podían imponerse contra la voluntad de los árabes. Decía: un alto el fuego no es suficiente. ¡Barak sabe todo eso! Pero lo que me vuelve loco, es que el pueblo judío tenía la reputación de ser inteligente; ¡nos amaban o nos odiaban por eso! Esa época pasó. Porque la situación permanece desde hace sesenta años y no funciona. No se puede obligar a las personas a que se arrodillen y se contenten con su suerte. A cada victoria militar, quizás sea necesario, es peor que antes. Estaba la OLP y ahora está Hamás, ¡Hamás es una creación israelí! Son tontos. ¡Incluso construyeron un centro islámico en Gaza, sin preocuparse de las condiciones de vida de allí, mientras que los palestinos eran el único pueblo árabe laico!

 

Usted no es religioso, pero la religión, también en Israel, podría ser una motivación.

La religión se ha vuelto bastante hipócrita, en esta región en cualquier caso. En Israel, la religión está instrumentalizada. Otorga los derechos. Y del lado musulmán también. Ya no tiene nada que ver con la fe.

 

Usted fundó la West-Eastern Divan Orchestra, en la que interpretan juntos árabes y judíos. ¿Lo hizo para que los músicos judíos y palestinos vean que pueden trabajar juntos?, ¿o para dar un ejemplo, en cierto modo?

Una cosa no excluye la otra. La única idea política que está detrás del proyecto es que no hay solución militar a este conflicto y que no hay que esperar más para regularlo políticamente. Todos debemos combatir la ignorancia que reina en cada uno de los dos bandos con respecto al otro; aprender a respetar la lógica de la «narrativa» del otro. Esta orquesta se fundó contra la ignorancia. Como soy músico, actué en el ámbito musical.

 

La práctica musical colectiva no es una elección neutra.

Una orquesta es una escuela para la vida. No se trata de una «orquesta para la paz», la agrupación no va a traer la paz. Es un símbolo. En una orquesta todos somos iguales ante la obra, pero también interdependientes: el violín tiene necesidad del clarinete, que a su vez necesita al contrabajo, etc. Yo me vuelco personalmente; interpreto, pero escucho lo que hacen los demás. Me controlo en función de lo que hacen los otros. Así, el director, el único que no tiene una relación directa con el sonido, depende de la actitud y la aptitud de cada músico. Depende de lo que quiere y puede hacer el otro. Por supuesto, el director guía, entrega, pero también recibe la propuesta del músico.

 

¿Y en la vida? ¿Qué espera usted de un «director»? ¿De Olmert, por ejemplo?

Olmert sería incapaz de ser director de orquesta: es incapaz de escuchar.

(Traducido por Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate)            

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