Chascos y paradojas /14

* En el país de la libertad

El país paladín de la libertad es el país con más cárceles y presos en el mundo. Una de cada cuatro personas presas en el mundo está en Estados Unidos. Aproximadamente 2.300.000 reclusos, con una tasa de casi 730 encarcelados por cada 100.000 personas.

¿Será por mayor eficacia judicial? No lo parece.

Según la organización Witness of Innocence, uno de cada nueve condenados a muerte en este país fue posteriormente declarado inocente. Después de recuperar su libertad cada uno de ellos había pasado por término medio 10 años de estancia en prisión.
Reciente ejemplo del 30/agosto/2019: Después de pasar 36 años en prisión, un juez ha ordenado la libertad de Alvin Kennard, de Alabama, encarcelado por robar 50 dólares. Su abogada Carla Crowder dijo que hay “cientos” de prisioneros en situaciones similares a las de Kennard, que siguen encarcelados porque no tienen abogados.

Esto recuerda el dicho de Óscar A. Romero: ‘Que la justicia es igual a las serpientes. Sólo muerden a los que están descalzos’.

* Del discurso al hecho hay mucho trecho

Tras un decenio de grandes conferencias y cumbres en el marco de Naciones Unidas, en septiembre/2000 se aprobó en Nueva York la Declaración del Milenio, que comprometía a sus países a reducir los niveles de extrema pobreza antes de 2015. Eran los famosos Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Ríos de tinta mostraron el entusiasmo de aquella ambiciosa agenda para cambiar el mundo, satisfacer mejor las necesidades de las personas y los requisitos de transformación económica, al tiempo que proteger el medio ambiente, asegurando la paz y los derechos humanos. Pasados los 15 años, se rebuscó todo tipo de datos o resultados de carácter positivo para justificar o paliar su fracaso manifiesto. Echaron la culpa a la crisis mundial, en vez de hablar del incumplimiento del 0,7, o de la corrupción en los países de origen y de destino, o de la ineficacia de la ONU con su estructura caduca y sueldos astronómicos de su inflada plantilla internacional.

Y los líderes mundiales, con rostros impertérritos, dedujeron que la experiencia de los ODM ofrecía numerosas lecciones, que servían como punto de partida para una nueva agenda universal y transformadora. Así se pasó de los extintos ODM a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Discursos y más discursos biensonantes pero nada novedosos para los 2.000 millones de personas que hoy sufren extrema pobreza. Objetivos poco claros y precisos, sin plazos firmemente determinados, propuestas que quedan en el aire, ayudas que siguen vinculándose a intereses políticos y comerciales de los países donantes… Y sigue la rueda y vuelta a empezar y los perjudicados siempre los mismos (los más pobres y más vulnerables).

Lindas voces de la ONU que pretenden alcanzar a todas las personas ingenuas del mundo: Esta agenda, dicen, está centrada en la “lucha contra las desigualdades”, como si las desigualdades patentes en nuestra sociedad fueran una consecuencia natural del devenir y nada tuvieran que ver con las decisiones políticas influenciadas por las élites económicas que diseñan sus proyectos desde Wall Street al Foro Mundial de Davos y después ordenan aplicar.

Las palabras pueden ser muy lindas pero no sacian el hambre. Es difícil creer en una ONU que se ha olvidado hasta de su propia Declaración Universal de los Derechos Humanos. Bueno, tal vez sólo era eso, una ‘declaración’.

Mirada Solidaria.es

 

 

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