Un país tan moderno y tan armado

¿Cómo calificar la afición de tantos norteamericanos a disparar contra colectivos civiles?

Ayer en Texas un joven de 21 años produjo una masacre (20 personas asesinadas y 26 heridas) en unos grandes almacenes de Wallmart. Horas después, en Ohío, otro tiroteo dejaba 10 muertos y 16 heridos. La semana anterior, un joven de 19 años disparaba a los asistentes a un festival gastronómico en California dejando 4 personas muertas y 16 heridas. En lo que va de año se han producido alrededor de 250 ataques múltiples en EEUU con armas de fuego, con un millar de víctimas, 250 de ellas mortales.

Si no es el diablo, ¿quién carga las armas en ese poderoso país?

Cada año mueren por armas de fuego en la primera potencia mundial una media de 34.000 ciudadanos, 93 al día.

Según el diario EL PAIS del 3 de agosto llevan Dos décadas de propuestas frustradas para limitar las armas en EE UU”. Las iniciativas para regular el acceso y posesión de armas de fuego  se han sucedido tras cada masacre sin lograr ninguna solución.

Una y otra vez las peticiones de regulación del uso de armas fueron rechazadas por la Cámara de Representantes, donde tras los republicanos se encuentra el todopoderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle, que financia campañas electorales a cambio de defender la segunda enmienda de la Constitución estadounidense (derecho al acceso y posesión de armas): “La única cosa que frena a un hombre malo con un arma es un hombre bueno con otro arma”.

¿Tienen algo que ver las armas con la modernidad, o más bien con el miedo?

Según UCMC, el 67 por ciento de los poseedores de armas dicen que la protección es una de las principales razones por las que posee un arma de fuego, pero hay más motivaciones que el deseo de defenderse. Algunos estudios han demostrado que personas que dispararon a personas desarmadas realmente pensaban que estos individuos llevaban un arma y aseguran haberla visto antes de disparar, probablemente influidos por prejuicios. Vemos lo que esperamos ver, o lo que el miedo nos hace ver. Los estudios resumen estas afirmaciones: poseer un arma de fuego hace sentir seguridad, responsabilidad, confianza, patriotismo, control sobre el destino, respeto y valor para la familia y la comunidad. 

Sin embargo, el poseer armas parece ser un síntoma de una crisis mucho más profunda en el sentido de la vida de algunos hombres. Un significado arraigado en el miedo y la vulnerabilidad.

Los medios no cesan de promocionar miedo. ¿Qué sería del poder sin el miedo? ¿Y qué sería del negocio de las armas? 

Recordamos un relato de Galeano titulado “Dejad que los niños vengan a mí”: 

La venta de armas de fuego está prohibida a los menores de edad en los Estados Unidos, pero la publicidad apunta a esa clientela. Un aviso de la National Riffle Association dice que el futuro de los deportes de tiro está «en manos de nuestros nietos», y un folleto de la National Shooting Sports Foundation explica que cualquier niño de diez años debería disponer de un arma de fuego cuando se queda solo en casa o cuando marcha solo a hacer alguna compra. El catálogo de la fábrica de armas New England Firearms dice que los niños son «el futuro de estos deportes que todos amamos».

Según los datos del Violence Policy Center, en 2009 las balas mataban cada día, por crimen, suicidio o accidente, a catorce niños y adolescentes menores de diecinueve años, en los Estados Unidos. La nación vive de respingo en respingo, y de sofocón en sofocón, por las balaceras infantiles. Cada dos por tres aparece algún niño, casi siempre blanco, pecoso, que acribilla a sus compañeritos de clase, o a sus maestros.       (Eduardo Galeano, “Patas Arriba”)

GOTA SUPREMACISTA: En un reciente mitin en Florida, Trump insistía: «¿Cómo podemos frenar a los inmigrantes invasores?». Un asistente gritó «disparadles». Y Trump se rió.

Mirada Solidaria.es

 

 

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