El superpoderoso Bush ha decidido, diez días antes de terminar su mandato, premiar con una de las principales condecoraciones de Estados Unidos a tres de sus más fieles amigos y aliados internacionales más leales: el ex primer ministro británico Tony Blair, el presidente Álvaro Uribe de Colombia y el ex primer ministro australiano John Howard (Aznar quedó en puertas). Los motivos no pueden ser más nobles: “por los esfuerzos de estos líderes en la lucha contra el terrorismo y la defensa de la democracia, los derechos humanos y la paz en el mundo.”

En manos del poder, los valores, igual que el derecho internacional, se vuelven flexibles hasta adecuarse a sus intereses.

 

     Por cierto, ese mismo día del anuncio de las condecoraciones, unos documentos desclasificados mostraban que la CIA conocía desde 1994 que las fuerzas de seguridad de Colombia, apoyadas por Washington, utilizaban tácticas de “escuadrones de la muerte” y tenían nexos con los paramilitares que a su vez estaban vinculados con el narcotráfico. La práctica de “falsos positivos” (muerte ilegal de civiles que luego son presentados como guerrilleros muertos en combate) aparece como una vieja práctica del Ejército colombiano.

Esto ayuda a comprender por qué Uribe es condecorado por Bush y lo que significan para Bush: la lucha contra el terrorismo, la defensa de la democracia, los derechos humanos y la paz en el mundo.

 

     La mayor parte de las investigaciones y ensayos clínicos de los grandes Laboratorios se concentran en los países más pobres.

¿Recuerdan la película o la novela del Jardinero fiel? Todas las investigaciones deberían ajustarse a la Declaración de Helsinki, un documento que regula las normas éticas de toda investigación que involucre a humanos, que se firmó en 1964 y ha sufrido desde entonces diversas actualizaciones. Sin embargo, uno de los países que más ensayos clínicos lleva a cabo –tanto en territorio nacional como en el extranjero–, EEUU, se ha dado de baja de esta Declaración y la ha sustituido por un documento propio, la Guía Clínica de Armonización para la Buena Práctica Clínica.

Según denuncian investigadores de las universidades McGill y Western Ontario (Canadá) e Indiana (EEUU) en The Lancet, este cambio implica, en realidad, una rebaja de los requisitos éticos para realizar ensayos clínicos en países desfavorecidos. Por ejemplo, la Declaración de Helsinki dice que los participantes de países pobres deben tener posteriormente acceso a los tratamientos ensayados, si son eficaces. El documento por el que se rige ahora EEUU no menciona nada al respecto.

Lo dicho, en manos del gran poder el propio Derecho Internacional se vuelve flexible.

 

     El tiempo tiene la fea costumbre de desenterrar muchas de las malvadas maniobras de los dirigentes.

Ahora resulta que un ex jefe inspector de armas de la Organización de Naciones Unidas, Hans Blix, afirma que está listo para testificar ante un tribunal sobre las falsas acusaciones que condujo a la invasión a Irak. Y dice que él y el director de la Agencia de Energía Atómica Internacional (IAEA), Mohamed El Baradei, fueron sujetos de amenazas implícitas por parte del vicepresidente Dick Cheney en la carrera a la invasión a Irak.

 “La administración Bush engañó a los estadounidenses y al mundo creando un despliegue publicitario acerca de las armas de destrucción masiva para justificar la invasión a Irak,” añadió Blix.

El gran poder puede convertir las mayores mentiras en terribles verdades capaces de motivar terribles invasiones. ¿Y ahora quién se hace responsable de tanto crimen en Irak? ¿Quién responderá de los crímenes contra la humanidad allí cometidos? ¿Quién pagará por la vida de tantas personas inocentes?

 

     Otro informe desvela que la CIA ordenó derribar, entre 1991 y 2001, quince aviones civiles ante la sospecha de transportar droga. No se siguieron los procedimientos internacionales para intercepción. Entre las víctimas murió la misionera Verónica Bowers y su pequeña hija. El congresista, Pete Hoekstra, dijo que la mayoría de los 15 aviones derribados se estrellaron en la jungla y “no han podido ser examinados para establecer si habían drogas dentro.”

El informe del inspector de la CIA añade que en la mayoría de los casos, los aviones fueron derribados “sin ser identificados apropiadamente, sin habérseles dado las advertencias requeridas para aterrizar, y sin darles tiempo para responder a tales advertencias como fueron dadas para aterrizar.” 

La CIA fue acusada de mentir a miembros del Congreso y ocultar información crucial.

Se dice, se reconoce y punto. No tienen que responder ante nadie. Estados Unidos está por encima del Derecho Internacional.

 

     El 30 de octubre de 2008, la Asamblea General de la ONU votó casi unánimemente, 185 votos de los 192 Estados miembros, en contra del bloqueo estadounidense hacia Cuba.

Naturalmente, votaron en contra Estados Unidos y sus protectorados (Israel, Palaos, Islas Marshall y Micronesia).

Ha sido la decimoséptima vez consecutiva, desde 1992, que la Asamblea General, el más alto órgano de la ONU, vota por abrumadoras mayorías resoluciones en contra del bloqueo que Estados Unidos ha mantenido por 48 años en contra del pueblo cubano.

No solamente la política de bloqueo es violatoria de los propósitos y principios de la Carta de la ONU, sino que como queda aclarado en su primera página, “Por sus objetivos oficialmente declarados y encubiertos, por su alcance y por los medios y acciones para conseguirlos, el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba califica como un acto de genocidio de acuerdo con lo estipulado por la Convención de Ginebra para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948, y como un acto de guerra económica según lo establecido en la Conferencia Naval de Londres de 1909”.

El canciller cubano declaró ante la Asamblea de la ONU que “ese monto ascendería a no menos de 224 mil 600 millones de dólares”.

El gobierno de Estados Unidos ha hecho caso omiso a este mandato, flagrantemente violando así la casi unámine voluntad de la comunidad internacional. Y lo hace no basado en el derecho, la razón y la ética sino basado en su poderío, inmoralidad y arrogancia.

Sólo son algunas de las pruebas de que Estados Unidos está por encima de la comunidad internacional y de la legalidad internacional.

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