Mensajes que brotan de Notre Dame

Todo acontecimiento encierra sus mensajes. Mensajes perceptibles para los seres humanos y, a la vez, fácilmente manipulables en los medios de comunicación.

Sucesos muy graves tuvieron lugar en este mes de abril: como que están muriendo diariamente 144 niños por falta de alimentos y medicinas en Yemen, o que Israel ha vuelto a bombardear Gaza afectando a 500 viviendas, o que 253 personas inocentes fueron asesinadas en los atentados de Sri Lanka, o que un nuevo ciclón amenaza Mozambique apenas un mes después de otro que dejó mil personas muertas y dos millones de afectadas, etc.

Pero, si se mide por el eco obtenido en los medios, la noticia más sobresaliente en el mes de abril ha sido el incendio de la catedral de Notre Dame de París, que devastó gran parte de la cubierta entre otros muchos daños, aunque sin víctimas humanas. Millones de personas observaban atónitas, el 15 de abril, cómo el fuego destruía el seo maravilloso construido entre los años 1163 y 1345, si bien hubo posteriores modificaciones. Destacado acontecimiento del que también han brotado mensajes variados.

……..– El filósofo Santiago Alba Rico referencia que esta catedral aguantó nueve siglos en pie; sobrevivió a la guerra de los Cien Años, a la Revolución francesa, a la comuna de París y a dos guerras mundiales. Y ahora, en abril de 2019, entre algoritmos y drones, ha ardido como una  cerilla en pocos minutos, ¡y sin motivo!

Lo confieso: viejo y ateo, el derrumbe rojo de la aguja de Notre Dame me ha estremecido. ¿Y qué? ¿Con qué derecho nos estremecemos más viendo en llamas la aguja de la catedral de Notre Dame que las casas de Gaza o de Sana, o los bombardeos de Siria o las inundaciones de Tailandia?… El derrumbe rojo de la aguja de Notre Dame nos dice cosas sobre la crisis de civilización que estamos viviendo… Y acaba diciendo “estamos entrando en otra historia”.

……..– Por su parte la catedrática Adela Cortina comenta que el atroz incendio en la catedral gótica de Notre Dame de París, símbolo de Francia, pero también del conjunto de la cultura europea, testigo de siglos de historia y de hechos que han ido configurando nuestra identidad común, ha provocado grandes manifestaciones de tristeza entre gobernantes, personalidades y gentes de a pie. Y al punto ha surgido el firme compromiso de restaurar la parte dañada del templo, sea cual fuere el coste en tiempo y en dinero. Las donaciones han alcanzado cifras muy elevadas y este es solo el comienzo. Sin duda, estas reacciones de condolencia están más que justificadas y lo está también el propósito de restauración. La única buena noticia es que no ha habido desgracias personales.

Pero, lamentablemente, sí las hay a diario en otro símbolo de Europa, no construido por seres humanos en este caso, el Mar Mediterráneo, el que recibió el nombre de ‘nuestro mar’. Nuestro, pero no de otros al parecer, porque se ha convertido en un cementerio de quienes lo cruzan pugnando por la supervivencia. En ese Mare Nostrum sí que hay que lamentar desgracias personales a miles y no se producen esas unánimes reacciones de consternación, ni hemos sido capaces de articular una respuesta común para salvar vidas y ejercer la secular virtud de la hospitalidad, no sólo personalmente, sino también desde las instituciones de nuestro proyecto común. ¿Es este un caso flagrante de aporofobia, de desprecio y rechazo a los pobres, que contrasta con las adhesiones que reciben los bien situados? ¿No debería formar parte del corazón de Europa el esfuerzo denodado por acoger a los vulnerables, por incluir a los que el juego político internacional ha dejado a su suerte?

Mirada Solidaria.es

 

 

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