Vientos que hablan

El viento que susurra al oído: ¿Por qué tomamos lo que la vida nos ofrece como obstáculos, cuando es más razonable y saludable tomarlo como oportunidades para avanzar?

El viento que ulula sonidos de alarma: Tintineos financieros, órdenes tiránicas, mazazos machistas en juzgados, liturgias rutinarias en templos, ruidos de falsas noticias o fake news, rugidos de masas en estadios, alaridos de víctimas en la guerra, gemidos de hambrientos, gritos ahogados de inmigrantes…

El viento libre que sopla en todas partes: ¿Para qué sirve pensar tanto la vida y vivirla tan poco? ¿Para qué sirven los magníficos ideales que no ayudan a caminar? ¿Para qué las bellas ideas y preciosas teorías que no impulsan a la práctica? ¿Para qué las grandes declaraciones y los solemnes pactos y Tratados que se incumplen sistemáticamente?

El viento que clama cuando las bocas callan: Que un derecho fundamental del ser humano es la LIBERTAD, pero a las mujeres se les exige ser además valientes para no ser violadas y asesinadas.

El viento indomable y por eso molesto: Porque a los seres humanos nos caracteriza un desmedido afán por poseer cosas, ideas, personas… ¡Somos insaciables! Cuanto menos somos, más queremos tener.

El viento que sacude e invita: Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

El viento y el aire que inspiró al maestro Galeano:

Por los caminos voy, como el burrito de San Fernando, un poquito a pie y otro poquito andando.
A veces me reconozco en los demás. Me reconozco en los que quedarán, en los amigos abrigos, locos lindos de la justicia y bichos voladores de la belleza y demás vagos y mal entretenidos que andan por ahí y por ahí seguirán, como seguirán las estrellas de la noche y las olas de la mar. Entonces, cuando me reconozco en ellos, yo soy aire aprendiendo a saberme continuado en el viento.                                         
Fue César Vallejo quien dijo que a veces el viento cambia de aire. Cuando yo ya no esté, el viento estará, seguirá estando.  

El viento que Villaespesa plasmó en Balada de amor:

-Llaman a la puerta, madre. ¿Quién será?
-Es el viento, hija mía, que gime al pasar.
-No es el viento, madre. ¿No oyes suspirar?
-Es el viento que al paso deshoja un rosal.
-No es viento, madre. ¿No escuchas hablar?
-El viento que agita las olas del mar.
-No es el viento. ¿Oíste una voz gritar?
-El viento que al paso rompió algún cristal.
-Soy el amor –dice-, que aquí quiere entrar…
-Duérmete, hija mía…, es el viento no más.

 Mirada Solidaria.es

 (Refer. Eduardo Galeano, Francisco Villaespesa, Pablo d’Ors)

 

 

1 Comentario

  1. Oxuan7

    Y los Vientos del Pueblo me llevan…, que dijo el glorioso poeta pastor.
    Ojalá nos lleven y trabajemos, aventados, por un mundo de Justicia para todos y todas.

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