Arre borriquito, arre burro arre…

Corre borriquito que hay que hacer las compras de la Navidad, que luego todo es más caro… Y enviar las felicitaciones, y buscar restaurante para la comida de empresa, y comprar los regalos, y la lotería que no se nos olvide,…’Arre borriquito, que llegamos tarde…’.

“Van como locos, –decía un viejo parado en la acera- acuden a los grandes almacenes como si éstos fueran realmente el portal de Belén”.

El humorista Perich decía que: la sociedad de consumo es como un ‘tiovivo’, se nos monta en un coche, se nos hace pagar y no llegamos a ninguna parte.

Por favor, que nadie se moleste, si salen estos temas en vísperas de Navidad. Como suele decirse, cada cual es libre de hacer de su capa un sayo. Es muchísima la gente que le gusta consumir a tope y lo ven totalmente normal. Como también se ve totalmente natural que en Navidad todo el mundo se salude y se felicite, sin señalar a nadie, ni a tiranos o fascistas, conservadores o liberales, corruptos, militaristas, mafiosos, pederastas…Todos se besan y se abrazan. ¡Una navideña capa todo lo tapa!

Y vengan luces, guirnaldas y publicidad. ¡Qué bonito y qué atractivo todo! Hasta el niño más pequeño alucina con los destellos e identifica la navidad con fiesta y regalos… De mayor comprenderá que la ‘Navidad’ se convirtió en una maravillosa fiesta del derroche. La Navidad ya ocupa un lugar fantástico en nuestra sociedad de mercado y es fiel reflejo de ella: Una sociedad ficticia en la cual el consumo se convierte en la principal actividad humana y define la esencia del individuo. El mercado asegura a quienes tienen medios los bienes que desean, aunque no las vidas a las que aspiran. La prosperidad para algunos, la desesperación para muchos y la dignidad para nadie…  ‘Apurate mi burrito, que ya vamos a llegar…’.

¿Y los pobres que ni siquiera pueden endeudarse? Pues, lo sentimos, se quedaron sin navidad.

Eso sí, todo dicho con el mayor respeto y con el mejor ‘espíritu navideño’, ese espíritu que reina en los encuentros amistosos de estos días, donde las primeras copas te dan el ‘punto’ y las últimas el ‘coma’ (el ‘espíritu del punto y coma’)… ‘Hacia Belén va una burra, rin, rin…’

¡Curiosa Navidad, que hasta nos hace olvidar la situación actual en Belén y su entorno! ¡Vaya!, precisamente allí llevan años sin poder decir ‘Feliz Navidad’. Besos a Palestina.

 

La ventana del mochuelo

 

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