Cada día del calendario se ha convertido en un “Día Internacional…de algo”. Es como si la ONU ofreciera 365 toallas cada año para lavarnos y secarnos las manos en nuestra injusta sociedad.

¿Recuerdan que el 25 de noviembre se celebró el Día Internacional para la Eliminación de Violencia contra las Mujeres?

Ese día la violencia hacia las mujeres ocupó numerosas páginas y minutos en los medios de comunicación y en las bocas de los políticos.

¿En qué medida sirvió para reflexionar sobre la necesidad de concienciarnos sobre las causas de dicha violencia? ¿O acaso el asunto, de un día para otro,  ha caído de la lista de prioridades, institucionales y ciudadanas?

 

     Comentaba un editorial de Gara, a nuestro juicio muy acertadamente, que “la existencia de la violencia contra las mujeres es un claro síntoma del fracaso de una sociedad que se dice desarrollada –y lo es científica y tecnológicamente- pero que en otros aspectos ha evolucionado muy poco”.

 

     Difícilmente  se puede hablar de desarrollo al servicio de las personas en una sociedad en la que la desigualdad es una de sus principales características. Y la violencia contra las mujeres es una de las más brutales muestras de desigualdad en todos los ámbitos, consecuencia directa de un modelo de sociedad patriarcal que perdura de generación en generación y que transmite estereotipos sutiles de ‘un hombre dinámico, poderoso, que manda, y a la vez de una mujer pasiva, incapaz de decidir y sumisa’.

¿Es verdad o no que esta sociedad tolera, e incluso, fomenta esos valores de consecuencias tan lamentables y habituales?

¿Es suficiente el lamento? ¿Son suficientes las leyes de igualdad y contra la violencia sexista, mucho menos cuando ni siquiera se cumplen? ¿O es necesario un compromiso de denuncia y de lucha constante, de análisis y adopción de medidas en todas las esferas y estructuras de la sociedad (educación, medios de comunicación, legislación, publicidad,…)?

 

     En los tres años primeros de funcionamiento de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer  en España (de junio de 2005 a junio de 2008) se dictaron 78. 594 sentencias condenatorias por malos tratos (de un total de 115.403 juicios celebrados).

Evidentemente, el problema es grave en España y lo es en el resto del mundo.

Durante 2008, en España 86 mujeres fueron asesinadas por violencia machista, es decir, por la única razón de ser mujeres. De ellas ni siquiera la cuarta parte habían presentado denuncia. Y la mitad eran de nacionalidad extranjera.

Hay síntomas que se consideran esperanzadores: Las denuncias aumentan, y también entre las mujeres inmigrantes. El año pasado se presentaron en los juzgados alrededor de 140.000 denuncias. En esos tres años citados, se solicitaron 112.081 órdenes de protección, de las que se aprobaron un 75%.

 

     El maltrato a las mujeres a nivel mundial ha estado muy presente en esta sección. Hoy la referencia llega a través del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) de México.

Más de siete mil mujeres fueron brutalmente asesinadas en los últimos ocho años en México.

Es cierto que los medios de comunicación se han centrado en las 4.500 ejecuciones vinculadas con el crimen organizado y el narcotráfico. La matanza de mujeres les resultó invisible a los medios. Y cada vez resulta más silenciada, en la medida que son más numerosos los militares acusados de abusos contra mujeres. También ‘ellos’ se hicieron los dueños de la impunidad.

A pesar de esto, “el Estado mexicano no ha establecido acciones o mecanismos realmente eficaces para atender la problemática. Las políticas públicas no han sido suficientes para garantizar el respeto a los derechos humanos de ese sector de la población y con ello garantizarles el acceso a la Justicia y a una vida libre de violencia…Para colmo, el gobierno mexicano sigue incurriendo en prácticas que ocasionan violaciones graves a los derechos humanos de las mujeres debido a su inobservancia de garantizar y respetar sus derechos”, advierte OCNF.

 

     Del 24 al 26 de octubre pasado se realizó en la Granja Agroecológica La Verdecita, Santa Fe, el III Encuentro Latinoamericano de Mujeres Urbanas y Rurales por la Soberanía Alimentaria.

Más de 150 mujeres de países latinoamericanos, Países Bajos, Estados Unidos y España intercambiaron historias de vida, saberes y experiencias colectivas de lucha por la defensa de sus derechos: a la libertad, a una vida digna, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, a la tierra, a la producción y al consumo de alimentos sanos.

Decía Ana Fiol: En lo social las mujeres somos invisibilizadas, en lo simbólico somos cosificadas y en lo económico explotadas. En la cotidianidad y en los medios de comunicación los cuerpos de las mujeres son brutalizados”.

Vienen a colación por el tipo tan curioso de propuestas de aquellas mujeres participantes:

– En principio y ante la presencia del genocida George Bush en Perú convocaron a un repudio mundial el 15 de noviembre.

– Además invitaron a mujeres y organizaciones a sumarse a una acción local y coordinada nacionalmente que incluía el corte de vías de trasporte en repudio a la ruta de la soja y de la trata de personas, a realizarse el 25 de noviembre, Día Internacional de la lucha contra la violencia hacia las Mujeres.

– Y también convocaron a realizar piquetes en cada localidad a los medios gráficos hegemónicos para frenar la distribución del diario de ese día; exigiendo el inmediato retiro de los avisos sexuales y que se modifique el tratamiento de las noticias sobre mujeres que nos agreden, cosifican y explotan; y además, que estos medios incorporen el uso del lenguaje no sexista.

 

     Y terminamos con otra referencia al III Congreso de Feminismo Islámico que tuvo lugar en Barcelona el pasado mes de octubre. Con todo derecho, ellas pueden hablarnos de violencia de género.

    1- ¿Qué es? El feminismo islámico, según sus defensoras, es una realidad emergente  a la que en este momento hay que dar visibilidad.

    2- Abrir mentes. Las feministas musulmanas pretenden ampliar el abanico de interpretaciones del Corán, hasta ahora, dominadas por hombres conservadores.

    3- El Objetivo. Las musulmanas feministas piden  que las defensoras de las mujeres occidentales rechacen los discursos machistas dominantes del libro sagrado.

    4- Comunicar. En anteriores congresos, las ponentes han dejado claro que es fundamental dar a conocer su mensaje para llegar a las mujeres. 

Ndeye Andújar explicó que “el Corán es feminista o no en función de las interpretaciones que se hagan de él. De hecho, los musulmanes que creen en la igualdad de género repiten sin cesar que el islam no es machista, a pesar de que en la actualidad en la mayoría de países predomine una interpretación patriarcal de los textos sagrados. Esto se traduce en poligamia, menos derechos civiles para las mujeres y, en algunos países, crímenes de honor avalados por los jueces”.

Son los hombres quienes tienen la sartén por el mango, tanto en cuestiones legislativas como en dogmas espirituales. Y son muchos de ellos los que no creen necesaria una reivindicación del género en cuestiones religiosas, dijeron.

Ellos han inventado los crímenes religiosos y no el Corán: Una Corte de apelaciones de Afganistán perdonó la vida a un periodista, conmutando la condena por 20 años de cárcel, por haber escrito un artículo en el que cuestionaba la ley islámica de no permitir a las mujeres usar Internet. Una esposa lapidada en Somalia por acostarse con otro hombre. Una joven violada por cuatro hombres, en cumplimiento de una sentencia, para castigar a su hermano. Prácticamente a diario,  los periódicos recogen barbaridades que los legisladores dictan en nombre del islam y, a menudo, el blanco de la ignominia son las mujeres.

 

     Por cierto, el 8 de marzo es otro día que toca dedicarlo a las mujeres, ¿verdad…?
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