La madurez etapa de plenitud

………El último de los casi cien libros del profesor, filósofo y teólogo Francesc Torralba, se titula Elogio de la madurez.

Recientemente fue entrevistado por Javier del Pino en la Cadena Ser.

“En esa estación de la vida que denominamos madurez el ser humano se da cuenta de que no es el centro gravitacional, que no todo gira a su alrededor. Maduramos cuando estamos en condiciones de darnos al mundo, de enseñar a los demás lo aprendido, de entregarnos generosamente. Para ejercer la madurez hay que aprender a dar mucho.

……..Explicó que una es la madurez cronológica, que tiene que ver con los años vividos, y otra es la madurez vital, que tiene que ver con las experiencias atesoradas en tu vida. Hay maduros jóvenes por haberse enfrentado a muchas contrariedades desde pequeños, y hay personas con vida muy cómoda que descubren la madurez muy tarde.

 ……..La madurez es la edad de la implicación, de la aportación, de la contribución a las instituciones. Si en la juventud se impone el soñar, en la madurez se impone el realismo. La persona madura es consciente de la dificultad de poner en marcha un proyecto por noble y edificante que sea. La madurez es olvidarse de sueños imposibles, es la etapa del pragmatismo y de los compromisos, de encauzar la energía vital en transformar la realidad. Es asumir responsablemente la propia libertad y estar dispuesto a fracasar, si conviene. Madurar significa también desengañarse, aunque la persona madura no sea una persona desengañada y menos aún cínica y asqueada, pero sí que ha verificado el principio de la realidad y sabe que es muy difícil transformar las instituciones y sistemas de un día para otro. Se desengaña de los sueños infantiles y se libera de la ingenuidad o credulidad infantil y hasta juvenil. La madurez no es la etapa del declive, sino de la plenitud, la época de dar frutos.

……..Hay idolatría de la juventud, todo el mundo desea ser joven, incluso aparentarlo con el recurso a cirugías, biotecnologías y todo tipo de sacrificios, a veces gimnásticos. Y, por otro lado, hay un terror y pánico, por supuesto a la muerte, pero todavía más a la ancianidad y mucho más a la dependencia. La madurez, como vida plena, queda disimulada. Queremos prolongar muchísimo la juventud y no queremos de ningún modo ser considerados ancianos, porque la ancianidad se la vincula con la debilidad y la dependencia. Jóvenes que aprecian que la felicidad sólo puede estar asociada a la juventud. Llegar a la madurez les resulta un drama, quieren permanecer eternamente jóvenes y lo más doloroso es que es un esfuerzo inútil.

……..Nadie quiere pertenecer a la etapa siguiente de su vida. Esto es una lucha contra el ‘Cronos’, una lucha que vamos a perder. Lo que pasa es que las biotecnologías nos ilusionan con el sueño de la longevidad indefinida, de aparentar ser mucho más jóvenes con unas modificaciones de cirugías y cremas, una industria extraordinaria contra Cronos, pero al final Cronos se impone, y el tiempo pasa y deja huella, y deja vestigios en nuestra piel y en nuestra alma, y deja surco. Pero no necesariamente negativo, porque también hay que subrayar la experiencia acumulada, la sabiduría, la capacidad de discernir lo que merece decir sí o decir no, y eso da mucha libertad.

……..Todos los estereotipos y los arquetipos de belleza, de plenitud, de éxito, se asocian con persona joven, adinerada, guapa, estilizada, pero raramente en los arquetipos de la publicidad, cinematográficos y teleseries, aparece una persona anciana que sea arquetipo o modelo, a no ser como proceso de decaimiento y decrepitud. Es un gran error, por más síntomas que haya de fragilidad en el cuerpo, de vulnerabilidad y dependencia, porque es confundir el todo con la parte.

……..Añadir que son diferentes madurez y ancianidad. La ancianidad es otra etapa, la última. Es una etapa que nos inquieta terriblemente por su proximidad a la muerte. Cuando se es joven se ve la muerte muy lejos y hasta se imagina que se va a escapar de ella, pero es mentira. La muerte es otro de los grandes tabúes que sufrimos. Habría que valorar la gran libertad que disfrutan las personas ancianas, que están más allá del bien y del mal, o de conseguir un puesto o cargo, o de quedar bien con un colectivo. Otro asunto es que los ancianos estorben en las casas, y que en varios países se esté convirtiendo en problema endémico la soledad de las personas mayores. En otras Culturas orales, el anciano es una biblioteca andante al que se respeta y se acercan los niños para aprender, y, al verse útiles, esos ancianos no sufren crisis vital, ni el llamado cansancio vital, sino deseos de seguir viviendo.

……..Deberíamos combatir el ageísmo (discriminación de las personas por la edad) y, al paso, concienciarnos de que el tiempo corre irremediablemente para todos.

Mirada Solidaria.es

 

Refer. Programa ‘A vivir que son dos días’, Cadena SER (6/5/2018)

 

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