Impresiones de la calle /1

Son impresiones ciudadanas, recogidas en la calle, en conversaciones, entre la gente,…

–¿Será que la modernidad y el progreso nos están volviendo miopes? Dice Juncker, presidente de la Comisión Europea, que hace cien años Europa tenía el 20% de la población  mundial, a finales del siglo XX su población suponía el 11% y a finales de este siglo XXI será el 4%. ¿Y todavía hay quien cree que Europa puede sobrevivir sin inmigración?

–En alguna ocasión hubo la sugerencia en España de rebajar la edad electoral a los 16 años. No parece mala idea en una democracia. Pero algunos partidos manifestaron inmediatamente su oposición, porque a esa edad la juventud está aún inmadura para votar. ¿Acaso la ley no les considera preparados para emanciparse, casarse, trabajar, pagar impuestos o decidir sobre sus tratamientos médicos, aunque no puedan conducir ni comprar cigarrillos? ¿Y por qué no rebajar la mayoría de edad para acabar con ese otro colectivo tan lleno de contradicciones?

Cuarenta años lleva el pueblo saharaui esperando un referéndum que le permita elegir su futuro libre y soberanamente. En su día se pronunciaron a favor de ese derecho el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, la Misión Visitadora del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas y la Asamblea General. Pero la denominada “comunidad internacional” ha sido incapaz de lograr que el Reino de Marruecos, invasor de las tierras saharauis, facilite ese derecho. ¿O tal vez no ha querido? ¿Tal vez esos países que fomentaron la invasión y destrucción de Libia y Siria, en nombre de la democracia, prefieren la dictadura marroquí, aunque el pueblo saharaui siga sufriendo y resistiendo?

–Al parecer, hay mucha gente harta. Los curas les hicieron agnósticos y, con tanto ruido y tan pocas nueces además de sus mentiras, los partidos les van a hacer ateos políticos. Volvemos al despotismo ilustrado: Todo para el pueblo pero sin el pueblo. El vicepresidente de organización del PP, Sr. Maillo, llegó a decir que ‘los referéndums los carga el diablo’. ¿Esa es la receta perfecta de la estabilidad democrática: convocar a los ciudadanos a las urnas cada cuatro años y desactivarlos entre elección y elección?

–Según L. Boff, hay una tolerancia pasiva de quien permite la coexistencia con el otro no porque lo desee y vea algún valor en eso, sino porque no lo puede evitar. Los diferentes se hacen entonces indiferentes entre sí. Y hay otra tolerancia activa de quien convive positivamente con el otro porque le respeta y descubre sus valores, y hace posible compartir y convivir con el otro. Todos tenemos algo que nos diferencia, por eso existe la biodiversidad y millones de formas de vida. ¿Y acaso puede funcionar la democracia sin tolerancia con las diferencias partidarias, junto con la voluntad de buscar convergencias a través del debate y de la disposición al compromiso para  resolver los conflictos civilizadamente?

–A un lado y al otro, está la ciudadanía, con su voluntad y sus legítimas aspiraciones, sus derechos y sus sentimientos, su bagaje ideológico y también emocional, que sólo se tiene en cuenta mientras duran las campañas electorales. Los padres de la patria la saquean, y agitan una bandera de vez en cuando para consolarnos. Es tristísimo, pero esta es la democracia que tenemos. Igualmente la Justicia debería ser honrada y también parecerlo –como la mujer del César-, si quiere ser respetable y respetada. Justicia significa igualdad y si ésta desaparece ya no hay Justicia, sino discrecionalidad, arbitrariedad y barbarie. Pues, eso.

–Esta realidad política hace recordar el poema de Pablo Neruda, ‘los mentirosos’: …”ellos son los que (previo pago) dicen hablar, oh Patria, en tu sagrado nombre y pretenden defenderte hundiendo tu herencia de león en las cloacas (…) no son la sal del pueblo transparente, no son las lentas manos que construyen (…) no son, no existen, mienten y razonan para seguir, sin existir, cobrando”.

 

La ventana

del mochuelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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