Testimonios de mujeres

1. Rostros Quemados

India es uno de los tres países junto con Camboya y Bangladesh donde ocurren más ataques con ácido a las mujeres, la mayoría de veces por disputas económicas o rechazos sentimentales. Entre  250 y 300 ataques de ácido en India cada año. Los ataques de ácido son premeditados y buscan satisfacer deseos de venganza. Se pretende provocar un estigma y una humillación de por vida. “No quieren matarte, quieren hacerte tan fea que nadie te quiera”, explica Saini.

Ritu Saini tenía 16 años cuando fue atacada por su primo como venganza por rechazar su propuesta de matrimonio. El ácido corrosivo derritió su nariz y su ojo izquierdo. Mientras el líquido le corría por las mejillas y el cuello, su piel se iba arrugando poco a poco. Recuerda la sensación de ardor incomprensible y la imposibilidad de ver nada. Mientras se retorcía de dolor en medio de una concurrida carretera en Rohtak, a plena luz del día, la gente pasaba y miraba, pero nadie acudía a ayudarle. Tras dos meses en el hospital, se recluyó en su casa durante un año. “Sentía dolor y mucha vergüenza, no quería que la gente me viera”, cuenta.

A Rupa Saa le atacó su madrastra. Ella tenía su propio hijo y no aceptó que fuera parte de su misma familia después de casarse. “Eran las dos y media de la madrugada. No había electricidad en el pueblo y estaba todo muy oscuro. Cuando el ácido cayó por mi cara me desperté pensando que estaba lloviendo. Empecé a gritar, mi visión estaba borrosa y empezó a oler mal, como a quemado. Mi cara ardía como el infierno y solo deseaba poder ir a algún lugar frío”. 

Afortunadamente para ellas todo cambió cuando descubrieron la organización Chhanv Foundation con su campaña Stop Acid Attacks  y la oportunidad de trabajar de cara al público en la cafetería Sheroes Hangout.

Ahora son supervivientes, no víctimas, recalcan una y otra vez para reafirmarse en su convicción y que el mundo conozca sus ganas de vivir y de luchar.

La cafetería Sheroes Hangout  (significa ‘lugar de reunión de las heroínas’) se encuentra en la turística ciudad de Agra, cerca del Taj Mahal. Su objetivo: reunir a supervivientes para que se conozcan, reúnan fuerzas y salgan adelante juntas, realizando charlas y talleres al mismo tiempo que logran ser independientes económicamente, y volver a adentrarse en el mundo laboral, algo especialmente difícil tras los ataques de ácido.
Al entrar huele a chai, la paz inunda los sentidos y los ojos de los visitantes recorren, curiosos, el establecimiento. Está pintado de colores vivos y sus paredes repletas de dibujos y de fotografías de las supervivientes. Hay libros, llaveros y postales a la venta para apoyar el proyecto. La música tradicional acompaña el ambiente. El cliente paga la voluntad, pues el precio no está establecido. “Antes nos encerrábamos en casa, todo el día pensando en lo que había pasado. Ahora tenemos una nueva vida. Fuerza para vivir. Solíamos pensar que preferíamos haber muerto, pero ahora queremos vivir. La gente viene, habla con nosotras, hemos hecho muchos amigos en la cafetería. Ya no tenemos miedo de que nos pase algo malo, porque la realidad es que ya nos ha ocurrido. Ahora solo pueden venir cosas mejores. No podemos dejar que mueran nuestros sueños ni nuestra felicidad. Ahora somos luchadoras, no víctimas”, sentencian las supervivientes.

  2. Sukaina

En algunas naciones musulmanas, el velo es una cárcel de mujeres: una cárcel ambulante, que en ellas anda.
Pero las mujeres de Mahoma no llevaban la cara cubierta, y el Corán no menciona la palabra velo, aunque sí aconseja que, fuera de casa, las mujeres se cubran el cabello con un manto.

Las monjas católicas, que no obedecen al Corán, se cubren el cabello, y muchas mujeres que no son musulmanas usan manto, mantilla o pañuelo en la cabeza, en muchos lugares del mundo.
Pero una cosa es el manto, prenda de libre elección, y otra el velo que, por mandato masculino, obliga a esconder la cara de la mujer.
Una de las más encarnizadas enemigas del tapacaras fue Sukaina, bisnieta de Mahoma, que no solo se negó a usarlo, sino que lo denunció a gritos.

Sukaina se casó cinco veces, y en sus cinco contratos de matrimonio se negó a aceptar la obediencia al marido.

—-NOTICIA RECIENTE: Atreverse a quitarse el velo en Irán: la lucha de las mujeres contra los ayatolás              http://www.publico.es/internacional/atreverse-quitarse-velo-iran-lucha-mujeres-ayatolas.html

 

Mirada Solidaria.es

 Refer.      www.publico.es/sociedad/mujeres-asia-acido-arruinado-cara-no-nuestra-felicidad-suenos.html                                                                                                       Relato perteneciente a Espejos, una historia casi universal, de E. Galeano.         

 

2 Comentarios

  1. Oxuan7

    Por si sirve, Leonardo Boff: Lo Femenino fue primero.

    http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=872

  2. candido-moises

    Muy Buenos, Fantásticos, el Texto “Testimonios de Mujeres y Rostros Quemados” y , además, ESTUPENDO el Texto de nuestro querido y admirado Leonardo BOFF. Una vez mas haré fotocopias para mi y para los integrantes del Taller de Filosofía de Mayores al que pertenezco, para analizar y aprovechar estos magníficos aportes de “Mirada Solidaria”. Con gran aprecio y admiración, Cándido-Moisés.

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