El año 2009 comenzó convulso. Es pura continuidad del 2008, que fue continuidad del 2007, que lo fue del 2006,…

De nada valieron las doce uvas ni los brindis de ‘feliz año’.

 

     Las crisis económicas desembocan en recesiones. El triple crack de la construcción, de los bancos y de las Bolsas golpean a la economía real. Millares de pequeñas empresas desaparecen y las grandes despiden masivamente a sus trabajadores. Aumenta el descontento social, que puede desembocar en huelgas y manifestaciones. Los amotinados en Grecia gritaban: “Balas para los jóvenes, dinero para los bancos”.

 

     Las crisis se hizo supremamente grave y tremendamente profunda por alcanzar al centro del sistema capitalista. Hace treinta años que los países del llamado Tercer Mundo han estado en crisis financiera, solicitando, en vano, para poder resolverla, medidas mucho más discretas y humildes a las que ahora son generosamente adoptadas en los Estados Unidos y la Unión Europea. Pero el racismo económico hace tiempo se convirtió en bandera del neoliberalismo.

 

     Un SENCILLO CÁLCULO  ha circulado por internet: El plan de rescate a los bancos con dinero de los contribuyentes costará, en principio, la indimensionable cifra de 700.000 millones de dólares, y eso sólo en Estados Unidos, sin contar los miles de millones que los gobiernos europeos entregarán a los bancos. Si dividimos los 700.000 millones de dólares entre los 6.700 millones de personas que habitan el planeta, equivale a entregar a cada habitante del mundo  más de 104 dólares.

Por ejemplo en España: El gobierno español ha untado a los bancos con 30.000 millones de euros del dinero público. Si dividimos ese dinero entre los 46.063.511 habitantes que residen en España, tocamos a 652,18 euros por cabeza. Una familia media de cuatro personas sumaría más de 2.500 euros. ¿Una ayudita para pagarse la hipoteca?.

Este cálculo es tan difícil de entender como lo es la distribución de la riqueza en el mundo.

 

     Ignacio Ramonet (*) recordaba que, aunque en política internacional no caben supersticiones, los años terminados en 9 son a menudo convulsivos: En este año se conmemorarán los 10 años de la revolución bolivariana de Venezuela (febrero); los 20 de la caída del muro de Berlín y de la implosión del bloque soviético (noviembre); los 30 de la “revolución islámica” de Irán (febrero); los 40 de la “revolución libia” del coronel Gaddafi (septiembre); los 50 de la revolución cubana (enero); los 60 de la revolución china (octubre); los 70 de la derrota de la República española en la Guerra civil (abril) y del inicio de la Segunda Guerra Mundial (septiembre); y los 80 de la crisis de 1929 y de la Gran Depresión…

 

     Oriente Próximo y Medio continúan siendo un ‘foco perturbador’: La masacre de palestinos continúa a pesar de haber desaparecido de la prensa; en Irak no cesan los atentados y matanzas; las tropas británicas y las de todos los demás aliados de Estados Unidos se retirarán en primavera; el 10 de febrero se celebran elecciones de Primer Ministro en Israel, entre partidos de derecha y ultra-derecha; Irán celebrará elecciones para la Presidencia el 12 de junio. La tensión entre ambos países va in crescendo:  Israel no permitirá que Irán consiga armas nucleares”. Obama desea convertir en prioridad militar Afganistán y Pakistán.

 

     Se espera que la crisis golpee con dureza a la gigante China. ¿Conseguirán las autoridades de Pekín mantener la paz social? ¿A qué precio? Unos 20 millones de trabajadores migrantes chinos han vuelto a casa después de perder sus empleos como consecuencia de la crisis financiera global.

En América Latina está costando sudor y sangre cualquier pequeño cambio social que se desvíe de los intereses estadounidenses. Pero los intentos de cambio no cesan y el mundo está pendiente.

En Sri Lanka se está cometiendo un genocidio que se oculta en los grandes medios. El ejército cingalés está masacrando a la población civil con bombas de racimo.

En África siguen matando a cientos de miles de civiles en supuestas guerras, que suponen intereses económicos y estratégicos de las potencias occidentales y sus multinacionales,  y cientos de miles más que mueren por el hambre y la miseria.

 

     Un MARAVILLOSO PANORAMA el de nuestro mundo moderno y avanzado, en el que sólo aparece evidente una conclusión: los pobres, que son la inmensa mayoría de la población mundial, sobran y es necesario liquidarlos. Para que un pequeño sector mundial viva confortablemente, necesita eliminar a millones de conciudadanos.

Las cuentas públicas sobre Irak hablan ya de un millón y medio de muertos, cuatro millones y medio de desplazados, dos millones de viudas y cinco millones de huérfanos. Mientras el presidente Bush se marcha de rositas, libre de responsabilidades, y con la sonrisa en la boca por “el deber cumplido”.

1.300 campesinos se suicidan cada mes en India, principalmente por las malas cosechas y endeudamiento. Los intereses de los prestamistas oscilan entre el 36% y el 100%.

En Afganistán, el salario medio mensual es de 20 euros. Justo a la misma hora en que Obama juraba como presidente en Washington, los cazabombarderos estadounidenses lanzaron bombas sobre la aldea de Inzeri matando a 15 civiles. Cada una de esas bombas vale entre 30.000 y 50.000 euros. El anciano jefe de la aldea recibió menos de 2.000 euros para cada una de las víctimas civiles. Cuatro días antes, la escena, con 16 civiles muertos, se había repetido en la aldea de Guloch.

Cuando Zimbabwe se independizó (1980), 6.000 agricultores blancos poseían 15,5 millones de hectáreas, mientras que los cuatro millones y medio de agricultores negros apenas detentaban 4,5 millones de hectáreas, casi toda tierra árida. Los acuerdos de la independencia reconocieron esta injusticia y establecieron el compromiso de que Inglaterra financiaría la redistribución de tierras. Eso nunca sucedió.

La miseria tocó fondo, pero la injusticia no encuentra techo.

 

     A la crisis económica se han unido la crisis alimentaria y ecológica (los desastres ‘naturales’ lo atestiguan), además de la energética. Es igual, siempre las pagan los mismos.

Los bancos y grandes multinacionales han provocado todas las crisis, porque sus beneficios se han  reducido, y eso lo tiene que pagar la humanidad entera, de la manera que sea. Eso no impide que estas grandes empresas estén primando escandalosamente a sus directivos.

La Comunidad Internacional, con todos sus organismos económicos, políticos y sociales, no hace otra cosa que evidenciar su inoperancia a la hora de proteger a la población mundial, especialmente a los más débiles y necesitados. Lo mismo deberíamos decir de las grandes religiones.

Una amnesia general y colectiva se ha extendido por todo el planeta. El consumismo afectó a los ojos y a las conciencias: no vemos más allá de nuestras propias narices. La solidaridad fue encarcelada en campañas y festivales y reducida a la beneficencia paternalista. Las clases altas y medias occidentales se sienten a gusto en sus jaulas doradas.

              “Nuestra cultura occidental se caracteriza por una excesiva arrogancia, exacerbada por la tecnociencia con la que domina el mundo. En todo se muestra   excesiva: en la explotación ilimitada de la naturaleza, en la imposición de sus creencias políticas y religiosas y, cuando le parece oportuno, en la guerra, llevada a todos los confines del mundo. Esta cultura padece del «complejo-Dios», pues pretende saber todo y poder todo”.  L. Boff

 

     El futuro es imprevisible. Una cosa, sin embargo, es obvia: Aún hay mucha gente con esperanza, buscando alternativas, con utopía. Gente que cree en la dignidad de los seres humanos por encima de las ideologías, de las religiones, de las instituciones y todos sus absolutismos. Ojalá que el sueño se transforme en realidad.

Además, ¿Hay algo más noble en lo que invertir la vida?

 

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(*) Referencias a un artículo de Ignacio Ramonet, aparecido en enero-2009 en Le Monde Diplomatique

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