Safoora, anciana de Kabul, perdió su maleta durante el viaje. Está apenada pero su tristeza viene de lejos y asegura que “nunca” ha llegado a ser feliz. Durante la guerra que enfrentó a diversos grupos fundamentalistas en Afganistán, perdió a sus tres hijos varones. Llora cuando explica cómo un misil alcanzó a uno de ellos. Tiene otras dos hijas, las dos viudas, y a ella la mantiene un nieto con el dinero que obtiene con la venta ambulante de bolsas de plástico.

A pesar de que asegura que ya no tiene ningún motivo para sonreír, explica con humor que lleva velo para tapar las canas.

Ha venido al encuentro para pedir que se juzgue a los criminales de guerra que le arruinaron la vida. ¿Para el futuro? Sólo pide un techo y unos estudios para su nieto.

Apunta que “sólo en Kabul hay 50.000 viudas y muchas de ellas, al no encontrar trabajo o no tener derecho a trabajar, terminan prostituyéndose”.

 

     Lily Traubmann, judía chilena que se exilió en Israel después del golpe de estado de Pinochet. Durante diez años, tuvo sus pertenencias en cajas, porque “pensaba que la dictadura duraría poco tiempo”. No fue así. A través de las noticias, se dio cuenta de que estaba inmersa en otro drama: el de la ocupación israelí. Describe con rabia la sociedad militarizada en la que vive, con controles de seguridad en los bancos o en los supermercados y con una sensación permanente de peligro. Explica que su hija, periodista, no ha recibido ayudas para la compra de su casa por ser objetora de conciencia. Recuerda que durante la pasada guerra del Líbano, a muchas mujeres las despidieron por faltar a sus puestos y quedarse con sus hijos.

Lily no ha venido sola, sino con dos palestinas, con las que trabaja en una ONG a favor del fin de la ocupación. “Nos han metido en la cabeza que no podemos convivir, pero nuestra experiencia demuestra que hay más cosas que nos unen, que las que nos diferencian”.

 

     Satsita y Elena, rusa y chechena, respectivamente. “Me he quedado casi sin amigos rusos por relacionarme con gente de Chechenia, pero de alguna manera me siento culpable de lo que sufrieron”, dice Satsita, y explica el racismo que sufren los chechenos en Rusia: “Se piensa que son terroristas”.

Su amiga Elena sobrevivió a la primera y segunda guerra chechena, cuando pasó 56 días encerrada en un sótano. En esa época desaparecieron una media de seis personas por familia. Aparte de los sobrinos y primos que ella perdió, algo de lo que ya no tiene ganas de hablar, las bombas también destruyeron “la esencia” de su vida: la Biblioteca Central de Grozny, donde trabajaba desde los 16 años. Pero, libro a libro, volvió a poner en pie la biblioteca de la que hoy es directora. “Me gusta hablar de esto, es mi mayor logro. Lo conseguí, a pesar del miedo que sentía a las bombas”.

 

     Jeanne D’Arc Ayinkamiye, ruandesa, es una sobreviviente. Toda su familia (excepto su hijo) fue asesinada por agentes del Estado ruandés. Impacta escuchar su voz amable y tranquila: “Continúo buscando la bondad en todo ser humano. Tenemos que superar los fracasos de nuestros padres en materia de derechos humanos. Estoy segura de que después de tantos enfrentamientos llegarán tiempos mejores”.

Jeanne es hutu y ha sufrido la revancha posterior al genocidio contra los tutsis de 1994. Asegura que el régimen que asumió el poder y que todavía lo mantiene decidió exterminar todo rastro del gobierno precedente. Tres de sus hermanos que trabajaron con el anterior presidente fueron asesinados. También sus padres, otros dos hermanos y su hermana mayor junto a sus cinco hijos. Ella fue detenida, torturada y encarcelada durante año y medio.

Fundó la asociación Souvenirs des Parents du District de Gasiza  con el objetivo de construir un futuro de reconciliación para Ruanda. Enseñan a los jóvenes el respeto a los derechos humanos. El gobierno vio en estas actividades un intento de sublevar a la población, por lo que disolvió la asociación y ordenó la captura de sus miembros. Jeanne emprendió la huida con su hijo. Su vida sigue corriendo peligro: “Vivimos con miedo, en cualquier momento pueden venir a buscarnos, secuestrarnos o incluso matarnos. Cada día huyo, cada día huyo, cada día huyo”.

 

     Huda, de Irak, nos cuenta cómo ha perdido a su marido y a su hijo mayor en el primer año del conflicto. Su segundo hijo murió poco tiempo después, dejando a su mujer y cinco niños.

Las aguas residuales salen de la casa en un canal a la intemperie y desembocan en un estanque. Los niños juegan en el charco, no llevan zapatos y sus ropas están viejas y sucias. Tampoco tienen abrigos que les protejan del frío.

En el área donde vive no hay trabajo y por eso se dedica a hacer pan, que después vende a sus vecinos a cambio de la harina. A falta de electricidad o gas, Huda usa troncos y leña seca que recoge cerca de su casa para tener fuego. Asegura que antes de la guerra “la vida era difícil pero no tanto como hoy. Antes tenía a mi marido que se ocupaba de todas las responsabilidades. Ahora, trabajo de sol a sol. Yo y las otras viudas quienes lo hacemos todo”.

Huda nos invita a ver su casa. Las paredes están viejas, el techo tiene brechas y la casa parece estar en ruinas. El aire huele a húmedo y los vestigios de esa humedad son visibles en las paredes. Huda nos hace una señal para ver también las habitaciones. “Viviríamos en total oscuridad si no fuera por el sol. Al quinqué que usábamos le ha ocurrido lo mismo que a mí; ya no brilla en los momentos de oscuridad”.

En Irak, el 82 por ciento de los desplazados son mujeres y niños. Ellas son quienes se hacen cargo de sus hijos y de ayudar a sus familias a sobrevivir y a conservar su dignidad en estos momentos de  atroz sufrimiento.
Amaril es española y mujer maltratada. ¿Por qué aguantaste tanto? Esa es la pregunta que tanto se hace o nos hace la gente. Es un tema muy difícil de responder para una mujer que ha sido maltratada. La sociedad en general, falta de una información real sobre lo que le ocurre a una víctima de maltrato, suele entender el “aguantar” como signo de masoquismo.

Aguanté por orgullo mal entendido que me llevaba a negarme a mi misma que la relación era un fracaso.

Aguanté por ese sentimiento de dependencia emocional que creía que era puro amor.

Aguanté porque creía que no merecía nada mejor, como bien se había encargado él de inculcarme.

Aguanté porque estaba tan cerrada en mi mundo insano que no era capaz de apreciar el grado de anulación y abyección al que me había arrastrado.

Aguanté porque mis tímidas e inseguras tentativas de buscar ayuda y apoyo, certezas y respuestas, se toparon con puertas cerradas y muros sólidos.

Aguanté hasta que alguien me dijo “mírate” y cuando me vi no pude aguantar más.”

 

     Mujeres de arena, es un grupo de mujeres mexicanas, que mediante el teatro dan vida a mujeres asesinadas en Juárez. En Juárez las mujeres tienen miedo, pero el gobierno hace nada. Allí ser mujer es peligroso.

Natalia, es mujer, morena, pobre, obrera de maquiladora y fue asesinada…trabajaba, quería estudiar, oía canciones de Selena.

Todos los días Natalia llegaba a las ocho de la noche, pero un día horrendo y doloroso hasta el infinito ya no llegó. Por qué me dejaste hija, por qué te fuiste.

Luego de eso, las burocracias policiaca y política, el alma insensible de los que no entienden nada y hasta dicen ‘tuvo suerte señora, de 300 cuerpos, como 70 no han sido identificados, y muchos más ni siquiera aparecen’.

La misoginia, el conservadurismo, intereses oscuros y oscurecidos relacionados con la industria maquiladora, pero que comienzan a ser desentrañados.

‘Que no usen minifalda, que no sean provocativas, que no salgan en la noche, que no vayan a los salones de baile’. Como para que ellas sean las culpables de sus propias muertes, aunque fueran una niña de cinco años.

Soy una madre sin su hija.  Soy una madre a la que me arrancaron a mi hija del jardín de mi corazón. Mi hija, mi tesoro, mi vida. Soy una madre vacía.

Imaginen un secuestro a cargo de uno, dos, tres hombres sin nombre, tres hombres impunes, tres hombres de alguno o varios modos poderosos, tres hombres sin alma ni valores. ¿Quiénes son ellos? ¿Cómo visten? ¿Dónde viven? ¿Tienen hijas?

Imaginen el martirio: terror, tortura, violación y muerte de una y cientos de mujeres de Ciudad Juárez, de Chihuahua, de México, del mundo.

Las muertas. Quieren un mundo sin nosotras. Las madres. ¡Exigimos respeto, no venimos por estadísticas sino a saber qué pasa en Ciudad Juárez! ¡Exigimos al gobierno que detenga los asesinatos ya! ¡Ni una muerta más!

Todas las muertas son una y muchas. Todas son nuestras hijas. Nunca dejaré de hablar de todas mis cientos de hijas muertas ni pararé hasta que se haga justicia.

 

     Layla Anwar, iraquí, titulaba uno de sus artículos: De parte del ‘sexo débil’. Valga un breve resumen, para sentir su enojo.

Hace varios años ya que dejé de celebrar el 8 de marzo. En otros tiempos, mis supuestos amigos “feministas” venían para hacer una breve visita informal y ofrecerme un ramo de flores o enviaban unas palabras de solidaridad y devoción eterna a la causa femenina…

La mayoría de esos tipos se situaban en lo que podría considerarse como la izquierda del espectro político. Eran tan buenos con las palabras…. Podíamos estar discutiendo hasta altas horas de la madrugada sobre dialéctica, materialismo, patriarcado y revolución permanente… Me sentía muy emocionada por aquella patente demostración de amistad y confianza, hasta que…

Hasta que oí decir que un buen número de todos esos tipos habían votado en apoyo de la ocupación…

Por eso, viendo toda esa vomitiva hipocresía política, declaro el 8 de marzo como día de luto, un día de luto y llanto para las mujeres de Irak. Es decir, lo que es por mí, pueden atiborrarse de celebraciones de su 8 de marzo, ya pueden empezar…

Odio la ocupación estadounidense, que es en última instancia la responsable del actual espanto de la situación en que se encuentran las mujeres iraquíes… ¿Pero qué será de nuestro futuro con semejantes izquierdistas?

¿Qué nos dirán a nosotras, mujeres, que hemos perdido a nuestros maridos, padres, tíos, hermanos, hermanas, madres, tías, niños, obligadas a exiliarnos sin ningún ingreso, sin ningún derecho al trabajo, sin atención sanitaria, teniendo que hacernos cargo en solitario de todas nuestras familias?

Vosotros, hombres árabes, bastardos, vosotros, izquierdistas de mierda, ¿qué es lo que nos vais a decir todos los 8 de marzo?

Ante la proximidad del 8 de marzo, les recordamos, con permiso, que cada día del año tiene su maravilloso disfraz, su ‘DÍA DE…’, amablemente asignado por nuestras ilustres instituciones internacionales socio-político-comerciales.

 

www.miradasolidaria.es

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