Desde bien pequeñitos, nuestros papás deseaban y pretendían que fuésemos unas personas responsables en el futuro, conscientes y consecuentes, personas que cumplan sus obligaciones y respondan de sus actos, asumiendo las consecuencias de sus aciertos y de sus errores. ¡Qué lindo!

 

Un Informe del Centro para la Integridad Pública de 2008 difundió que el presidente George W. Bush y su gabinete emitieron 935 afirmaciones falsas sobre la amenaza de Irak a la seguridad de EEUU (Sadam Husein estaba involucrado con los terroristas, tenía armas de destrucción masiva, etc.) tras los atentados del 11-S.

Según el Informe, esas declaraciones “fueron parte de una campaña orquestada que galvanizó a la opinión pública y llevó al país a una guerra con justificaciones decididamente falsas…En resumen, la administración Bush llevó al país a una guerra sobre la base de información errónea que se propagó metódicamente y que culminó con la acción militar contra Irak el 19 de marzo de 2003”.

Preguntamos: ¿Y qué pasa con todos los DAÑOS IRREMEDIABLES: medio millón de muertos, más de un millón de heridos, huérfanos, ciudades destruidas…? ¿No hay responsables…? ¿Nadie paga nada…?

 

En noviembre/2015, el presidente colombiano Juan Manuel Santos asistió a un acto conmemorativo del trigésimo aniversario de la toma del Palacio de Justicia de Colombia. El operativo militar causó en su día 98 muertos y 11 desparecidos.

Declaró el presidente: “En nombre del Estado, pido perdón por el incumplimiento al deber de prevención con las personas que se encontraban en el Palacio de Justicia, por la violación de sus derechos a la integridad personal, a las garantías judiciales y a la protección judicial”.

Un año antes, la Corte Interamericana de Justicia ya había condenado al Estado colombiano a asumir su responsabilidad por las muertes, por las desapariciones forzosas y los tratos crueles llevados a cabo en aquella ocasión.

Preguntamos: ¿Y qué pasa de aquellos DAÑOS IRREPARABLES? ¿Basta con que un presidente pida perdón? ¿No hay responsables? ¿Por qué no existe la investigación necesaria, condenas a los responsables, reparaciones a las víctimas…?

 

El 30 de septiembre/2015 hizo 50 años del silenciado genocidio indonesio. Un Tribunal Popular Internacional formado en La Haya y una resolución en el Senado de Estados Unidos para abrir varios archivos dejaron al descubierto la complicidad y participación de Estados Unidos, Reino Unido y Australia en una masacre de más de un millón de comunistas indonesios. Fue declarado un crimen contra la humanidad. La presión para que esta masacre saliera a la luz cobró fuerza por el documental The Act of Killing, con el que fue nominado al Oscar el estadounidense Joshua Oppenheimer.

“Indonesia no reconoce este juicio y todo está en el pasado”, dijo a la BBC el portavoz del gobierno indonesio Agus Barnas. Las otras potencias participantes, muy democráticas ellas, simplemente guardan silencio y consideran que se trata de un Tribunal simbólico sin competencias jurídicas.

Preguntamos: ¿Y qué pasa con tanto dolor INCURABLE y tantas vidas PERDIDAS? ¿Es suficiente con mirar para otra parte y justificarse con evasivas? ¿No hay responsables…?

 

El listado de casos es amplísimo y de suma actualidad. Estas irresponsabilidades sólo tienen un nombre: IMPUNIDAD.

 

La ventana del mochuelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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