El tema de conversación parecía venir como anillo al dedo. El ‘caso Eluana’ estaba fresquito. Eluana Englaro, italiana de 38 años, que permanecía desde 1992 en un estado vegetativo irreversible, a causa de un accidente de tráfico. El 9 de febrero-2009 falleció tras serle retirados los medios que la mantenían sobreviviendo artificialmente. Su padre, Beppino Englaro, consiguió la autorización legal para hacerlo. Un padre que ha permanecido al lado de su hija durante 17 años y ahora ha luchado para ofrecerle un final digno a tanto padecimiento, aunque le esté tocando soportar una feroz campaña de difamación.

 

     Naturalmente que ha metido baza el presidente Berlusconi, un político en entredicho, que ha demostrado ser un excelente cazador de oportunidades para conseguir poder. Ahora ha vuelto a las andadas: no importa que Eluana expresara en vida su deseo de no recibir ayuda artificial; no importa que llevara media vida privada de consciencia, de movimiento, de afectividad y todo ello de un modo irreversible. Según Berlusconi, “Eluana ha sido asesinada y condenada a muerte…Comprendo a la familia pero no se puede dejar morir de hambre y sed a una persona”.

¿Cómo se atreve Berlusconi a decir semejantes barbaridades? Además, en estado de coma no se siente hambre ni sed. Sin reparos se les llama asesinos a quienes quieren desconectar la máquina que mantiene las funciones vegetativas de Eluana. No llaman asesinos a los que mantienen un sistema económico por cuya causa miles de hombres, mujeres y niños mueren diariamente de hambre. Y son personas conscientes y sensibles. Personas que sí sufren.  

¿Con qué autoridad política y moral ha pretendido Berlusconi interferir en el terreno del Derecho y de la Administración de Justicia? ¿De veras actuó por convicciones religiosas? ¿Qué tipo de religión es la suya, Sr. Berlusconi? ¿Desde esa religión es que usted defiende la corrupción, la xenofobia, el machismo, el desprecio a la libertad y a la democracia y a las leyes y a la justicia? Entonces, ¡Váyase al infierno con su religión!

 

     Naturalmente que también salió a la palestra el Vaticano, ¡como no!. Es uno de sus terrenos abonados donde mostrarse como abanderado defensor de la vida. ¡Manda narices! ¿Por qué será que los dos temas preferidos por el Vaticano para mostrarse como defensores de la vida son la eutanasia y el aborto? ¿Sin embargo, por qué olvidan con tanta frecuencia a millones de crucificados en la sociedad, incluido un tal Jesús? ¿Por qué será que hablan de pobreza con sordina y le temen tanto a los pobres? ¿O es que le da vergüenza al Vaticano, por todo el poder y riquezas que le rodean?

El Vaticano (incluidos muchos jerarcas) no tienen vergüenza torera. ¿Qué religión es esa que excomulga a la madre y a los médicos de una niña brasileña de nueve años, porque se le ha practicado un aborto quirúrgico de gemelos tras haber sido violada por su padrastro? “Siempre hay que proteger la vida…la excomunión de los que provocan el aborto es justa”, dijo el cardenal.  Por cierto, Sr. Cardenal, ¿Cómo no excomulgaron al padrastro? 

¿Por qué no se callan…?  En sus dos últimos meses de vida de Wojtyla, tras la traqueotomía, le resultaba casi imposible tragar y los médicos sabían que el problema sólo podía solucionarse colocándole una sonda en el estómago. ¿Por qué no lo hicieron y mantuvieron artificialmente la vida del papa? ¿Por qué le pusieron la sonda sólo un día antes del colapso? ¿Fue el mismo papa Juan Pablo II, el autor de la encíclica Evangelium vitae,  quien rechazó la terapia y así pudo esperar “serenamente el momento del alivio de ir con el Señor”?

¿Cuántas morales o ‘doble-morales’ utiliza el Vaticano? ¿Una moral para los de dentro y otra para los de fuera; se prohíbe el uso del preservativo para evitar embarazos no deseados y crueles enfermedades, pero se encubre a golpe de millones a centenares de curas pederastas; se manifiestan a favor de la familia cristiana, pero silencian la discriminación contra los inmigrantes? ¡Váyanse al infierno con totus tus morales!

 

     Se insistía en la cuestión: ¿Quién es Berlusconi o el Vaticano para imponer su voluntad y su dogmatismo sobre la libertad de un ser humano para decidir sobre su propia vida y su propia muerte, en circunstancias tan extremas y dolorosas, desdeñando y difamando a una familia que ha dado durante 17 años tamaño ejemplo de amor y entrega?

 

     El teólogo-moralista Benjamín Forcano comentaba: “De haber aplicado el sentido común y las exigencias de una ética elemental, no se hubiera suscitado la absurda controversia por la situación de Eluana. La cuestión, en términos actuales, se resuelve desde un conjugar e integrar con equilibrio los dos valores en conflicto: el derecho a la vida y el derecho a morir dignamente.

No hay más que valorar los siguientes aspectos: 1. Con ser importante, la vida no es un valor absoluto, sino relativo y finito. 2. Deber de todos es atender al enfermo y asistirle con todos los medios para que puedan ser aliviados sus dolores, recuperar su salud y prolongar la vida. 3. Pero hay situaciones extremas en que los dolores pueden ser persistentes y agudos y, además, no hay esperanza razonable de recuperación. Es entonces cuando el enfermo demanda el derecho a morir con dignidad y a que no se le apliquen medios extraordinarios o desproporcionados que le prolonguen artificialmente la vida. Sería inútil y reprobable este “uso encarnizado terapéutico”. 4. No es, por lo tanto, ilícito dejar de aplicar esas técnicas, aunque con ello se abrevie la duración de la vida. Hay que respetar el derecho de la persona a morir en paz, que no es lo mismo que hacerle morir.

Incluso, el Catecismo Romano en el Nº 2.278 dice: ‘La interrupción de tratamientos médicos, onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el encarnizamiento terapéutico (…). Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad, o si no, por los que tienen derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable e intereses legítimos del paciente’”.

 

     Se mencionó a Paco Angora, doctor manchego, quien, aparte de su profesión médica, ha heredado la inocencia y la ternura de su madre, y el coraje y la honradez de su padre. En la Revista Clínica de Médicos de Familia defiende el derecho a tener y elegir una muerte digna. “No puede ignorarse la calidad de vida de los enfermos terminales, la soledad a la que se ven sometidos, su sufrimiento y el de sus familiares, así como el sufrimiento del personal sanitario que los trata. Hay fundamentos legales para defender este derecho, pero ni se adaptan ni se aplican. Hay instrumentos válidos, como las DVA (declaraciones de voluntades anticipadas), que apenas se conocen y menos se usan. Es necesario aplicar todos los medios a nuestro alcance, evitando dormirnos en eternas discusiones sin sentido, para hacer efectivo este derecho, de manera que se respete el sistema de valores de muchas personas que no desean aguantar un final de vida que consideran indigno, o que no admiten que para sobrevivir deban someterse a técnicas diagnósticas-terapéuticas contrarias a su voluntad, moral o creencias”.

 

     Como pueden observar, la conversación estuvo animadita. En realidad, siempre volvemos a la misma historia: Hablemos de lo que hablemos, no importa el área (economía, política, religión, administración,…), siempre encontramos una serie de instrumentos o instituciones que se han colocado interesadamente por encima de la dignidad de las personas. Eso sí que es un des-orden humano.

En nuestra moderna e hipócrita sociedad el ‘formalismo’ se impone a los derechos y a la dignidad. Y es que el poder, para mantenerse, necesita aparentar ser poderoso, agarrarse al formalismo del orden establecido, pues sabe que la soberanía que ostenta no es propia, sino delegada por el pueblo. ¿Qué coño es un general sin uniforme?

Erróneamente, los poderosos se creen y pretenden hacer creer que son los dueños de la vida y de la muerte. ¡Tururú, corneta!

Por supuesto que se reconocen oficial y oficiosamente, pública y privadamente, todos los derechos de las personas, al menos los de la lista. Sin embargo, les falta tiempo a los dirigentes para inventar mecanismos y argumentos que recorten esos derechos (alegan que por seguridad, por ética, por posible alarma social, por criterios democráticos, por evitar escándalos, por oportunidad,…).

La vida y la muerte son compañeras de camino de todos los seres humanos y, por el camino, se van curtiendo en la lucha por la dignidad. El único peligro son esos buitres que sobrevuelan por el planeta alimentándose de la vida y muerte ajenas.

 

     Antes de acabar la reunión, uno de los colegas contó un chiste

Anoche, mi esposa y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida. 

Estábamos hablando de la idea de vivir o morir. 

Le dije: “Nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo, prefiero morir”.   

Entonces… ella se levantó con cara de admiración… y desenchufó el televisor, la computadora, el cable internet, el DVD, la videoconsola, el móvil y me quitó la cerveza de la mano. 

Qué barbara……… ¡¡¡ casi me muero !!!

Apostillando: A muchas personas sólo les queda

                                  la libertad para morir.

                                 ¡Dejémosles morir en paz!

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