¿Qué podremos hacer los seres humanos para resistir las imbecilidades de los mandamases?

 

El presidente de EEUU, Donald Trump, ha tomado la decisión de sacar a su país del Acuerdo climático de París. Separa la suerte de Estados Unidos de la del resto del mundo. Durante su campaña electoral, Trump criticó duramente el Acuerdo de París y cuestionó el cambio climático, un fenómeno que llegó a calificar de “invento” de los chinos.

 

Como dice I. Gabilondo, este fanfarrón, con ramalazos fascistoides, se revela como un loco peligroso. Quiere retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París (abril/2016) que firmaron 196 países, comprometiéndose a mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los dos grados, reduciendo emisiones de CO2, para frenar el calentamiento global, que es una realidad científica irrefutable que puede provocar catástrofes extraordinarias. Así y todo, los expertos consideraron este compromiso como una respuesta tímida para la magnitud del problema.

Si sale del pacto, Donald Trump traicionará muchas cosas. Para empezar va a traicionar a la lógica: dice “solo me importan los intereses de mi país y de nuestras empresas”, como si los Estados Unidos no estuvieran en la tierra y no le fueran a afectar los desastres del planeta. Muchas multinacionales norteamericanas han mostrado su desacuerdo. Traicionará al mundo entero, pues es el segundo contaminador: una cuarta parte de las emisiones proceden de su país y éstas no se detienen en su espacio aéreo. Va a arrastrar sin duda a sus principales competidores -sobre todo a China- que no querrán disputar en desventaja la carrera del desarrollo. Y sobre todo va a dar una cuchillada en el corazón al concepto de sostenibilidad que se ha venido abriendo paso en las conciencias con grandes dificultades y contra grandes resistencias durante muchos años.

A estas alturas de la evidencia científica, la decisión de Trump es una irresponsabilidad, ha dejado de lado su obligación de proteger a las personas y al planeta: las futuras generaciones lo verán seguramente como un crimen contra la humanidad.

 

Incide Soledad Gallego-Díaz en que Trump está renunciando a la responsabilidad moral.

Su antecesor, Barak Obama, anunció en agosto de 2015 la firma del acuerdo de París para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero explicando que el cambio climático es la mayor amenaza para el futuro de la humanidad. “Tenemos una obligación moral… Somos la primera generación que siente los efectos de ese cambio climático y la última que tiene oportunidad de hacer algo para cambiarlo”, dijo. Fue una declaración solemne acogida con alivio por los otros casi doscientos países firmantes del acuerdo.

Ahora, Trump quiere retirarse del Acuerdo y relanzar la producción de carbón, un tipo de energía altamente contaminante. No quiere respetar sus compromisos para reducir sus propias emisiones de efecto invernadero, y de facilitar la ayuda necesaria a países como India, Sudáfrica o Brasil, que precisan apoyo financiero para llevar adelante sus propios planes anti contaminación.

La responsabilidad recaerá ahora en la Unión Europea y en China. Pero la retirada de Estados Unidos es una pésima noticia para toda la humanidad: la última generación que puede hacer algo para frenar el cambio climático tendrá que hacerlo sin la ayuda de la mayor potencia del mundo, que repentinamente ha declinado toda responsabilidad moral.

 

¿Cómo podrá la ciudadanía conseguir un antídoto para defenderse de las locuras de los “señores del mundo” que juegan con nuestro planeta y con nuestras vidas como si fuésemos ‘juguetitos’ en sus manos? No podemos dormir en la duda: quienes promueven y cometen canalladas son canallas, incluidos sus cómplices. Quien desprecia al mundo, merece el desprecio del mundo.

Nosotros somos naturaleza y tenemos derecho a defenderla y a defendernos.

Mirada Solidaria.es

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