Los condenados a muerte

……..Gente borrada del mapa. Se les retiró su identidad como personas y hasta su ser. No cuentan, ya no son… De ellos ni se habla, no existen. ¿Para qué mencionarlos…?

Curiosamente, entre los miles que esperan en los corredores de la muerte sólo se encuentran pobres.

Contra los amos del mundo no suenan clamores exigiendo la pena de muerte. Ese producto está reservado para los asesinos que usan navajas, no para quienes usan misiles.

Como diría Galeano, la pena de muerte no se implanta contra la muerte, porque el mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros.

……..Miles de presos esperan su ejecución en los corredores. Algunos tienen permitido intercambiar cartas con el exterior.

Melvin H., de 32 años, ha pasado la mitad de su vida en una celda de nueve metros cuadrados esperando su ejecución por inyección letal. Su día favorito es el 21 de cada mes: El mejor día es cuando llegan las cartas”. “Sé que estamos encarcelados y que nos merecemos este castigo, pero esto es más. ¡Es una tortura!”. “Desde mi condena, los amigos comenzaron a abandonarme, las cartas dejaron de llegar y las visitas cesaron. Todos se dieron cuenta de que estaría aquí para siempre, que no volveré y siguieron con sus vidas. Hasta las cartas de mi familia disminuyeron. Es la peor sensación del mundo”.

“Odio lo que hice. El dinero no valía la pena. Si hubiera pensado durante un segundo en el daño que causaría a mi familia y amigos no estaría aquí. Fui egoísta. Ya no tengo 18 años. No soy el mismo, ni siquiera me veo igual”. “Cuando llegué, no podía creerlo. Esto es el corredor de la muerte. Entonces era el más joven de los seis presos que estaban aquí. No dormía…”.”Todos deben saber cómo se vive aquí. Los niños deberían disfrutar de la vida, y no pensar en cómo robar o vender droga para comprar cosas que no necesitan… No merece la pena…”.

“Durante muchos años pensé que mi vida no valía nada porque era un condenado a muerte. La verdad es que nunca vi el potencial que tenía. Pude haber sido un buen hijo, un buen hermano, un buen esposo, un buen amigo y sobre todo, un gran hombre. Pero creo que no me puedo rendir por tener una sentencia a muerte. No estoy muerto”. “No todos los que estamos aquí somos gente horrible. A veces solamente se trata de personas que tomaron malas decisiones en su juventud, pero no malas personas. Y esto no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Nadie se merece esto. Yo no soy un monstruo”.

……..Robert G., de 27 años, lleva solamente siete en el corredor. En sus cartas, no habla demasiado sobre la ejecución que le espera. No se puede hablar de compasión si se promueve la pena de muerte”.  “Prefiero distraerme, conversar, dibujar. Ya es suficientemente duro estar aquí”.”Es raro, pero con el tiempo te das cuenta de que estos tipos no son monstruos. Yo sé que no lo soy”. “Me gusta recibir cartas de gente que vive en el extranjero. Nunca viajé fuera de aquí, ahora lo único que me queda es imaginar”. “No me gusta mucho hablar de mi familia, mi esposa y mis dos hijos, mi madre. Les quiero y les echo de menos”. “Lo más importante es humanizar al preso. Son también personas… Hay mucha gente con prejuicios… Nadie presume de que un amigo suyo está condenado a muerte… Nunca he dejado de creer en los milagros ni en la compasión de los demás”.

……..Por qué decimos NO a toda pena de muerte: Es irreversible y se cometen errores. No disuade contra el crimen. Más que justicia es venganza. Suele emplearse en sistemas de justicia sesgados e injustos. Se aplica de forma discriminatoria. Se usa como herramienta política en algunos países. La vida es un derecho fundamental básico y nadie puede arrogarse su eliminación.

 

Mirada Solidaria.es

 

Refer. Artículo “Así escriben los condenados a muerte” El Pais.com 27/9/2010

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