Ventana sobre el verano de 2016

Mientras algunas familias en occidente han podido disfrutar de vacaciones veraniegas, en el mundo sucedieron acontecimientos relevantes. Noticias internacionales que, apenas pasados unos días, fueron trituradas por nuestra acelerada sociedad de consumo.

Así y todo, algo permanece: el sufrimiento de muchas personas inocentes y, por otra parte, la incapacidad de la ‘comunidad internacional’ para buscar soluciones.

 

Guerras salvajes (Siria, Sudán del Sur…): Contra seres humanos indefensos (cientos de miles de víctimas civiles, mujeres, niños, ancianos…niños soldados, violaciones, hambre y miedo generalizados) y contra los tratados internacionales (ciudades devastadas, se bombardean hospitales y colegios, se utiliza armamento prohibido como el gas cloro, no se respetan corredores humanitarios…).

Con armas occidentales bombardean y matan los de un bando y los del otro, el negocio es redondo. El infierno para unos es un negocio para otros.

 

Atentados sangrientos (Afganistán, Irak, Pakistán, Turquía, Líbano, Siria, Orlando (Florida), Niza, Múnich, Tel Aviv, etc.): Más de mil muertos y miles de personas heridas durante el verano. Grupos terroristas que brotaron y se fortalecieron  a raíz de la invasión y ocupación de Irak por parte de las potencias occidentales. De aquellos polvos…estos lodos.

 

Millones de refugiados huyen por la violencia y el hambre: Más de cinco millones han huido de Siria, más de tres millones huyeron de Sudán del Sur, más de diez millones de personas necesitan asistencia humanitaria urgente en Irak y dieciocho millones en el Sahel,… Millares de esas personas se ahogaron en su camino de huida.

Mención aparte merece el acuerdo indecente de la Unión Europea con Turquía para que este país, tremendamente inestable en la actualidad por el tema de un extraño intento de golpe de estado, se convierta en cárcel de todos esos refugiados que llegan a Europa, a cambio de unos millones de euros.

 

Juegos Olímpicos en Río de Janeiro (Brasil): “Es una victoria de América Latina”, dijo el expresidente Lula, poco antes de finalizar su segundo mandato, cuando Brasil estaba a punto de ser la quinta economía del mundo. Ahora, ni Lula da Silva ni su sucesora Dilma Rousseff han podido participar en el evento. Brasil celebra sus JJOO en plena crisis política, económica y social. La presidenta Dilma Rousseff está apartada de sus funciones desde el pasado 12 de mayo por un ‘golpe de estado parlamentario’. La deuda de Brasil aumenta, el paro también y las amenazas de recortes sociales del presidente interino, Michel Temer, rechazado por el 86% de la población, tienen en vilo a las clases populares del país.

Las escuelas públicas llevan meses en huelga; policías y bomberos no reciben sus salarios a tiempo; los hospitales cierran unidades de urgencia y quitan camas a sus pacientes para reservarlas con exclusividad para los Juegos Olímpicos. Los habitantes de las favelas son algunos de los más críticos: “Nos han quitado nuestras casas, matan a nuestros hijos y llenan de militares nuestros barrios, cómo podemos estar contentos con esto”, dice Eunice Silva. Estos Juegos han provocado el desalojo de al menos 77.000 personas, y Amnistía Internacional relaciona el evento deportivo con el aumento de la violencia policial de los últimos meses: “En mayo la policía militar mató en la ciudad a un 135% más de jóvenes que en el mismo mes de 2015”.

Mientras tanto, millones de televidentes en el mundo apretaban los dientes para que atletas de su país lograran medallas.

 

La Naturaleza multiplica sus alarmas en todos los Continentes: Terremotos (Indonesia, Nueva Zelanda, México,  Nicaragua, Islas Salomón, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea, Kirguistán, Tonga, Ecuador, Chile, Islas Marianas del Norte, Azerbaiyán, Argentina, Japón, Nueva Caledonia, Perú, Italia, Birmania, Isla Ascensión…); riesgos por contaminación generalizada del agua y del aire (amenaza para cientos de millones de personas según la ONU); ciclones, tormentas tropicales, tifones, tornados (México, Isla de Lewis, China, el Caribe, Vietnam, Taiwán,…); sequías (Paraguay, Bolivia, México,…); erupciones volcánicas (Indonesia, Hawai, Alaska, Guatemala, México, Filipinas,…); lluvias torrenciales e inundaciones (Luisiana (EE.UU.) , Birmania, Macedonia, China, India, Virginia, Francia,…); desplazamientos por subida del nivel del mar (como en Shishmaref de Alaska); temperaturas extremas y olas de calor generalizadas (vivimos los meses más calurosos de todos los registrados en la historia). Dejamos aparte otras graves consecuencias producidas por incontables incendios, explosiones de industrias químicas, nuevas enfermedades (chikungunya, zika, dengue, ántrax…), desaparición de especies y pérdida de la biodiversidad, deshielo de glaciares, vertidos de petróleo…

Parece mentira que todo esto haya ocurrido en tan solo tres meses de verano, aunque son fenómenos conocidos en el pasado. Parece mentira que en todos los colegios enseñen idiomas y los seres humanos no seamos capaces de interpretar el lenguaje de nuestra madre Naturaleza, la que nos propició la vida y sus caminos. Parece mentira que seamos tan idiotas, no entendamos sus avisos y sigamos actuando como falsos amos irresponsables…

 

Hubo otros muchos acontecimientos durante estos tres meses (junio-julio-agosto de 2016): Situación de refugiados y “golpe” en Turquía, conflicto en Sáhara occidental, plan expansivo israelí en territorios palestinos con anuencia internacional, Acuerdo de Paz en Colombia….

Curiosamente, todos los sucesos descritos en su conjunto emanan un tufo común ya familiar: olor a dictadura del capital, con sus mecanismos excluyentes y autoritarios, creando víctimas a mansalva y por todas partes del mundo.

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Mirada Solidaria.es

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1 Comentario

  1. Mayte Muñoz

    Me acabas de bajar a la cruda realidad en un zás!!!!

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