El 22 de marzo fue el Día Mundial del Agua. Hasta “Agua” se escribe con mayúsculas ese “Día”.

Aquellas viejas norias, girando con su rosario de cangilones agujereados que depositaban el agua en un conducto para el consumo o el riego, hace tiempo que no giran; en los fondos de los pozos ya no encuentran agua ni esperanza.

 

     El reciente  informe de la ONU asegura que la demanda actual de agua no tiene precedentes e inevitablemente aumentará. La población mundial (6.600 millones de personas actualmente) aumenta 80 millones cada año, y el 90% de los 3.000 millones que nazcan hasta el año 2050 lo harán en países en desarrollo (empobrecidos) donde el agua ya escasea. El aumento de bocas implica también mayor demanda de productos agrícolas, productos que precisamente consumen el 70% del total del agua (la industria consume el 20% y  el uso doméstico el 10%).

Se sobreexplotan los recursos hídricos y, para colmo, los efectos del cambio climático agravarán la situación. Se tomaron medidas para incrementar la producción de biocarburantes, pero no se tuvo en cuenta las consecuencias para la tierra y el agua, dice el coordinador del estudio W. Cosgrove.

El informe reconoce la ineficacia de las redes de abastecimiento y sistemas de riego: en la cuenca del Mediterráneo se desperdicia el 25% del agua en zonas urbanas y el 20% en las acequias.

Y sugiere otras posibilidades: el tratamiento y aprovechamiento de aguas residuales, la desalinización del agua del mar,…

La prosperidad futura depende en gran parte de las inversiones que se efectúen en el sector del agua.

 

     Ese informe de la ONU iba a ser objeto de análisis en el Foro Mundial del Agua, que terminó el pasado 22 de marzo. Como es costumbre, este tipo de Cumbres (de gobernantes y multinacionales) no suelen distinguirse por sus criterios de responsabilidad y, mucho menos, de generosidad.

Veinticinco países rechazaron la declaración ministerial final y suscribieron la suya propia, mostrando así su oposición, por no haberse reconocido el agua como derecho humano básico.

Ante el bloqueo de la organización, y de países como EEUU, Francia, Brasil, Egipto o Turquía,  los 25 estados decidieron reconocer el agua como derecho humano entre los que se hallan Bolivia, Chile, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela. También suscribieron la declaración, Suiza, Benín, Camerún, Chad, Etiopía, Marruecos, Namibia, Níger, Nigeria, Senegal,  Sudáfrica, Bangladesh, los Emiratos Árabes Unidos y Sri Lanka.

 

     El analista Sergio Ferrari califica la situación como el ‘drama’ del agua. La conflictividad a causa del agua  tiende a agravarse con los cambios climáticos.

Las señales son alarmantes: El África subsahariana sufrirá una disminución del 20% de su disponibilidad de agua de aquí al fin del siglo. Y a nivel planetario cerca de 70 importantes ríos están amenazados de secarse por los cambios climáticos y el exceso de consumo.

Un escenario ya dramático donde 1.200 millones de personas en el planeta no cuentan hoy con agua potable y 4.000 niños menores de 5 años mueren diariamente a causa de dicha situación.

Y donde el modelo predominante produce víctimas y cifras escalofriantes. La producción de 1 litro de bio-etanol (combustible vehicular) necesita cerca de 5.000 litros de agua. Un tomate de Marruecos, que será luego exportado, necesita 13 litros virtuales de agua. Mientras que la producción de un vaso de jugo de naranja demanda 170 litros de agua, y una camiseta de algodón necesita 20 mil litros.

Al mismo tiempo, cada habitante suizo utiliza por día (cocina, higiene etc.) 160 litros de agua. Cifra que llega a 4.000 litros por día si se calcula el agua empleada en los alimentos, productos y vestidos importados al país.

“El acceso al agua es un derecho humano fundamental. De su aplicación dependen prácticamente todos los otros derechos humanos esenciales… una parte esencial de los grandes problemas de futuro está ligada al agua… en caso de persistir la actual tendencia, dos tercios de la población mundial, es decir más de 3.5 millones de personas, no contará con agua potable en el 2025…”    (Bruno Riesen, responsable de Amnistía Internacional en Suiza).

 

     Algunos ejemplos de alarmas 

     – Setenta grupos ecologistas piden la expulsión de Repsol de la Amazonía. La rotura de un oleoducto provoca el vertido de 14.000 barriles de crudo en la mayor reserva natural de Ecuador, la reserva ecológica Cayambe-Coca. Más de 1.300 especies animales se refugian en las 400.000 hectáreas de este santuario natural. Varias comunidades indígenas y núcleos de población se han visto afectadas.

Mientras tanto, en España se critica el proyecto de un oleoducto de 200 kilómetros (desde Huelva hasta la comarca pacense de Tierra de Barros) bordeando el Parque Nacional Doñana. Según el coordinador de la Oficina para Doñana “no tiene sentido poner en riesgo un ecosistema único, como es Doñana, por una refinería que se puede instalar en otro sitio”. 

     – Prestigiosos científicos, políticos, economistas y teólogos que asistieron a la Conferencia Mundial sobre el Futuro de la Ciencia, en Venecia, expresaron su preocupación por la escasez de agua potable en el planeta.

Advirtieron que el consumo del agua potable en el mundo se ha duplicado en cien años, mientras que los recursos hídricos ya no responden a tales necesidades.

Según datos de la Comisión Mundial del Agua, cada persona hoy necesita 40 litros de agua para beber, cocinar y asearse. Sin embargo, más de 1.000 millones de personas en 28 países del mundo no tienen esa posibilidad. Así, un habitante de Madagascar necesita repartir 40 litros de agua para cuatro días, mientras que un italiano gasta esa cantidad tan sólo para ducharse. 

     – La Fundación Heinrich Böll Stiftung, en su estudio El agua, nuestro bien común, sostiene que la mercantilización del agua es el negocio por el cual apuestan los grandes grupos empresariales, distanciando a las poblaciones de poder hacer pleno uso de ese recurso.

El informe señala que las empresas transnacionales consideran “al agua como una mercancía que puede comprarse y venderse, no como un bien común, y están abocadas a crear un cártel parecido al que hoy controla todas las facetas de la energía, desde la exploración y la producción hasta la distribución”.

Agrega que esas entidades igualmente “controlan el comercio del agua virtual, compran derechos de acceso a las aguas subterráneas y las cuencas hidrográficas en su conjunto, para adueñarse así de grandes reservas hídricas; compran y venden acciones en una industria creada para multiplicar exponencialmente sus ganancias en los años por venir”.

En Argentina, el proceso de privatización no favoreció a la población, en opinión de la abogada Ana Claudia Vaughan: “La mayoría de las empresas no cumplieron con los compromisos de mejorar o modernizar las plantas que recibieron para ofrecer los servicios. Además, las tarifas no fueron más accesibles… esto genera la venta ilegal o el uso de agua no segura, lo que afecta a las poblaciones más vulnerables”. 

     – En el Día Mundial del Agua, la Asociación Nicaragüense de Afectados por Insuficiencia Renal Crónica (ANAIRC) y el Movimiento Social Nicaragüense (MSN) permanecen movilizados buscando una negociación con el poderoso Grupo Pellas, para que indemnice a los trabajadores azucareros del Ingenio San Antonio por los daños ocasionados a su salud.

El tema de la contaminación por agrotóxicos de los recursos hídricos de la zona occidental de Nicaragua está en la base de las denuncias. Eso ha supuesto la condena a muerte de miles de trabajadores y habitantes de la zona por consumo de agua contaminada.

“En la zona donde vivimos han pasado décadas tirando cualquier tipo de agrotóxico, y eso ha contaminado gravemente los mantos acuíferos, los ríos. En el Ingenio San Antonio era normal tirar los residuos de químicos de las bombas de riego en los ríos. El agua es vida y nuestra lucha es sobre todo para las futuras generaciones, para los niños y niñas que están viviendo en estas zonas y para los que van a nacer en el futuro, para que no les toque vivir lo que ha pasado a todos nosotros”, manifestó Juan Martínez, ex trabajador del Ingenio San Antonio. 

    

     ¿Tan difícil resulta comprender que el acceso al agua es un derecho humano fundamental ligado a la salud y a la vida?

¿Cuesta tanto entender que el agua es un bien social inalienable, que deben garantizar los Estados primando el consumo de la población?

¿Por qué tanta dificultad para percibir que el agua es patrimonio de los pueblos y países donde el recurso se encuentra? Los pueblos que no ejercen la soberanía efectiva sobre sus bienes para explorarlos y utilizarlos en beneficio propio, cuidándolos para generaciones venideras, en armonía con la tierra y la naturaleza, estarán siempre de rodillas ante los organismos financieros y económicos internacionales, ante las multinacionales y la potencia imperial de turno, decía el comunicado del MSN.

¿No es el agua un bien común tan necesario como lo es el oxígeno para la vida? ¿Cómo es posible que se trate como una “mercancía”, convirtiéndola en fuente de inequidad?

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