Es propio que “salvaguardar la soberanía” tenga que ver con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, como un derecho de los pueblos.

Es natural que los derechos humanos y derechos de los pueblos se protejan y refuercen con acuerdos internacionales.

En los últimos meses, se repite como estribillo en los Medios, en boca de diversos gobernantes de China, de Marruecos, de Venezuela, de R.P.D. de Corea,…

Lo que resulta extraño es que, al mismo tiempo que se habla de “salvaguardar la soberanía”, no se hable de Derecho Internacional o de Acuerdos diplomáticos, sino de medidas de fuerza.

¿Es, una vez más, la fuerza el argumento más convincente y más racional?

                Para salvaguardar su soberanía, China aumenta su presupuesto de Defensa un 15% más que el año pasado. Es el ejército con mayor número de soldados en el mundo. Con todo y con eso, China no alcanza el 2% del PIB nacional en gastos de defensa como gastan Francia o el Reino Unido y menos de la mitad del gasto de Estados Unidos (un 4% del PIB).   (EFE – Pekín – 04/03/2009)

 

     Con motivo de las elecciones norteamericanas y la elección de Obama como presidente, todo el mundo hablaba de “cambio”. Lógicamente de “cambio a mejor”. Prensa nacional e internacional, partidos de izquierdas y de derechas, ideólogos y organizaciones,… todos sentían la llegada de tiempos nuevos, de un cambio positivo para Estados Unidos y, en consecuencia, para todo el mundo.

Pero un pueblo está decepcionado: Afganistán. La palabra “cambio” la consideran con escepticismo.

      Una sencilla operación aritmética revela que los once primeros días bajo el mandato de Obama fueron entre un 18-50% más mortíferos para los civiles afganos que los veinte días bajo el régimen de Bush.

Durante enero de 2009, doce acciones de las fuerzas de EEUU y la OTAN (incluido un accidente de carretera donde un vehículo blindado militar antiminas MRAP aplastó un coche civil afgano) ocasionaron la muerte a unos 90 civiles afganos.    (Rawa.org, 25/02/2009)

En 2008 hablan de más de 900 víctimas civiles.

Cada vez más analistas se preguntan si Afganistán va  a ser el Irak de Obama. ¿Ese sería el ‘cambio’ para los afganos? El nuevo presidente está metiéndose en las mismas peligrosas aguas y los deplorables consejos de los estrategas que creen en la “guerra contra el terror”.

 

     No sólo en las películas, también a través de los reportajes estamos acostumbrados a ver a los “aguerridos soldados norteamericanos”, valientes, disciplinados, preparados para atacar y matar en defensa de los intereses de su país. El cuerpo de Marines o de infantería utiliza una gran variedad de cohetes de fuego directo y misiles como fuerza ofensiva y capacidad antiblindaje defensiva.

¿Cómo explicar, entonces, y cómo entender, que se estén disparando los suicidios dentro del ejército estadounidense?

     Se habla de 143 suicidios entre soldados activos en 2008, un 11% más que el año anterior. ¿Debido al estrés por las guerras de Irak y Afganistán?   (REUTERS – 30/01/2009)

¡Tan preparados para matar, que se matan a sí mismos!

¿Y cuántos terminan locos…?  Para que luego nos hablen de guerras humanitarias, de armas inteligentes, de respuestas bélicas racionales,…

 

     En nuestro mundo moderno se presume de “libertad”. Derecho a la libertad, libertad de opinión, libertad religiosa, libre mercado,…

Pero últimamente otra palabra le hace la competencia: seguridad.

La libertad cautiva, encierra, dice Gorka Andraka. Cuanto más libres, más cárceles. Y más llenas. A este desenfrenado paso, llegará el día en que seamos más dentro que fuera.

      El 1% de la población estadounidense, dos millones y medio de personas, está presa. La tierra del liberalismo infinito presenta la tasa de encarcelados más alta del mundo.

También en España presumimos de libertad. El Estado español ostenta este año la tasa de reclusos más alta de Europa (157 por cada 100.000 habitantes).

Parece que nuestra libertad siempre ‘merece la pena’.

 

     El progreso suele medirse por los avances de la “tecnología”. Internet, consolas de juego,  pantallas de plasma, comunicaciones a nivel planetario, aviones ultrasonido, autos ‘fantásticos’,… Progresar más para vivir mejor, ese sería el objetivo de la tecnología.

Pero una vez más aparece la paradoja: Las mayores inversiones mundiales en tecnología e investigación se hacen  en el área militar y armamentista. Es la tecnología más avanzada: los aviones más rápidos, los misiles más ligeros, de más largo alcance y más eficaces, instrumentos de comunicación velocísimos,…Las guerras del futuro no necesitarán soldados, los bombarderos serán operados a distancia, helicópteros sin piloto coordinarán misiones terrestres, submarinos sin marineros a bordo lanzarán misiles crucero.

       En los años 60 la producción de armas absorbía la mitad de la inversión de capital de todo el mundo. Todas las innovaciones significativas de las últimas décadas fueron inicialmente concebidas en la órbita militar. Se transfirieron a la esfera civil, luego de su prueba y experimentación en el sector bélico (circuitos integrados, semiconductores, computadoras, transistores, energía nuclear,…). Esta rama monopoliza hasta el 30% de los investigadores, científicos e ingenieros y absorbe dos tercios de la totalidad del presupuesto de investigación de la principal potencia mundial. Estados Unidos llega a invertir el 66% de su presupuesto de investigación en el área militar. No importa que el artefacto militar cueste 20 veces más que su equivalente civil y desconozca todo tipo de restricciones ambientales… (NUEVA SOCIEDAD NRO.138. Katz, Claudio) 

¿Eso es el progreso? ¿O sea, que el más avanzado es el que mata más eficazmente? ¿Por eso es que hay tantas películas y tantos juegos y juguetes de guerra? ¡Educación para el progreso!

 

     Conclusión: ¡Cuántos malentendidos existen en una sociedad militarista!  Cuántos malentendidos hermanados con la muerte.

El ser humano no se reconoce cuando se mira al espejo del progreso.

www.miradasolidaria.es

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