Yo no sé si te sirvo hermano mío
para calmar la sed de la esperanza.
Solo sigo los pasos de mi sangre
y arremeto con fuerza a la nostalgia.

 

Pasarán cual agua clara mis palabras
refrescando la dureza de lo humano.
Resistir es la consigna que te ruego
por un suelo de todos y de hermanos.

 

No seré un solitario sin destino.
Creo en vos y en mí como bandera.
Un estrella te pido como guía
para el sueño que nazca en primavera.

 

Será tiempo para amar lo que es olvido.
No hay barreras que puedan con el viento.
Caerán los dioses armados de tristeza,
con los pueblos detrás de sus tormentos.

 

Habrá paz y sonrisas en las plazas.
Los niños ríen mientras nace la mañana.
Vino y pan florecerá en las mesas,
con la suma de canciones esperadas.

 

Te convoco a la lucha impostergable,
por los tiempos del fin de soledades.
La poesía, la canción y una palabra,
harán un coro de caricias fraternales.

 

Buscaré y buscaremos los poetas
que celebren el canto de la gente.
Los jóvenes despertarán del llanto,
con un grito libre… ¡Hasta la muerte!

 

                  Miguel  Longarini

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