Suelo recibir muchos correos. Muchos de ellos son pura basura. Muchos de ellos me predican sobre amor y perdón. Muchos de ellos culpan a la víctima. Muchos de ellos dictan a la víctima qué palabras, qué sentimientos, qué pensamientos debe tener o no tener. Muchos de ellos hablan de que la víctima es una cosa amarga, enojada y odiosa. Pero ninguno de ellos, NINGUNO reconoce una responsabilidad COMPLETA. Ninguno.

Para mí eso es ya el colmo de la arrogancia. El epítome de la inmoralidad. La ausencia final de cualquier forma de ética. Eso es para mí la imagen de unas naciones condenadas, decadentes, degeneradas, a nivel intelectual, social, político y moralmente putrefactas denominadas EEUU y “Gran” Bretaña.

 

     Ya saben que conozco bastante bien su cultura, sus líneas de razonamiento, la forma en que procesan sus pensamientos, la forma en que interactúan… LES conozco. Les conozco por dentro y por fuera y puedo entender que odien tanto eso.

He oído tanto que Vds. se manifiestan, debaten, defienden, expresan, piensan y racionalizan.

En cuanto a Vds. se refiere, son muy meticulosos en relación con sus derechos. Articulan muy bien sus necesidades, querencias y deseos. Son muy fastidiosos sobre lo que creen que está bien o está mal. Exigen ser escuchados. Requieren una audición. Presionan en busca de respuestas. Buscan soluciones para Vds., Vds., Vds., Vds…

 

     Y sobre todo no paran de quejarse de que todas sus necesidades tienen que ser inmediatamente VALIDADAS.

Y siguen con su rollo declarando categóricamente: Mis sentimientos son importantes. Lo que yo pienso es crucial. Hey, aquí tengo mis derechos. Soy un individuo. Esto no es así. Eso no es aceptable. No toleraré eso. Esto está equivocado. Esto es…

¿A que hacen eso? Sí, lo hacen.

Porque piensan que son muy importantes. Piensan que su vida es muy preciosa y quieren conseguir lo mejor. Creen que tienen derecho a todas las modalidades de la Justicia. Llegarán hasta donde consideren necesario para conseguir lo que es justo. De los tribunales, de la policía, de cualquier autoridad sobre la que puedan poner sus manos.

Su problema puede ser grande o pequeño, no importa. Tienen derecho. Es mi derecho, se dicen a Vds. mismos.

 

     Hacen eso. Sé que lo hacen. SÉ QUE LO HACEN.

Vds. son ese tipo de individuos tan especiales, ¿verdad? Tan “caritativos” cuando necesitan serlo y tan duros y apremiantes cuando es necesario. Tienen sus fronteras y sus límites. Tienen carteles por todas partes que dicen “no traspasar”… Son tan civilizados y tan evolucionados comparados con otros, los seres de “índole menor”.

“Los de índole menor”, esos que cogen como objeto de curiosidad porque quieren aprender cómo los otros piensan y sienten. Siempre que el otro no traspase los límites que le han impuesto. Mientras el otro no les diga la verdad a la cara. Mientras el otro no se les resista a Vds. y a sus maneras.

Si el otro se atreve a expresar algo o a quejarse, sus sucios dedos apuntan rápidamente en su dirección y se quedan traumatizados porque el otro no es agradecido con Vds.

Quieren alguien a su propia imagen y semejanza. En realidad son los mayores farsantes y las naciones más hipócritas que he visto nunca. Y créanme que he visto bastantes.

Pueden odiar y oprimir con impunidad. Pueden tratar a los demás con brutalidad, violar y torturar con impunidad. Pueden destruir y matar con impunidad. Pueden saquear y arruinar las vidas, millones de vidas, con impunidad. Pueden contaminar a las futuras generaciones con sus hechos… Pero no paran de pensar en sus necesidades. Así es, están dispuestos con tanta rapidez a apuntar hacia sus víctimas, hacia los receptáculos de su propio odio, de su propia injusticia…

 

     Son tan estupendos haciendo eso, pero no conmigo. No conmigo, hijos de puta. Les conozco demasiado bien. Tan condenadamente bien. Y sé que odian mucho que se les conozca. Y cuanto más lo odian, mejor me siento, porque para mí son transparentes.

Están como desnudos frente a mí. Totalmente desnudos. Están desnudos con sus pensamientos y sus hechos. Sus pensamientos y hechos colectivos. Su arrogancia está ahí, su rechazo está ahí, su odio está ahí, sus crímenes están ahí. No pueden esconderlos de los millones de iraquíes y afganos cuyas vidas han destruido totalmente. TOTALMENTE DESTRUIDAS.

 

     Pero quieren algo que dé validez a sus sentimientos, ¿verdad? Olvídenme, bastardos. No van a conseguir ninguna validación de mí.

¿Quieren construir puentes de entendimiento y misericordia? Muy bien, cabrones.

Reparen todo el daño que han hecho y devuélvannos a los muertos inocentes. Devuélvannos nuestros miembros, nuestros ojos, nuestras manos, nuestros pies, nuestros seres queridos, nuestros hogares, nuestras vidas… Devuélvanles TODO lo que les arrancaron y entonces podremos hablar de amor y perdón.

Pero no pueden. Nunca podrán hacerlo. Sólo sirven para destruir. Sólo sirven para aniquilar lo que no pueden tener, lo que no pueden poseer.

No, no son animales, son menos que animales. Y si el título no les resulta adecuado, pongan el que les dé la gana.

 

Layla  Anwar

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