Un llanto a la libertad

 

¿Cómo puede darse un Premio a la Libertad a quien la está asesinando?

“A hurtadillas” tuvo que concederse un Premio a la Libertad, en nombre de la ciudad de Cádiz pero a espaldas de la corporación municipal, lejos de Cádiz, donde 150 organizaciones sociales y centenares de personas mostraban su oposición.

“A escondidas” se tuvo que entregar el premio en Madrid, cambiando repentinamente de la Casa de las Américas a la residencia del embajador de Colombia, para eludir las presiones de numerosos manifestantes contra dicha concesión.

“Con alevosía”, el 29 de abril, la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, consiguió hacer entrega del Premio Cortes de Cádiz a la Libertad al presidente colombiano Álvaro Uribe, “por su labor de profundización, difusión y extensión de la Libertad y por su lucha contra el terrorismo”.

¿La libertad se merece tanta paradoja?

¿Cómo puede premiarse a un terrorista por su lucha contra el terrorismo?

Uribe está actualmente denunciado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, por la Corte Penal Internacional, por Amnistía Internacional, por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), por la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), por el Tribunal de los Pueblos, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por el decimocuarto Foro Social de Sao Paulo y por 400 ONG de Colombia, entre otros, por sus numerosas violaciones a los derechos humanos.

¿Qué libertad se está premiando? ¿Se está premiando las 1.122 ejecuciones extrajudiciales cometidas por grupos paramilitares y fuerzas de seguridad durante el mandato de Uribe? ¿Se está premiando  los asesinatos de miles de campesinos, indígenas, sindicalistas y activistas de derechos humanos (2.245 en los últimos años)? ¿Se le está premiando por los cuatro millones de personas forzosamente desplazadas en Colombia? ¿O se está premiando la corrupción electoral y administrativa que ha llevado a la cárcel a decenas de diputados del partido oficialista de Uribe, además de alcaldes y otras autoridades?

La Delegación de parlamentarios británicos y sindicalistas estadounidenses, canadienses y británicos (“Justicia por la Paz”), tras finalizar su visita a Colombia en el pasado mes de abril, declararon a Uribe “cómplice de crímenes de lesa humanidad”.

¿Por qué la libertad ocupa un escaño más bajo que el protocolo?

A la entrega del Premio asistieron los democráticos Príncipes de Asturias, los ‘populares’ D. Rodrigo Rato y D. Mariano Rajoy y algunos personajes de la “vida social” como la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada.

La guinda la puso el propio presidente Uribe dedicando su premio a los soldados y policías mutilados (¡precisamente…!)

El primer Premio de las Cortes de Cádiz a la Libertad ha sido un insulto a la inteligencia, un descrédito para el propio premio, una vergüenza para la ciudad de Cádiz, una ofensa a los defensores de los derechos humanos y un llanto a la libertad.

 

     Otro llanto a la solidaridad

 

‘Solidaridad a sueldo’ titula Santiago Alba Rico a su artículo. Viene a decir que las sociedades occidentales prefieren simpatizar con los fuertes y famosos que con los débiles y desconocidos. Se preocupan más por el sufrimiento de John Travolta o de la princesa Letizia que por el de los «nadies».

¡Qué manera de vaciar ideológicamente a las grandes palabras!

¡Otra vez la ‘libertad’!  ¡Capacidad de elegir libremente la necesidad ajena!

¿Es posible interesarse por el dolor de un hombre que no es pariente nuestro, de un niño que no hemos educado, de una mujer a la que no hemos amado nunca?

¿Es posible elegir como igual estricto a un desigual lejano, como afín completo a un extranjero remoto?

El capitalismo, que licua todas las consistencias y sólo permite los vínculos débiles del consumo, desactiva sin interrupción las conexiones políticas y morales con los otros.

La llamada indiferencia se convierte en una fluyente corriente de simpatía mayoritaria, originalmente justa, hacia los injustos: los ricos, los poderosos, los famosos y hasta los asesinos.

La solidaridad pasiva con los fuertes constituye un formidable soporte social de la fuerza que, del otro lado, persigue y criminaliza la solidaridad con los débiles y los justos.

La gripe porcina es un ejemplo más. El nivel de alerta de una epidemia (marcado por la OMS) se eleva directamente proporcional a su cercanía geográfica a una potencia mundial (occidental).

Solidaridad y sueldo comparten también la misma raíz etimológica. Lo único sólido es el sueldo.

Nueva paradoja: ¡Solidaridad asalariada! Solidaridad escuetamente administrativa, sin electricidad ideológica, que se utiliza para encubrir y reproducir los conflictos de clase, las desigualdades, la fuerza de los fuertes, bajo una institucionalización fraudulenta y monopolista.

Están los ejércitos «humanitarios», dotados de medios y poder para la intervención, con sus monstruosos soldados solidarios distribuyendo cadáveres y mantas para cubrirlos.

Está el sarampión de las ONG, filiales posmodernas de los gobiernos dedicadas —salvo excepciones— a «desmoralizar» y «despolitizar» todos los escenarios de pobreza o de violencia. Es decir: a despuntar y vaciar de contenido el concepto original de «solidaridad» para convertirlo —a la medida del contrato capitalista— en un intercambio individual entre desiguales.

Así es como los occidentales hemos acabado por dejar fuera a todo el resto del mundo: pagamos sueldos a solidarios especializados y nos solidarizamos, no con las víctimas, sino con los solidarios a sueldo (y con sus gobiernos).

Más allá de ese círculo virtuoso, sólo hay ya desgraciados y desalmados o, lo que es lo mismo, aterrorizados y terroristas. Y cada vez es más difícil distinguirlos.

Triste imagen: ¡Daría la vida!  El 2 de mayo, lo decía un adolescente en televisión: ¡Daría su vida por que el Real Madrid ganara el partido de fútbol al FC. Barcelona!     

 

El mochuelo

(mayo-2009)

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