El 12 de mayo tan sólo hace un año… y mucha gente ni lo recuerda.

¡Vamos tan deprisa, ocurren tantas cosas, nuestras mentes están tan ocupadas, que la amnesia se encuentra como en casa!

El seísmo de Sichuan (China) supuso la muerte de 87.000 personas, cinco millones de habitantes sin hogar y entre 7.000 y 9.000 menores fallecidos.

El ministro de Vivienda, Jiang Weixin, reconoció entonces que “no podemos descartar la posibilidad de que hubiera un trabajo y unos materiales de ínfima calidad”.

Mu Yongxian, de profesión constructor y que perdió a sus dos hijos en el terremoto (a su hija en una escuela; a su hijo, soldado, mientras ayudaba en las labores de rescate), advierte de que no piensa pasar página. “Es totalmente obvio que si hubieran seguido el diseño original, el número de muertos no habría superado los 1.500… He jurado a mi hija que nunca dejaré de buscar justicia. Ha pasado un año y estoy agotado, pero seguiré luchando mientras siga respirando, y estoy seguro de que más padres aparecerán en la escuela el día 12 de mayo para expresar nuestra rabia”.

Inversiones nacionales y algunas extranjeras están recuperando construcciones, pero las vidas no pueden recuperarse…

El viento no pudo llevarse tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta ausencia…

 

     Probablemente sea la palabra más escuchada durante el último año: CRISIS.

Cumbres de “urgencia” del G-8, del G-20, del FMI y del Banco Mundial,… Medidas de “urgencia” de todos los gobiernos y potencias económicas… Inyecciones supermillonarias de “urgencia” a los bancos y financieras…

También aparecieron preguntas de “urgencia” por todas partes: ¿Por qué la crisis, quiénes son los culpables,…? ¿Para quién la crisis, quién la pagará,…?

Dicen que desapareció la cuarta parte de la riqueza del mundo y tras ella los neoliberales. Ellos, los defensores del excelente sistema neoliberal que arruina a millones de personas (las más débiles, claro está). Enemigos de las intervenciones de los Estados en el comercio, ahora abrazan a los Gobiernos con sus bolsillos de par en par para ser compensados con dinero público por la reducción de sus beneficios. Pero aún tienen la desvergüenza de proponer que los platos rotos los pague el trabajador.

Los neoliberales andan escondidos… Sus Bolsas y la especulación les han hecho mucho más ricos (Por ejemplo, en 2003 los paquetes accionariales de las 20 mayores fortunas españolas en Bolsa valían 16.628 millones de euros y a finales de 2007 se tasaron en 54.000 millones, en 4 años multiplicaron por tres su valor).

 

     Otros no son los culpables pero son los paganos: La OIT predice que para fines de 2009 se perderán otros 51 millones de empleos en el mundo y ascenderás a 231 millones. La Unión Europea alcanzará  los 21 millones de parados, en China perdieron sus trabajos 20 millones, España sobrepasó los 4 millones de parados,… ¿No fueron los trabajadores quienes históricamente más colaboraron en la producción de la riqueza de los ricos, aparte de los grandes latrocinios de éstos? ¿No es también de los trabajadores el dinero público inyectado a las financieras? Resulta asombroso que salgan gobernantes, como el español, con sus  grandes conocimientos económicos, diciendo que para mejorar la economía nacional hay que consumir más y sobre todo productos nacionales. ¿Oiga, y cómo se compra sin salario?

Los países occidentales han endurecido aún más sus leyes de inmigración, sus “Directivas de retorno”, sus “Muros de la Vergüenza”, contra los inmigrantes legales e ilegales. Se quiere expulsar a decenas de millones de personas inmigrantes. Italia acaba de aprobar una ley que convierte en delito la inmigración clandestina y algo parecido se cuece en otro proyecto de ley español. ¿No se abrieron históricamente las puertas a esclavos e inmigrantes para explotarlos en beneficio del bienestar de Occidente? Otra vez la amnesia afecta a países con gran experiencia emigratoria en el pasado.

Las economías desarrolladas disminuyen sus importaciones desde las subdesarrolladas, condenándolas a muerte. La crisis se desplaza hacia las víctimas tradicionales. La crisis elevará las cifras de 2.553 millones de personas (30% de seres humanos en situación precaria), señala Luis Britto.

El viento se llevará los cantos de sirena de los políticos y gobernantes, pero no el sufrimiento de tantas familias de parados, inmigrantes y países empobrecidos.
 

     Probablemente sean los acontecimientos menos analizados, pero más sangrantes: LAS GUERRAS.

Las cifras de horrores son incalculables. Humanamente da vergüenza asomarse.

Las grandes potencias, principales promotores y culpables de los conflictos, tienen a todos sus medios de comunicación trabajando de enterradores, necesitan que la amnesia trabaje a destajo, que las crueldades se trasladen al mundo del cine y de la ficción.

Tremendos esfuerzos para desviar la atención, para adormilar conciencias, pero el viento no se puede llevar tantas víctimas inocentes, tanta injusticia, tanta salvajada provocada principalmente por intereses económicos.

Las víctimas civiles se cuentan por millones, las personas refugiadas obligadas a abandonar su país y sus tierras se cuentan por decenas de millones,…

¡Qué gran suerte la nuestra por no haber nacido unos kilómetros más allá: En Irak, en Afganistán, en Liberia, en la República Democrática del Congo, en Somalia, en Sudán, en Etiopía, en Pakistán, en Zimbabue, en Sri Lanka, en Palestina, en Colombia,…!

Obama recurrió al viejo slogan: “Tenemos que mirar hacia adelante y no hacia atrás”. Y los dirigentes del mundo cantan a coro: “No volvamos la mirada al pasado, sino al futuro”.

Millones de víctimas inocentes ya no tienen futuro, sólo pasado. Las guerras actuales no son del pasado son del presente.

Las torturas y las injusticias no pueden ocultarse con impunidad. Los mismos que quieren taparnos los ojos y las conciencias, son quienes defienden que la Justicia es ciega. Su Justicia es una ciega que ve muy bien.

Que no es bueno hurgar en la sangre, nos dicen. Pero la dimensión humana de nuestro ser exige resistencia; dejémosle resistirse, no le obliguemos a comulgar con ruedas de molino.

Tal vez un sano ejercicio de mantenimiento personal sea sencillamente el de analizar las guerras actuales: sus causas, sus consecuencias, y especialmente sus víctimas inocentes.

 

     No caben en un comentario las urgencias de nuestro mundo. Un mundo dominado por unas potencias, que aún no pueden manipular el viento de la libertad, el viento que no arrastra ni entierra las injusticias ni el dolor de la Humanidad. Ese es el viento que reivindicamos.

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