Mentira atmosférica

 

     Venía el personal un tanto alborotado. Cada cual quería sacar un tema distinto de conversación.

Y eso era un lío, porque el mesecito de mayo ha venido bien repleto

– la crisis como bandera y como excusa de los pudientes, para seguir sacando ganancias en río revuelto;

– la declaración de la renta y las múltiples estrategias para beneficiarse (hasta la iglesia católica haciendo propaganda en busca de la cruz, pero la cruz en su casilla de la renta);

– el paro creciendo como una mancha de aceite, y con el paro la preocupación de muchas familias y el miedo;

– el triple triunfo del FC.Barcelona y el apasionamiento de esas masas, tan peligrosas como impersonales, (que no necesitan ser motivadas, ni alentadas, ni convocadas para manifestarse ardorosamente);

– los problemas hipotecarios y la angustia de miles de personas que ven a los bancos arrebatarles sus casas y sus ilusiones, mientras los gobiernos nacional y autonómicos siguen haciendo planes de humo al respecto;

– los bancos a lo suyo, ideando estratagemas para seguir ganando a espuertas, caiga quien caiga;

– los políticos entretenidos con las elecciones europeas, restregándose basura mutuamente y echando toda su carne en el asador para conseguir que vayamos a votar y les entreguemos nuestro voto para alcanzar su poltrona en la Unión Europea, cuya constitución ni siquiera nos permitieron votar a las ciudadanías europeas;    

– las pateras llegando a nuestras costas cada vez en peores condiciones y dejando un rastro de muertos tras de ellas, mientras en toda Europa se  endurecen aún más las medidas para impedir el ingreso de inmigrantes pobres (se nos olvidó que son seres humanos antes que extranjeros);

– los representantes sociales –la patronal y los sindicatos- dorando la píldora gubernamental y ejerciendo de palmeros del gobierno, cuando no de bomberos sociales;  

– salieron a la luz casos de corrupción de políticos y gobernantes, pero sólo los que permiten los propios políticos, para desprestigiarse solo lo suficiente (“entre bomberos no se pisan la manguera”);

– mientras tanto, continúan las disputas autonómicas por sacar mayor tajada del pastel nacional;

– se publicó el Informe “Pederastia en la Iglesia Católica”, un vergonzoso catálogo de crueldad, abandono, abuso físico, sexual y emocional perpetrado contra 35.000 niños en instituciones de la Iglesia, y que conocía y silenciaba la jerarquía irlandesa; etc.

Y en medio de todo eso, la ciudadanía, la gente por la calle esperando el cambio de semáforo y, si es posible, el cambio de aires…

    

     Alguien de la reunión  trató de encauzar la conversación y se fue al fondo como los submarinistas:

– ¿No os parece que tras estos temas hay un denominador común de falta de honradez, y que la mentira es una atmósfera social?

– Tal vez sí. La mentira se ha convertido en rutina. Mentiras en todos los niveles del espectro social, pero que,  por sus consecuencias, revisten especial gravedad cuando se convierten en habituales en el ámbito de la política, de los negocios, de las religiones, de los tribunales de justicia.

– No es extraño que la publicidad sea un signo de los tiempos, es la bandera universal.

– Efectivamente, se miente con suma facilidad en los negocios con tal de ganar más dinero. Lo mismo sucede cuando se está en el poder para mantenerse en él o para conquistarlo. O cuando se intenta, sin reparar en medios, conservar el prestigio personal y social.

– ¿No os parece que esto es un claro indicio de deterioro ético? El desprecio a la verdad es una ofensa a las personas y  a la sociedad. Las relaciones personales se deterioran, crecen las mutuas desconfianzas y la convivencia social huele a podrido.

– Esto explica que exista ese clima raro y confuso,  en el que se impide que salgan a la luz muchos de los problemas reales que nos asedian.

– Además, ocurre otra cosa: como no sabemos, en muchas ocasiones, quién dice la verdad y quién es el mentiroso, pues es lógico que mucha gente termine pensando que todos mienten por igual.

– Precisamente esta ceremonia de confusión es el mejor caldo de cultivo para los corruptos.

– Pero esto mismo ocurre a nivel de calle: Domina la creencia de que cualquiera nos puede engañar, de que la gente va por la vida a la caza de la mentira y el engaño, y para evitar sorpresas desagra­dables, optamos por no fiarnos de nadie. Es el famoso “piensa mal y acertarás”.

– Quillo, veo que estamos aquí todos con la barrena dale que te dale. Me estaba acordando del gusto que da en algunos pueblos pequeñitos cuando ves a la gente respirar libertad, alegría, paz…y seguramente eso se debe a la mucha confianza que tienen entre sí…

    

     La conversación continuó, acompañada de nuestro traguito de rigor, que para alguien ya se limita a una cervecita sin alcohol. Las limitaciones son limitaciones, ¿no les parece?, pero el arte está en  llevarlas con dignidad.

Efectivamente, no se quiso hacer sangre de los temas apuntados al principio, aunque “estaban a huevo”. De todas maneras, la mayoría de la población sabemos qué baraja se usa en esta mesa de juego social.

El caso es que el tema dio para rato y ahí fuimos rascando en el trasfondo de nuestra realidad social, con intención de explicar muchos gestos que están a la vista: Cada día más, cerramos con más llaves y rejas no sólo nuestras casas y cosas, sino también a nosotros mismos. O ese jodido afán en vender la propia imagen, o nuestra buena acción como mercancía que siempre debe reportarnos algún tipo de beneficio. O ese clima de embuste, de espionaje, de chantaje, propio de quien defiende u oculta unos intereses, que a la vez es terreno abonado para las injusticias y las artes de corrupción.

En fin, somos gente moderna y se nos llena la boca hablando de progresismo social, pero cuando la palabra dada apenas cuenta, cuando la mentira se convierte en el arma normal para defender intereses propios u ocultar otros inconfesables, cuando la sospecha es una premisa habitual para andar por la vida, significa que pintan bastos, que lo que progresa es un cierto retroceso social.

Y claro está, en estas circunstancias, la lucha por la transparencia y la claridad significa apoyar la ética ciudadana y la convivencia social.

Alguien volvió a recordar que esta conversación tenía mucho que ver con los acontecimientos ocurridos en el mes de mayo arriba reseñados y terminó citando al sicólogo austríaco, Alfred Adler:

Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa.

 

Apostillando: Las mentiras tendrán las patas cortas,

                                pero bien sirven a los corruptos de manos largas.

 

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