Ídolos: Los ídolos no nacen, se hacen. Los hubo desde la antigüedad. En la antigüedad los conformaban con ofrendas y reconociéndoles autoridad indefinida. Los ídolos actuales, al encontrarse dentro del Mercado, lo que reciben son muchísimos millones (deportistas, artistas,…), pero tienen caducidad a corto plazo. Los antiguos iconos han pasado a ser modernas “estrellas”, aunque fugaces.

Los intermediarios siguen en el juego, antiguamente los brujos, más tarde los curas, actualmente también los presidentes de clubs y representantes.

Las fieles masas, sin importarles sus distintos niveles económicos, sus diferentes credos y religiones, se unen y reúnen eufóricas para adorar a sus ídolos.

Ante el triunfo de temporada, centenares de miles de fieles se manifiestan ardorosamente sin necesidad de ser convocados; los trofeos son ofrecidos solemnemente a los santos o vírgenes del lugar; los gobernantes abren sus balcones institucionales desde donde los ídolos pueden dirigirse a las masas y alentarles y agradecerles, para después ser expuestos en autobuses descubiertos, procesionando por las más importantes avenidas, repletas de sumisos seguidores que gritan hasta enronquecer.

 

     Guerras mentirosas: La guerra de Irak nació de la necesidad de corregir el error que la Geografía cometió cuando puso el petróleo de Occidente bajo las arenas de Oriente, pero ninguna guerra tiene la honestidad de confesar:  Yo mato para robar.

Una multitud perdió la vida en Sudán, entre fines del siglo veinte y principios del veintiuno, en una larga guerra petrolera que se disfrazó de conflicto étnico y religioso. Torres y taladros, tuberías y oleoductos brotaban, por arte de magia, sobre las aldeas incendiadas y los cultivos aniquilados. Y en la región de Darfur, donde continuó la carnicería, los nativos, todos musulmanes, empezaron a odiarse cuando se supo que podía haber petróleo bajo sus pies.

También dijo ser guerra étnica y religiosa la matanza en las colinas de Ruanda, aunque matadores y matados eran todos católicos. El odio, herencia colonial, venía de los tiempos en que Bélgica había decidido que eran tutsis los que tenían vacas y hutus los que trabajaban la tierra, y que la minoría tutsi debía dominar a la mayoría hutu.

En estos años, otra multitud perdió la vida en la República Democrática del Congo, al servicio de las empresas extranjeras que disputaban el coltán. Este mineral raro es imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles, computadoras, microchips y baterías que usan los medios de comunicación, que sin embargo se olvidaron de mencionarlo. (1)

 

     La cruz: La cruz cristiana ha sido el símbolo más popular en la cristiandad. Su origen se refiere al método de ejecución de Jesucristo y para los cristianos significó un “árbol de salvación”. Las palabras “cruz” y “crucifijo” provienen del verbo latino cruciare (torturar).

La moderna jerarquía católica lucha ardorosamente por la “cruz”, pero la cruz en el casillero de la iglesia católica en la Declaración de la Renta. Un nuevo símbolo que significa mayores ingresos. Demostración clara de cómo un mismo símbolo puede perder su sentido o adquirir incluso sentido contrario al original. En estos días, la alta jerarquía española (Conferencia Episcopal Española) se pavoneó en público hablando de miles de millones de euros.

¿Cuál es el motor que impulsa tan drástico cambio simbólico? Lo nombró, queriendo o sin querer, el  vicesecretario de Asuntos Económicos de la CEE, Fernando Giménez Barriocanal: “En coste de Mercado, las horas empleadas en la actividad pastoral supondrían incrementar las necesidades de fondos en un 250 por ciento”. “Es decir, que la Iglesia realiza con un euro un trabajo que vale 2,5 euros”, añadió Barriocanal.

El Mandamiento del Amor sustituido por la Mandamiento del Mercado.

 

     Muros: El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro dela Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro…

Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros brotaron, y siguen brotando, en el mundo. Aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.

Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.

Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y será quince veces más largo que el Muro de Berlín, y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que perpetúa el robo dela patria saharaui por el reino marroquí y mide sesenta veces más que el Muro de Berlín.

¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? (2)

 

     Tierra Santa: Lugares de Palestina donde nació, vivió y murió Jesucristo. “Santa” por entrar en los planes divinos de la “salvación”. Todo un símbolo para la Cristiandad: destino de múltiples peregrinaciones;  motivo de “santas cruzadas” históricas; objeto de numerosas visitas de papas, de gobernantes, de ilustres,…

La Tierra Santa está hoy empapada de sangre inocente. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada.

 

     Israel, el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, está ejerciendo el más puro terrorismo de estado contra el pueblo palestino, al que, sin embargo acusa de terrorista. ¿Le viene de Dios su derecho de negar todos los derechos?  ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?

 

     Fashion: La venta de esclavos descargó en África una lluvia de productos importados.

Aunque el África producía hierros y aceros de buena calidad, las espadas europeas eran codiciados objetos de ostentación para los monarcas y los cortesanos de los muchos reinos y reinitos que vendían negros a las empresas blancas.

Lo mismo ocurría con las telas africanas, hechas de fibras diversas, desde el algodón hasta la corteza de árbol. A principios del siglo dieciséis, el navegante portugués Duarte Pacheco había comprobado que los vestidos del Congo, hechos de palma, eran suaves como terciopelo y tan hermosos que no los hay mejores en Italia. Pero las ropas importadas, que costaban el doble, daban prestigio. El precio dictaba el valor. Cuesta tanto, tanto vale. Baratos y abundantes eran los esclavos, y por lo tanto no valían nada. Cuanto más cara y más rara era alguna cosa, más valor tenía, y cuanto menos se necesitaba, mejor era: la fascinación por lo que venía de afuera daba preferencia a las novelerías inútiles, modas cambiantes, hoy esto, mañana aquello, pasado mañana quién sabe.

Esos brillos fugaces, símbolos de poder, distinguían a los mandones de los mandados.

Como ahora. (3)

 

     ONU: En su Carta de fundación define sus finalidades: “Los Pueblos de las Naciones Unidas estamos resueltos a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos; a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales; a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común; y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.

La Asamblea General del máximo organismo internacional, donde están todos los países, formula recomendaciones. Pero quien decide es el Consejo de Seguridad. La Asamblea habla o calla; el Consejo hace o deshace. Y de los 15 miembros que forman el Consejo de Seguridad, solamente 5 son permanentes y solo esos cinco tienen derecho a veto (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China), precisamente, los cinco mayores vendedores de armas en el mundo.

Es decir: La paz mundial está en manos de las cinco potencias que explotan el gran negocio de la guerra.

Todo un símbolo que se refleja su clarividencia: Por cada dólar que las Naciones Unidas gastan en sus misiones de paz, el mundo invierte dos mil dólares en gastos de guerra.

Estos son algunos símbolos que representan, de forma manifiesta, a nuestro mundo, UN MUNDO AL REVÉS.

 

El mochuelo

(Junio-2009)

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(1)  Tomado del libro Espejos de E. Galeano.

(2) Obra citada.

(3) Obra citada.

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