PERÚ: Las mujeres se han convertido en protagonistas de primera línea en el conflicto amazónico que mantiene enfrentado al estado peruano con las etnias de la selva de este país.

                La única persona dentro del gabinete de Alan García que ha tenido el gesto de renunciar, por estar en desacuerdo con el tratamiento que el gobierno viene dando al conflicto, ha sido la Ministra de la Mujer, Carmen Vildoso. En contraste, otra mujer, Mercedes Cabanillas, dirige el ministerio del Interior desde donde se ordenó el operativo de desalojo de los nativos en el nororiente peruano, el viernes 5 de junio, que dejó un saldo oficial de 34 personas muertas  hasta el momento.

                Llanto de las nativas: “Estoy aquí como mujer, con la conciencia limpia para recuperar los cadáveres de mis familiares y de mis paisanos, y llevarlos a enterrar allá adentro, en su tierra, eso para nosotros es muy importante…”. Con estas palabras, Nélida Calvo se dirigió a las autoridades de Bagua, a fin de que le brinden facilidades a ella y a otras mujeres wambisa para buscar a sus fallecidos.   
                Como ella, decenas de mujeres de diferentes etnias han iniciado un doloroso peregrinaje ante las defensorías, los hospitales, la morgue y las iglesias de las zonas nororientales del país en busca de sus compañeros. Muchos llevan ausentes de sus comunidades desde el inicio del conflicto, el 9 de abril, y no se conoce su paradero.

                “Para las mujeres esta es una tarea doblemente difícil. En primer lugar porque muchas están llegando por primera vez a los centros poblados fuera de sus comunidades, no conocen el idioma, tienen sus propias costumbres, y en segundo lugar porque para cualquier ser humano la búsqueda de un familiar desaparecido es algo desgarrador”, dijo a SEMlac Felipe Buendía, antropólogo que trabaja con comunidades awajuns.

                El número exacto de víctimas es algo difícil de determinar para las autoridades, dirigentes indígenas y periodistas. “Si un cuerpo es arrojado a un río de la selva, las probabilidades de que su cuerpo aparezca son remotas porque existen muchos animales que darían fácil cuenta de él, como las pirañas, los caimanes, etc. a lo que se añade que el cuerpo puede ser varado en la inmensidad de la selva”, dijo a SEMlac Lucero Schmidt, enfermera oriunda de San Martín, departamento de la selva peruana.

                Se comenzó un paro de las etnias de la selva central (yaneshas y asháninkas, principalmente) que ya han bloqueado algunas carreteras y cortado el suministro de alimentos y combustibles a y desde los Andes centrales.

                Nuevamente las protagonistas son mujeres: desde las propias nativas -que esta vez están decididas a acompañar a sus esposos y familiares-, hasta alcaldesas, como la de Yurimaguas, Juanita Tuesta, que ha llegado a un acuerdo con los nativos para abrir la carretera en horarios respetados por ambas partes; o la vicepresidenta de AIDESEP, Daysi Zapata, de la etnia Yine, madre de 3 hijos y con la difícil misión de mantener la vigencia de la mayor organización de los nativos amazónicos frente a los intentos gubernamentales de desacreditarla.                         (Zoraida Portillo, SEMlac)

 

     BOLIVIA: Tres mujeres que llevan un mes en huelga de hambre. Peregrinando para abrir los siniestros archivos de las dictaduras militares.

                Desde abajo y con la sencillez de los que se han codeado con el dolor y la injusticia, las organizaciones defensoras de los derechos humanos de Bolivia han comenzado a tejer un manto de solidaridad con las tres mujeres que llevan un mes en huelga de hambre, peregrinando para abrir los siniestros archivos de las dictaduras militares y así dar con el paradero de más un centenar de desaparecidos políticos.

                En solitario, Marta Montiel, Olga Flores Bedregal y Hortensia Gutiérrez de Flores habían emprendido a principios de mayo la batalla para hallar los restos de sus seres queridos y un poco de paz, con una huelga de hambre que interpela y pone a prueba el compromiso del gobierno del presidente indígena Evo Morales contra la impunidad y la injusticia.

                “La sangre de nuestros muertos no se negocia”, han dicho desde Omasuyos.

 

     MAURITANIA: “Pedimos justicia e igualdad pata todos”.

                Mientras Mauritania se preparaba para las elecciones presidenciales del 6 de junio, grupos de mujeres presentaron una clara y convincente agenda sobre temas de género. El desafío es hacerse oír por el sector político de este noroccidental país africano, dominado por hombres.

                Los indicadores sobre la calidad de vida de las mauritanas muestran que hay mucho para mejorar. Por ejemplo, menos de 50 por ciento de las jóvenes inscriptas en colegios secundarios completan sus estudios, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), y dos de cada cinco niñas nunca han asistido a la escuela, ni siquiera a nivel primario. Además, 1.200 mujeres y jóvenes mueren en Mauritania cada año debido a complicaciones de su embarazo, y otras 24.000 sufren heridas o discapacidades permanentes a causa del parto.

                Mariam Mint Mustapha, activista por los derechos de género e integrante del partido político Unión por la Democracia y el Progreso: “la mayor parte de los políticos sólo hablan de las mujeres cuando hay elecciones. Inmediatamente después de que termina la campaña, nos cierran la puerta. Y es por eso que esta vez estamos todas trabajando en el terreno, exhortando a las mujeres a que tomen una postura fuerte y unificada que servirá de plataforma común para todas.
                Esta vez queremos que nuestras representantes presenten leyes que garanticen iguales oportunidades para prosperar en la sociedad a hombres y mujeres, como acceso a créditos para abrir negocios de pequeña escala. También queremos asegurar que más mujeres calificadas sean nombradas en influyentes puestos de gobierno para servir como modelos para otras. Recuerde que éste es un país nómada, donde hasta hace poco la educación de las jóvenes era una prioridad muy baja.

                También trabajamos para que el parlamento presente leyes que eliminen todas las formas de discriminación y prácticas tradicionales dañinas que afectan los derechos de las niñas y las mujeres. En otras palabras, estamos pidiendo justicia e igualdad para todos.”      (Ebrima Sillah, IPS) 

 

     GUATEMALA: Rigoberta Menchú: “La democracia es una utopía para las mujeres”.

                “La democracia sí existe, pero mientras la mujer no piense”. Para Menchú y otras tres premios Nobel de la paz, que se dieron cita en la conferencia “Mujeres Redefiniendo la Democracia para la Paz, la Justicia y la Equidad”, en esta nación centroamericana y en otros países del mundo, este sector es relegado a una esquina, como si ellas no supieran hacer nada. Por eso, no logran acceder a los puestos de decisión.

                En la cita fueron citados ejemplos como el de Asia, donde en algunos sitios se les prohíbe tener licencia para conducir automóvil porque resulta ser una muestra de emancipación; o el de Irán, donde no pueden estudiar leyes por ser ese un tema exclusivo de los hombres. “Esos motivos aseguran que la democracia es una utopía para las mujeres en muchas naciones del mundo”, remarcó Menchú.

                Pese a que al menos 51 por ciento de los 14 millones de habitantes en Guatemala son mujeres, sólo hay 19 diputadas de 158 puestos en el Congreso de la República. Un solo ministerio de los 13 que existen lo ocupa una mujer, y de las 332 alcaldías apenas seis están presididas por ellas. Un ejemplo de desigualdad.

                En muchos contextos, como el caso de Guatemala, las indígenas son las más perjudicadas, porque viven una triple discriminación (de sexo, etnia y clase), lo que hace más difícil el acceso a la información y al conocimiento de sus derechos. A eso hay que agregar que la educación es discriminatoria con la mujer indígena, pues de 10 alumnos que asisten a las aulas en el área maya, dos son mujeres y estas no logran concluir el tercer grado de primaria porque deben laborar en la casa.               
                “Nosotras estamos aquí con condiciones muy duras: hambre, humillación, pobreza, abuso sexual; como que tiene otra dimensión la injusticia (…), entonces cómo no animar a mujeres que han sobresalido, que son valientes”, dijo Menchú.

                Las premios Nobel de la Paz llamaron a un cese de la violencia contra las mujeres y, en el caso de Guatemala, indicaron que al menos 720 fueron asesinadas en 2008, mientras que otras 39.000 sufrieron de violencia intrafamiliar.                       (Alba Trejo, SEMlac) 

 

     ESPAÑA: Ángeles Caso titulaba así su comentario-denuncia: “Ir de putas”.

                Un amigo mío realiza un viaje de trabajo a una ciudad del norte. Después de cenar en un buen restaurante, le pregunta al camarero dónde puede tomar una copa. Sin previo aviso, lo envía directamente a un club de alterne. ¿Será habitual que un hombre solo busque la compañía de prostitutas para acabar la noche? Lo cierto es que la prostitución es un negocio próspero en nuestro país, y eso a pesar de la libertad sexual de las mujeres.

                A nosotras no deja de sorprendernos ese gusto masculino por las relaciones de pago. Pero, apetencias aparte, el asunto es realmente preocupante. La inmensa mayoría del alrededor de medio millón de prostitutas que, según se calcula, existen en España, proceden de la trata de blancas. Son nigerianas, brasileñas, paraguayas, rumanas o rusas engañadas en sus países con promesas de falsos trabajos y obligadas luego a prostituirse bajo amenazas y extorsión.

                Han contraído sin ser conscientes de ello deudas tremendas: deben pagar los miles de euros que supuestamente ha costado su viaje, además de los gastos de mantenimiento y hasta el alquiler de la habitación donde practican sus tristes faenas. Las asustan con la idea de que, si huyen o denuncian, serán agredidas e incluso asesinadas, y no sólo ellas, sino también sus familias.

Las cambian de club cada pocas semanas para que no establezcan relaciones con clientes o compañeras. Y están ahí, solas, indefensas, secuestradas, torturadas, muertas de miedo.

                ¿De verdad que a alguien le apetece acostarse con una mujer en esas condiciones? ¿Acaso no existe ninguna regla moral, ninguna vergüenza, en cuestión de sexo?              (Público, 19/5/2009)

 

 NOS PREGUNTAMOS: ¿Qué pensarán los hombres de todo esto? ¿Y las mujeres…?

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