Sólo tuvimos que escuchar y poco más. De vez en cuando asentíamos con la cabeza…

El griego Dimitri P. sobrevive con 550 euros al mes, pero necesita gastar 150 para comprar leche o adquirir los medicamentos que necesita. Francisco, parado de larga duración con la prestación por desempleo agotada ha de acudir a comedores sociales para no morir de hambre y a una ONG que le proporcione ropa de abrigo. Ricardo y Zoraida han sido desahuciados de la vivienda, pero aún deben 90.000 euros de hipoteca. La reducida pensión de Joao N. le da para 10 días; luego ha de recurrir al reparto de alimentos y medicamentos en una ONG…
Dice Xavier Caño: Son víctimas que han de elegir entre una comida caliente o tener la casa caldeada en invierno; pagar la hipoteca o alimentarse. Una larga lista con diversos grados de pobreza, angustia y sufrimiento. Pero no son simples víctimas de la crisis como escriben o titulan alegremente medios desinformados, frívolos o algo peor. Son víctimas de una obscena minoría de ricos y de la criminal complicidad de la clase política que quieren organizar un modelo de sociedad al servicio descarado de sus intereses. 

 

Siguen empecinados en las medidas de austeridad y los recortes, aunque no todo se recorta (Si hay que comprar cazabombarderos, carros de combate, helicópteros de ataque y misiles… para eso hay dinero).

Según la Unión Europea, a fin de 2010 había en sus 27 países 120 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Y aumentando. En Grecia, España, Portugal o Irlanda aumentan los pobres o la severidad de la pobreza, pero también en Italia, Francia, Alemania, Austria y Reino Unido, éste con una escandalosa tasa de pobreza infantil.
Y hablar de pobreza significa que hay demasiada gente que ha de vivir con menos de 20 euros diarios para afrontar alimentación, vestuario, higiene, vivienda, calefacción, luz… Hoy, en Europa los pobres son mucho más pobres y no por casualidad o mala fortuna. Como recuerda Alberto Garzón, el capitalismo necesita espacios de rentabilidad para sobrevivir. O, dicho en plata, la minoría que detenta el poder económico y sus cómplices políticos quieren más beneficios y, para ello, es necesario empobrecer más a la población, papel asignado a las instituciones supranacionales (FMI, BCE, UE…) al servicio del sistema.

 

Hablamos de un poder económico que actúa con la complicidad del poder político, y que también han asumido el poder de la mentira.

Hay que ser competitivos, dicen, y adoptar medidas de austeridad para obtener beneficios.

El economista y premio nobel Stiglitz plantea que no hay evidencia ni teórica ni empírica en  esos pre-supuestos de los economistas neoliberales. Así, otros economistas replican a coro:

Es MENTIRA que los recortes y la austeridad abran fronteras y aumenten las exportaciones; lo que abren son cauces de explotación y especulación.

Es MENTIRA que bajando los salarios aumente el empleo; ni crea empleo, ni mejora la condición competitiva, sólo degrada la condición de vida de los trabajadores y mejora los excedentes empresariales, como se ha visto en los últimos años.

Es MENTIRA que bajar los impuestos a los ricos aumente la inversión; lo que aumenta es la corrupción, la acumulación en pocas manos y la desigualdad social.

Es MENTIRA que la venta de empresas públicas genere mayor posibilidad de inversiones; la privatización de la sanidad, educación, servicios sociales y otros fundamentales servicios públicos (como el suministro del agua) los convierte en negocios puros y duros para obtener beneficios privados.

 

Es natural que la ciudadanía reaccione, proteste, ocupe plazas y calles y empiece a enfrentarse al poder que la explota. Pero los gobiernos responden con una creciente represión policial como en cualquier involución autoritaria. La violencia policial contra las manifestaciones ciudadanas por toda Europa refleja la clara voluntad de los gobiernos al servicio de la minoría de no permitir que ciudadanas y ciudadanos actúen y afiancen sus derechos irrenunciables.

Al mismo tiempo, organizaciones como Unión Europea, BCE y FMI se refuerzan como autoridades (nada democráticas, por cierto) para imponer una sociedad sin derechos al servicio de mayores beneficios que permita sobrevivir al capitalismo, como explica Garzón.

Represión e imposición: si esto no es totalitarismo… Un totalitarismo sin manos alzadas, banderas, payasadas colectivas ni uniformes, pero totalitarismo al fin.

Y encima pretenden convencernos de que es lo único que se puede hacer. Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno forman una molécula de agua y eso sí es indiscutible. Pero que lo que imponen bajo el paraguas de la crisis sea el único camino, ni hablar.

Uno tras otro, los fundamentos económicos del modelo capitalista hacen agua: el crecimiento, la autorregulación de los mercados financieros… mientras aumentan obscenamente las desigualdades, los peligros ambientales…

Con una frase resumía la situación, hace dos días, el economista chileno Max Neef: “La economía que se practica mata a más gente que todos los ejércitos del mundo juntos”.

Es tiempo para pensar y construir otro modelo de sociedad. Sin víctimas.       

 

Mirada Solidaria.es

 

(Refer. artículo “No somos víctimas de la crisis” de Xavier Caño Tamayo, Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) España)

 

  1. Luis
    07 Jul 14 14:30

    El sistema neoliberal está caduco. Es necesaria
    una “revolución” no sólo de las estructuras, sino
    de nosotros mismos. El sistema neoliberal se nos
    mete hasta los bolsillos. José Navarro propone
    una “revolución” que tiene que realizarla !! La
    Iglesia¡¡ La iglesia de los pobres.

  2. Juan Barrilero
    07 Jul 14 17:44

    Totalmente de acuerdo con el análisis que haces de la situación actual: dura, triste e indignante. El primer paso es tomar conciencia de lo que está pasando, a lo que nos ayudas.
    El problema lo tenemos en buscar vías y alternativas para luchar contra esta situación y revertir, si ello fuese posible, cuando el poder económico, el político y la fuerza la tienen ellos.

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