Cuentos sin monstruos

No quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos”, decía León Felipe.  

Estamos hartos de cuentos.

Con cuentos mecen la cuna, con cuentos ahogan los gritos de angustia, con cuentos taponan el llanto, con cuentos entierran los huesos del hombre.

Cuentos inventados por el miedo.

Son tiempos de cuentos. La corrupción es legal, porque los corruptos son los propios hacedores de las leyes. La desigualdad es un fenómeno natural como las tormentas, porque así lo define y lo quiere el sistema neoliberal. La libertad es un precioso derecho, el derecho de unos pocos de apropiarse de la libertad de muchos…

Cuento, todo cuento…

Ahí siguen, oprimiendo las palabras hasta dejarlas huecas y rotas…

 

Y, sorprendentemente, cuando terminó de repudiar airadamente los cuentos, va y se pone a contarnos historietas.

Son cuentos sin monstruos, nos dijo, que leo y releo,… ¡me enseñan tanto!

 

Comenzó con uno de Gustavo Duch, “La comunicación de las tortugas”:

Se las ve muy débiles desfilando patosas por la arena de la ribera para alcanzar el agua donde nadarán a salvo. Sus caparazones blanditos de tortugas australianas y recién nacidas saben que no las protegen de los picotazos aviarios. Entonces, para asegurar la supervivencia de algunas de ellas, deciden nacer todas al unísono y así en grupo escabullirse de las gaviotas depredadoras que las sobrevuelan en esa su primera caminata.

¿Cómo hacen para comunicarse cáscara a cáscara la fecha y hora precisas de la eclosión comunal? En primer lugar –cuentan los estudiosos- aunque los huevos de arriba del nido, más calentitos, se desarrollan antes, los de abajo palpitan su metabolismo más rápido para estar crecidos por igual. En segundo lugar, el aviso de `ya podemos salir, a la una, a las dos y a la de tres’, es un palpitar más rápido de sus corazones embrionarios, que todas escuchan, entienden e interpretan.

Las tortugas sin teléfono enseñan que la solidaridad nace y se hace con latidos de corazón.

 

Continuó con una historieta de Galeano, El león y la hiena”:

Los poetas y los artistas del pincel y del cincel aman desde siempre al león, que vibra en los himnos, flamea en las banderas y custodia castillos y ciudades, pero a nadie se le ha ocurrido nunca cantar a la hiena, ni inmortalizarla en la tela o el bronce. El león da nombre a santos y papas y emperadores y reyes y plebeyos, pero no hay noticia de que ninguna persona se haya llamado o se llame Hiena.

Según los estudiosos de la vida de los bichos, el león es un mamífero carnívoro de la familia de los félidos. El macho se dedica a rugir. Las hembras se ocupan de conseguir la comida, un menú de cebras o venados, mientras el macho espera. Cuando la comida llega, el macho se sirve primero. De lo que sobra, comen las hembras. Y al final, si algo queda todavía en el plato, comen los cachorros. Si no queda nada, se joden.

La hiena, mamífero carnívoro de la familia de los hiénidos, tiene otras costumbres. Es el caballero quien trae la comida, y él come último, después de que se han servido los niños y las damas.

Para elogiar, decimos: Es un león. Y para insultar: Es una hiena.

¿De qué se ríe la hiena? ¿Se ríe de nosotros?

 

Nos volvió a contar otra historia de bichos, de E. Galeano, “Los patos”:

¿Por qué los patos vuelan en V?

El primero que levanta vuelo abre camino al segundo, que despeja el aire al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, y así, prestándose fuerza en el vuelo compartido, van los muchos patos subiendo y navegando, juntos, en el alto cielo.

Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro pato. Todos se van turnando, atrás y adelante, y ninguno se cree super-pato por volar adelante, ni sub-pato por marchar atrás.

Y cuando algún pato, exhausto, se queda en el camino, dos patos se salen del grupo y lo acompañan y esperan, hasta que se recupera o cae.

Juan Díaz Bordenave no es patólogo, pero en su larga vida ha visto mucho vuelo. El sigue creyendo, contra toda evidencia, que los patos unidos jamás serán vencidos.

 

Terminó con el apólogo de “El turista y el sabio”:

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.

El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

 – ¿Dónde están sus muebles?,   preguntó el turista

Y el sabio, rápidamente, también preguntó: – ¿Y dónde están los suyos…?

– ¿Los míos?, se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

– Yo también…, concluyó el sabio. La vida en la tierra es solamente temporal… Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices. El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables…

 

Por momentos se había ausentado, estaba flotando sobre ese otro real y miedoso mundo de los cuentos, de monstruos y vampiros, de ricachones y gobernantes corruptos, que devoran legalmente a millones y millones de personas inocentes.

Hasta que cayó en la cuenta de su vuelo… y, entonces, prosiguió repitiendo las palabras de León Felipe: Por favor no nos contéis más cuentos, que nos han dormido con todos los cuentos… y sabemos todos los cuentos.

 

El mochuelo

(junio-2014)

 

 

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2 Respuestas a Cuentos sin monstruos

  1. Luis dijo:

    bIEN POR lEÓN fELIPE, cUANDO ERA CANTADO POR LOS POETAS ANDALUCES DE AHORA, ALLÁ
    POR EL VERANO DE….hACE CUARESTA AÑOS EN
    LA CIUDAD DE ALMAGRO. lA CUNA DEL HOMBRE
    LAMECEN CON CUENTOS…ENTONCES Y AHORA. lUÍS

  2. Paco angora dijo:

    Ojalá Carla pueda disfrutar de los cuentos del abuelo Domingo y la abuela Chila muchos, muchos años…, y fueron felices y comieron perdices. Una vez más gracias mochuelo.

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