Nada hay más importante. Ningún acontecimiento mundial atrae mayor atención ni levanta más pasiones. Es el suceso al que los medios están dedicando más tiempo y espacio. Debe ser lo más interesante que sucede actualmente en el mundo. La curiosidad nos atrae.

 

Se trata del mundial de fútbol 2014 de Brasil o Copa Mundial de la FIFA.

Según dicen, debería ser un orgullo nacional para el país que hospeda este acontecimiento.

Comenta Viçens Navarro, que la motivación del gobierno brasileño era conseguir la sede de esta competición para la promoción del país a nivel mundial. Que el mundo contemple a Brasil  no solo como potencia deportiva, sino también económica y comercial, centro de los países emergentes. ¿A cambio de qué? ¿A costa de quién?

 

ALBASUD ofrece una lista de disparates:

– 250 mil personas desalojadas de sus casas, de manera violenta y con bajas indemnizaciones. Las autoridades argumentan que necesitan los terrenos para obras del Mundial y las Olimpíadas de Río de Janeiro de 2016.

– El Mundial dejará una serie de obras caras y voluminosas, pero poco utilizables.
– Gran parte del dinero utilizado en la construcción o reforma de los estadios es dinero público.

– Para recibir el Mundial, Brasil tuvo que firmar una cláusula en la cual se compromete a cambiar sus leyes para adecuarse a las exigencias de la FIFA, vulnerando así su soberanía para atender a una entidad privada.
– Serán creadas “zonas de exclusión” durante el Mundial. La FIFA será responsable de áreas con radio de hasta 2 kilómetros alrededor de los estadios, donde sólo su personal autorizado podrá ejercer actividades comerciales.
– Engañosas promesas de que el Mundial iba a ofrecer oportunidad de trabajo a los brasileños (vendedores ambulantes, pequeños comerciantes y artistas de calle han sido impedidos de trabajar en las zonas de la FIFA y de comercializar símbolos nacionales relacionados al evento).Todo queda en manos de la FIFA y de sus empresas aliadas, como  Coca-Cola.
– La FIFA y las empresas aliadas quedarán exentas de todos los impuestos brasileños, privando las arcas públicas de por lo menos 413 millones de dólares. Varios espacios públicos fueron cedidos sin concesiones a empresas privadas.
– Se han elitizado los juegos que ahora sólo serán vistos por la clase alta que puede pagar entradas caras.

– Aumentó la explotación sexual de mujeres, niños y adolescentes y la violencia contra los indigentes.

– En nombre del Mundial, el Estado brasileño expandió su aparato represivo: gasto de casi dos millones de dólares en armamento y nuevos grupos de policía; nuevas tipificaciones en el código penal para detener y juzgar manifestantes; documento “Garantía de la Ley y del Orden”, en el cual clasifican “movimientos u organizaciones” como “fuerzas opositoras”, autorizando la actuación de las fuerzas armadas; etc.

 

Ha sido la gran sorpresa: el desarrollo de un movimiento popular de protesta en contra del Mundial (“Comités Populares de la Copa”). El ruido de los goles no pudo acallar los gritos de protesta.

Resulta evidente que tan enorme coste del Mundial va en detrimento del bienestar de las clases populares, especialmente de los sectores más vulnerables.

Tan sólo es un monumento enormemente costoso, para satisfacer el orgullo nacional de las élites gobernantes (que siempre monopolizan el sentimiento “patriótico” nacional). Y esto en uno de los países más desiguales de América Latina y con el gasto público social por habitante de los más bajos de aquel hemisferio (242.000 familias brasileñas no tienen acceso a electricidad).

Recuerda a las movilizaciones populares en México de 1968, en protesta por los enormes costes que supusieron los Juegos Olímpicos, que terminó con la matanza de cien víctimas.

¡FIFA, devuélvenos el dinero! ¡Lo queremos para la sanidad y para la educación públicas de nuestro pueblo! ¡Fuera el Mundial!, gritan las pancartas.

Un mensaje claro y cargado de razón. En un país en el que amplios sectores de la población urbana viven en tipos de viviendas miserables y los servicios públicos están pésimamente financiados, el Estado brasileño se ha gastado en uno sólo de los grandes estadios fondos suficientes para haber construido 150.000 viviendas dignas.

La insensibilidad y abandono de sus raíces ha puesto al Estado brasileño en una situación insostenible, cuya única respuesta ha sido la represión frente a estas movilizaciones.

 

El Mundial que organiza Brasil generará casi 5 mil millones de dólares, gran parte por la venta de derechos de televisión a escala mundial. La FIFA cobra comisiones por todos los conceptos, es decir, se quedará con el 90% de esos 5.000 millones de dólares.

El gobierno brasileño invertirá más de 20.000 millones de dólares en la construcción de estadios, ampliación de aeropuertos y desarrollo de infraestructura que beneficiará a la FIFA, a los especuladores y financistas brasileños e internacionales. Resultados final: FIFA y la banca internacional saquean al pueblo brasileño con la complicidad de su gobierno.

 

La misma historia del Mundial de Fútbol se repite cada cuatro años. También cada cuatro años ocurre algo similar con los Juegos Olímpicos.

Como dice el sociólogo inglés, David Harvey, el Mundial de Fútbol ha servido para ‘desposeer’ al pueblo brasileño.

Grandes eventos deportivos convertidos en negocio para unos pocos y en saqueo para muchos. ¡Una verdadera imagen de la globalización!

Esta es la cuestión: ¿Deporte o veneno?

 

Mirada Solidaria.es

 

  1. Luis
    22 Jun 14 14:30

    Son tan sencillas las reglas para la práctica del
    futbol y levanta tan grandes pasiones, que es fácil
    manipularlas por los gobiernos de turno.No obstante en Brasil han habido, minoritarias, fuerzas
    contestatarias, que han llamado la atención, al menos
    para la población interna y externa del país.Lluís.

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