En pleno siglo XXI seguimos sin saber si nuestro mundo sube o baja. Continúan existiendo golpes de estado a la vieja usanza, como en Tailandia. Ya es el duodécimo golpe militar en la Tailandia democrática (¿Cuál democrática?). Durante ocho meses, grupos antigubernamentales se han manifestado y protestado en Bangkok para derribar al gobierno. Treinta muertos y más de 800 heridos.

Y, como antiguamente, saltó el ejército con su Ley marcial: Su jefe Prayuth Chan-ocha asumió el mando como primer ministro, suspendieron la Constitución, detuvieron a decenas de políticos y gobernantes, controlaron los medios de comunicación, prohibieron la salida del país a 155 personalidades, impusieron el toque de queda… (lo típico). El país permanecerá bajo control militar “hasta que se reforme el sistema político y se restablezca  el orden” (¿Cuál orden? ¿Un orden menos democrático?). ‘El Consejo para el Mantenimiento del Orden y la Paz Nacional’ es el nombre oficial y eufemístico de la junta militar.

¿Y la comunidad internacional? Modernamente sus condenas se hacen con sordina y dependiendo de los intereses geopolíticos y riquezas del subsuelo del país afectado.

¿Y el pueblo tailandés? Como otros muchos pueblos, pueden sufrir pero no pueden rechistar.

¡Qué mundo más actualmente antiguo!

 

¿Y qué pasa en Yemen? Allí hay una guerra que no conviene que conste en acta, porque allí hay muchos intereses occidentales en juego.

En secreto siguen asesinando los drones estadounidenses. El pasado abril mataron a 63 yemeníes. Por supuesto que todos los muertos son de los “malos”, de Al-Qaida, aunque eso nunca podrá verificarse, porque la “firma” de los ataques de drones no necesita identificaciones. (1)

Geoestratégicamente, el Yemen es una joya, y ése es su pecado. La inmensa frontera de Yemen con Arabia Saudí, su acceso a las principales vías navegables –el Mar Rojo, el Golfo de Eden y el Mar Arábigo- y su proximidad con África, especialmente con Somalia, suponen una enorme importancia para EEUU y otras potencias occidentales. Yemen es ante todo petróleo y seguridad.

Quienes viven, luchan, pasan hambre y mueren más allá de los confines de los intereses occidentales no le interesan a nadie, es como si no existieran en el mapa de Yemen. En verdad que la conciencia popular de Yemen es sencillamente asombrosa, con una juventud sin empleo que ha demostrado su tenacidad protestando de forma masiva y luchando por la igualdad, las reformas, la libertad y la democracia. En ese país de 25 millones de habitantes, donde el 54% vive por debajo del umbral de la pobreza y los niveles de desnutrición son los segundos más altos del mundo. Y la guerra ha desplazado a millones de personas hambrientas, desesperadas y aterradas. Esa guerra fantasma, que “no existe”, aunque los hechos demuestren lo contrario.

¡Cuánta riqueza, cuánta pobreza, cuánta desigualdad y cuántos intereses occidentales juntitos!

 

Con más pena que gloria (apenas votaron un 43%) se realizaron las Elecciones al Parlamento Europeo: PPE 214 eurodiputados,  S&D 191, ADLE 64, Verdes/ALE 52, CRE 46, GUE/NGL 45, NI 41, EFD 38, Otros 60.

Bueno, ¿Y quiénes ganaron? ¿Los de izquierdas o los de derechas, los partidos mayoritarios o los minoritarios, los reformistas o los radicales…? ¿Y qué es lo que han ganado?

Los medios europeos han mantenido un comportamiento políticamente correcto con el juego estadístico de los votos y las tendencias ideológicas. Efectivamente, el interés de los partidos políticos se centra en el reparto de la tarta.

Pero el fondo de la cuestión y las preocupaciones ciudadanas son otras muy distintas: Como dice Vicenç Navarro, son una evidencia en la Eurozona la disminución de los salarios, el aumento del paro, el descenso de la ocupación, el deterioro de la protección social, la reducción del gasto público social, la privatización de los servicios públicos del Estado del Bienestar, la reducción y privatización de las pensiones públicas, la reducción de derechos laborales y sociales y el debilitamiento de la negociación colectiva y de los sindicatos.

Esto sí que es otra historia. Los grandes grupos financieros y empresariales, así como las clases pudientes, con su enorme influencia mediática y política, han promovido un DOGMA: El gasto público social en Europa es insostenible. Y este dogma se traduce en políticas públicas restrictivas llevadas a cabo por partidos conservadores.

Es pura concepción neoliberal: Las políticas que favorecen al Capital benefician a toda población, por lo tanto debilitemos al mundo del trabajo y el Estado del Bienestar para fortalecer al Capital.

Y, efectivamente, las rentas del capital fueron subiendo y concentrándose en pocas manos, a partir de los años ochenta, y las rentas del trabajo fueron disminuyendo (del 72,9% de la renta nacional en 1978, pasaron al 66,5% en 2012). Hoy, por primera vez en España, las rentas del trabajo representan un porcentaje menor que las del capital (Le Monde Diplomatique, julio 2013). De esta manera, las rentas del capital crecieron a costa de las rentas del trabajo.

Lo que vemos en la Eurozona es un capitalismo de casino, basado en la mera especulación, y dirigido por la banca. Situación acentuada todavía más con las políticas de austeridad, que han llevado a un austericidio, a un deterioro enorme del bienestar de las clases populares.

Las políticas neoliberales han beneficiado evidentemente a las clases capitalistas (al llamado 1%) de cada país de la Eurozona, como resultado de una alianza (a nivel de la Eurozona) de las clases dominantes de cada país: mientras aumentan los beneficios empresariales y las rentas del capital, los salarios bajan y el Estado del Bienestar se desmorona.

Y todo ello, justificándose por parte de los partidos políticos próximos a este 1% con el argumento de que ‘no hay alternativas’, ocultando la evidencia que muestra que sí que hay alternativas. Los partidos gobernantes han sido los instrumentos del capital. Por eso ellos son parte del problema.

En la Eurozona deberían hacerse políticas públicas en sentido opuesto a las que se están realizando, para conseguir la Transición a una Europa de los Pueblos, basada en una alianza de las clases dominadas, alternativa a la Europa actual, resultado de la alianza de las clases dominantes. La Europa del 90% frente a la Europa del 10% (el 1% más el 9% que sirve al 1%). (2)

Realmente, ¿A quiénes sirven los gobernantes que elegimos?

 

Mirada Solidaria.es

 

(1) http://www.palestinechronicle.com/what-the-media-not-telling-us-about-yemen/

(2) Refer. Vicenç Navarro, Público.es, 23 mayo 2014.

 

  1. Luis
    01 Jun 14 15:04

    Meridianamente en este sistema neoliberal el
    que esté libre de contagio, el que no se haya
    involucrado en él, o es paupérrimo, parado, insolvente, disminuido, pobre asalariado, que ni
    siquiera contribuye a la Hacienda pública, son la base piramidal. A lo que iba el que esté libre de
    contagio, no tiene otra opción que sentirse defensor del sistema.Lluís

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