La falacia de la privatización

Llevan años queriéndonos convencer de que todo lo que es gestión de servicios públicos es una ruina y un desastre, mientras que la gestión privada es eficiente y exitosa. Así se quiere inculcar a través de la educación recibida por nosotros y por nuestros hijos, y a través de los mensajes repetitivos de los medios de comunicación. Por ello, dicen, la solución está en la privatización.

 

Digamos de entrada que eso es una falacia. Basta con mirar a la Banca Privada, cuya gestión privada nos ha llevado una vez más a la crisis que estamos viviendo. ¿Y cómo se han salvado muchos bancos? ¡Qué casualidad! Con dinero público.

Catastrófica ha sido también, por ejemplo, la gestión privada, en algunos países como Inglaterra, con los ferrocarriles o con la sanidad.

 

Se privatizan las telecomunicaciones, se privatizan las grandes empresas públicas relacionadas con la energía, se privatiza la sanidad, la educación…

En realidad se privatiza todo lo que puede representar beneficios para el sector privado.

 

Privatizar es una vieja tendencia del modelo económico llamado capitalismo, tendencia que continúa y se acrecienta. La privatización ya afecta prácticamente a todas las áreas de nuestra vida, a la tierra en que vivimos, al agua que bebemos y hasta al aire que respiramos.

 

Pero, ¿es admisible y justificable que la iniciativa privada pueda gestionar los servicios públicos básicos como la salud, la educación, los alimentos básicos, la energía, el agua…? Como dice el economista Paco Álvarez, la iniciativa privada busca hacer negocio, generar beneficios, y la salud, la educación, y otros servicios sociales, como indican las Constituciones de los países democráticos, nunca deben ser un negocio.

Las Constituciones defienden el bien común, entendido como el conjunto de condiciones sociales que permite y favorece el desarrollo integral de los seres vivos y de la existencia de la vida de nuestro planeta.

Eso significa que, con las privatizaciones de los servicios básicos, se están conculcando las Constituciones y el Derecho. ¿O acaso las empresas privadas están subordinadas al interés general?

 

Seguimos preguntando: ¿No valdría la pena someter el tema del agua y de los servicios básicos al voto popular? En una democracia, cuando es verdadera, ¿quién debe decidir? ¿El
FMI, la Troika, el Banco Central Europeo, o los ciudadanos de cada país? ¿Los derechos democráticos existen de verdad, o son guindas que decoran una tarta envenenada?.

 

Como una gota de aceite, el “ansia privatizadora” se va extendiendo a todos los rincones de la vida que exhalan cualquier olorcito a negocio. Por ejemplo, en España, se privatizan:

Las donaciones de sangre (que se quieren regalar a la Cruz Roja, una entidad privada, para gestionarlas y negociar con ellas); la limpieza de las calles (ya está privatizada en numerosas ciudades); la gestión del agua pública (que, en varios lugares, ha conseguido sacar a los vecinos a la calle, como ha sucedido recientemente en Alcázar de San Juan); el Registro Civil (donde se inscriben los nacimientos, matrimonios y defunciones, que puede dejar de ser público en los próximos meses para pasar a manos del colegio de Registradores, una entidad privada, donde puede suponer 100 euros cualquier trámite administrativo y dejar en el aire a 3.500 funcionarios); los símbolos identitarios (como la estación de metro Sol en Madrid, que ahora se llama “Vodafone Sol”); las prisiones (en lo que son pioneros Estados Unidos. En Holanda planean cobrar 16 euros al día a los presos. En España se ha comenzado privatizando la vigilancia externa); además de otros muchos sectores (la sanidad, la educación, las Loterías y Apuestas del Estado, los parking públicos, las autopistas, e incontables servicios más).

 

Recordaba E. Galeano: El Banco Mundial elogia la privatización de la salud pública en Zambia: “Es un modelo para el África. Ya no hay colas en los hospitales”. El diario The Zambian Post completa la idea: “Ya no hay colas en los hospitales, porque la gente se muere en la casa”.

En la era de las privatizaciones y el mercado libre, el dinero se propone gobernar sin intermediarios.

¿Cuál es la función que se atribuye al Estado? El Estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios enanos, y a la represión de las peligrosas legiones de brazos que no encuentran trabajo: un Estado juez y gendarme, y poco más. De los otros servicios públicos, ya se encargará el mercado, y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza…

En el proyecto neoliberal, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud pública y de la educación pública como si fueran formas de la caridad pública.

 

Ellos hacen y deshacen, y entre ellos (poderes económico y político) acuerdan.

¿Quién nos educaría para la impotencia? ¿Quiénes nos enseñaron y metieron en el alma la certeza de que la realidad es intocable y que no tenemos más remedio que tragar en silencio los sapos nuestros de cada día?

 

 

 

 

La ventana del  mochuelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Refer. La bolsa y la vida.org. “Privatizando el mundo…otra ciclogénesis explosiva”. Paco Álvarez .  Aurora Gómez Delgado. Diagonal. “Diez cosas que jamás pensaste que intentarían privatizar”.  Eduardo Galeano, “Los prisioneros”.

 

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Una Respuesta a La falacia de la privatización

  1. Luis dijo:

    El sistema neoliberal es el que impera y es el que nos lleva a estos lodos arriba descrito.
    Quién o quienes estamos dispuestos a luchar sin romper los lazos y ataduras que de él tenemos…
    Cuál sería el brazo vehicular al que adherirnos para esa lucha.
    Las encuesta de jóvenes – de 18 a 35 – no quieren romper el sistema, hablan de cambios. De corrupción, de mala gestión etc..Lluís

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