Pasen y tomen asiento, por favor.

Aquí están los que están.

Aquí decimos y nos sentimos. Sin más.

Y sin prisas.

 

Contaba la inmigrante latina: Lo peor es que nos invisibilizan. Estamos haciendo cola y nos adelantan, pedimos la vez y nadie nos contesta, saludamos y nadie responde. Somos ‘INVISIBLES’.

 

El mendigo comentó: ¡Cómo avergüenzan su vanidad y su prepotencia! ¿Qué es un rico en un naufragio? ¿Y un político entrando en quirófano? ¿O un obispo sentado en el retrete? ¿O un general desnudo?

 

Según ella, lo escribió Adela en 1996: “no marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro que es jugador de baloncesto, ni al jubilado con patrimonio: a los que marginamos es a los pobres”.

Y a la repugnancia y temor a los pobres lo llamó “aporofobia”.

 

El viejito estaba pensativo: Dale un arma a un hombre y él podrá robar un banco. Dale un banco a un hombre y él podrá robar a todo el mundo.

 

La señora tan sólo recordaba un pedacito del poema:

Escribe, pues…
Escribe
en el comienzo de la primera página,
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues…!
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

 

Desempleado él y su familia: Imponen recortes al pueblo, los mismos que cobran sobresueldos. Todo muy legal para ellos, que hacen las leyes y también hacen las trampas.

 

Él estaba enfermo desde hacía tiempo: ¿Por qué la tuberculosis sigue siendo una ‘enfermedad de pobres’, presente en los países empobrecidos y entre los pobres de los países ricos? ¿No es curioso que el mapa del Banco Mundial de la distribución de la riqueza sea el mismo que el de la tuberculosis?

 

Es D. Gabriel, nuestro profesor: ¿Por qué los ministerios de Economía son más importantes que los ministerios de Cultura?

 

La abuelita querida nos animaba: ¿Veis…? No es lo mismo oír que escuchar, ni ver que mirar, ni tocar que acariciar…. ¡Estáis vivos! Son los árboles que dan frutos los que sufren las pedradas.

 

El anciano Antonio también nos alentaba: Por eso, me reafirmo en celebrar el vivir de cada día, parodiando a John Milton, porque “tengo los años que todavía no he vivido”.

 

Le decían el ‘loco’ porque estuvo ingresado en un manicomio: Escucho voces reclamando igualdad, justicia, participación…Voces de mujeres, de niños, de personas ancianas,… Voces que me acompañan cada día de mi vida.

Pueden llamarme loco, si quieren, pero ¿es que ustedes no escuchan las voces…?

 

La viejita de los árboles: La humanidad se ha convertido en un enorme bosque donde la mayoría de sus habitantes son reducidos como bonsáis, en ‘arbolitos esclavizados’.

 

Cerró nuestro músico con un verso de Atahualpa:

¿A qué le llaman distancia?:                                                                        
eso me habrán de explicar.
Sólo están lejos las cosas
que no sabemos mirar.

 

Entrañable aquella reunión. Allí brotaban los sueños y la vida, en una desordenada armonía.

¡Qué belleza!

 

El mochuelo

 (Abril-2014)

 

  1. Mercedes
    06 Abr 14 20:46

    Hoy no puedo más con tanto dolor, los desahucios, la violencia machista, las muertes en la valla, tengo los huesos molidos y el alma triste muy triste de ver cuanto me rodea y no sólo en las noticias. Pero se que es tarde y la noche me agacha.
    Mañana me levantaré dispuesta de nuevo para seguir caminando en la Esperanza, en la Vida que triunfa aún a pesar de la mirada que contempla la muerte.
    Como dice “La abuelita querida” No es lo mismo oír que escuchar, ni ver que mirar, ni tocar que acariciar….

  2. Oxuan7
    09 Abr 14 17:29

    Sin desperdicio, como acostumbrás. SOBERBIO EL PEDASITO DEL POEMA. ¡ CÓMO SERÁ TODO ÉL !

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