Llegó la época de los incendios en España. Cuatro en Tarragona, tres en Teruel, dos en Cuenca…en Almería, en  Soria y Burgos, en Alicante, en Murcia, en las Hurdes…

Y con los fuegos llegan sus consecuencias: personas que mueren, evacuaciones masivas, desastres ecológicos y económicos,…

Las dificultades suelen estar catalogadas: Altas temperaturas, fuertes vientos, tormentas eléctricas, difícil orografía,…Como que la naturaleza no colaborara en los trabajos de extinción.

¿También es culpable la naturaleza de las causas?

    

     Según datos de organizaciones ecologistas, en España se producen cada año una media de 20.000 incendios y se queman unas 140.000 hectáreas, principalmente en épocas estivales y por causas relacionadas con el hombre.

Los gobernantes se apresuran a contar los numerosos efectivos desplegados y medios aéreos para extinguirlos. ¿Pero realmente consideran les preocupa tanto el sector forestal? ¿Lo consideran rentable?

Los pirómanos anónimos suelen aparecer como protagonistas. ¿Pero qué intereses mueven a los pirómanos? Otra retahíla de argumentos se enumera: despojar zonas para construcciones, o para cultivar,  o para aprovechar la madera quemada, o por venganza,…

¿Nada hay que decir de la privatización de enormes extensiones de tierras en las que se abandonan las actividades agroforestales?

¿Acaso un mundo rural vivo, con sus actividades agrícolas y ganaderas no han servido a lo largo del tiempo como medio preventivo de incendios?

¿Están los montes suficientemente cuidados, limpios, con los necesarios cortafuegos, podas, clareos y caminos de acceso, con vigilancia bastante,…?

¿Es que la prevención de los incendios es menos vistosa que la movilización de los medios una vez iniciado el fuego? ¿Se movilizan los suficientes?

    

     Volvemos al dicho: los fuegos se apagan en invierno. El mantenimiento y limpieza de los montes evitan incendios o, al menos, permiten que sean menos devastadores.

¿No es ésta una excelente fuente de trabajo, ahora que tenemos más paro que nunca? ¿Por qué no se hace? ¿Quién se empeña en decir que aumentar retenes de limpieza y extinción son menos rentables  que, por ejemplo,  las carísimas y grandiosas depuradoras?

Como es habitual, se prefieren las ‘lamentaciones’ a las ‘medidas preventivas’.

No es una maldición divina, cada año mayor, la que nos castiga todos los veranos.

Es que cada año hay menos ganados que se coman la hojarasca y las hierbas. Es que cada año se recortan, como en la Generalitat Valenciana, los presupuestos para la prevención. Es que cada año hay más recalificaciones de terrenos abrasados. Es que se siguen haciendo barbacoas en los bosques y quemas descontroladas de pastos. Es que, como dicen los ganaderos, la Administración tendría que ayudar a quemar matorrales para obtener pastos de forma controlada.

Para ello hacen falta más normas protectoras; más campañas de sensibilización; más vigilantes, más guardas y más retenes de limpieza y de extinción y con contratos permanentes;  más recursos, en definitiva, destinados a prevención y no sólo a extinción que actualmente se lleva las tres cuartas partes de ese capítulo presupuestario.

    

     Hasta aquí la lógica. Pero la Naturaleza lleva años sufriendo y muriendo con la lógica y el palabrerío proteccionista.

Por ejemplo, la comarca de Laciana (León) goza de los mayores niveles de protección:  Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), se encuentra dentro de la Red Natura 2000, Reserva de la Biosfera y está incluida en los Planes de Recuperación del Oso Pardo y del Urogallo Cantábrico. Casi nada.

Pero de poco sirven todas estas protecciones cuando empresas como Coto Minero del Cantábrico, propiedad de Victorino Alonso, se saltan todo tipo de leyes con el beneplácito de las autoridades comarcales, regionales e, incluso, estatales y mantiene allí una explotación de carbón a cielo abierto destrozando la comarca.

De nada sirven las protestas ecologistas contra la impunidad de Victorino Alonso, que tiene el privilegio de ser el empresario con la multa más alta de todo el territorio español por un delito contra el medio-ambiente, 120 millones de euros. Las autoridades supuestamente le persiguen por varios delitos fiscales, pero es tal la protección que tiene por algunos partidos políticos, que los expedientes nunca salen a la luz, comenta el grupo Filón Verde.

 

     La Naturaleza debe estar harta de “brotes verdes” y de políticas “proteccionistas”, que continuamente son desmentidas con la práctica del “TODO VALE”.

También el pasado día 11 de junio hubo otro incendio en el campo de maniobras de Chinchilla. Al parecer, por el intenso calor. Pero todo apunta a que uno de los factores clave fue que en la zona se realizan prácticas militares, incluidos sobrevuelos, en un horario y en unas condiciones climatológicas propensos a que una pequeña chispa provoque un gran fuego. Inteligencia militar, que se dice.

Ya que el Ministerio ha puesto un gran empeño en la recuperación medioambiental de la zona, ¿se informó de la envergadura del incendio? No. ¿Sabemos en qué grado quedaron afectadas la flora y la fauna de la zona? No. ¿Hubo algún momento de peligro real para las poblaciones cercanas al campo de maniobras, entre otras cosas porque quizá se dispersasen en la atmósfera partículas nocivas para la salud contenidas en el diverso armamento dormido y desparramado en el suelo y de cuyos componentes exactos nunca se nos informa? Tampoco dirán toda la verdad.

¿Cuántas décadas llevan los vecinos cercanos pidiendo a Defensa la desmilitarización de la sierra y que se hagan estudios radiológicos del entorno, así como ser informados sobre el material que se guardó durante estos años en el polvorín de Chinchilla y sobre cuáles son los componentes de cada una de las bombas que  explotaron en la zona desde que se utiliza como campo de maniobras y polígono de tiro?. Pero la respuesta, evidentemente, está en el aire…

    

     ¿Quieren que profundicemos un poco más? ¿O nos limitamos a pasar página una y otra vez, como si nada pasara, como si nada se perdiera, quedándonos plenos de satisfacción cuando la Televisión anuncia triunfalmente que los incendios ya están controlados o, por fin, extinguidos?

¿Es que no se puede reivindicar de manera permanente que hablamos de nuestro suelo, de nuestras raíces, de nuestra fuente de alimentos, del medio que nos sostiene a todos los seres humanos?

Con la modernidad se perdió la visión de interdependencia entre todos los seres de la naturaleza. ¿Quién ha dicho que existe separación entre la naturaleza y los seres humanos?

Como dice F. Betto, poco ayudó la interpretación equivocada de la Biblia (la idea de que Dios lo creó todo y finalmente lo entregó a los seres humanos para que “dominasen” la Tierra). El dominio se convirtió en sinónimo de expoliación, estupro, explotación. Se buscó la manera de arrancarle al planeta el máximo de lucro. Los ríos fueron polucionados; los mares, contaminados; el aire que respiramos, envenenado; los bosques arrasados.

El Universo tiene cerca de 14 mil millones de años. Y el ser humano existe hace apenas 2 millones de años. Eso significa que somos el resultado de la evolución del Universo.

Pueden decirnos que el Universo era bello, pero ciego. Que a través de los ojos humanos ha reconocido su belleza y por eso se llama Cosmos (palabra griega de donde viene cosmético, lo que imprime belleza).

Pero la Tierra, ahora, está siendo devastada y está polucionada. Y toda la humanidad sufre los efectos de su devastación, pues todo lo que hacemos se refleja en la Tierra, y todo lo que sucede en la Tierra se refleja en nosotros/as.

¿Recuerdan aquello que decía Gandhi: “La Tierra satisface las necesidades de todos, menos la voracidad de los consumistas”?

También lo recordaba aquel indio de los EUA: “Cuando el último árbol sea talado, el último río envenenado y el último pez pescado, entonces vamos a darnos cuenta de que no podemos comer dinero”.

La destrucción del medio de vida, la pobreza y la violencia están amenazando de extinción  de la especie humana.

La injusticia social produce desequilibrio ambiental y eso genera injusticia social.

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