El año 2014 ha sido premiado con varias “nominaciones internacionales” por parte de Naciones Unidas:

     – “Año Internacional de la Cristalografía” (La ONU alienta a todos los Estados a promover acciones para aumentar la conciencia del público sobre la importancia de la cristalografía para hacer frente a las enfermedades y a los problemas ambientales).

“Año Internacional de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo” (La ONU alienta a todos los Estados a promover actividades, incluso por medio de la cooperación internacional y regional, a fin de lograr el desarrollo sostenible de estos pequeños Estados).

“Año Internacional de la Agricultura Familiar” (Iniciativa del Foro Rural Mundial, respaldada por más de 360 organizaciones civiles y campesinas de todos los continentes, cuya celebración a nivel mundial, declarada por la ONU, pretende la promoción de políticas activas a favor del desarrollo sostenible de los sistemas agrarios basados en la unidad familiar campesina, comunal, indígena, cooperativa y pesquera. Todo ellos desde la perspectiva de la lucha eficaz contra la pobreza y el hambre, así como de un medio rural basado en el respeto al medio ambiente y a la biodiversidad).

“Año Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino” (La ONU solicita al ‘Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino’ que siga promoviendo la realización de esos derechos inalienables, incluido su derecho a la libre determinación, y apoye el proceso de paz en el Oriente Medio para lograr la solución biestatal basada en las fronteras anteriores a 1967  y movilice el apoyo y la asistencia internacionales al pueblo palestino).

Hasta aquí el escaparate.

 

Como era de esperar, la nominación más controvertida y más silenciada ha sido la última. Tras dos días debatiendo, la declaración fue aprobada por amplia mayoría: 110 votos a favor, 56 abstenciones (entre ellos la “supuesta neutral” Europa) y el rechazo de Israel, Estados Unidos, Canadá, Australia, Micronesia, Palau e Islas Marshall.

Numerosos países aprovecharon para denunciar la hostilidad de Israel, expresada en la colonización a través de nuevos asentamientos en los territorios ocupados, el bloqueo a la Franja de Gaza, la construcción del Muro de Cisjordania, los ataques a templos en Jerusalén Oriental, los asesinatos a civiles y las redadas continuas. Y consideraron que terminar con tales prácticas es la clave para la solución de dos estados conviviendo en paz y seguridad, con las fronteras anteriores a 1967, como indicaron en su día varias resoluciones de la ONU.

¿Y si los desvergonzados aliados de Israel se están encontrado cada vez más aislados y presionados por sus propias sociedades civiles exigiendo un enfoque basado en los derechos más que en el poder? ¿Y si la sociedad civil también exige a sus países abstencionistas de Occidente, y su pretendida imagen de estar ni a favor ni en contra, un mayor compromiso solidario con Palestina y con el derecho internacional?

¿Y si la sociedad civil exige a esa mayoría de países posicionados a favor de Palestina que sus palabras se conviertan en hechos?

¿Y si la sociedad civil internacional denuncia a la ONU por no cumplir con su responsabilidad de manera efectiva para que se observen sus resoluciones, el derecho internacional y la justicia global con respecto al pueblo palestino? ¿Cómo puede la ONU justificar su aquiescencia con la invasión permanente de Israel y el desamparo del pueblo palestino? ¿Acaso no está siendo otro reflejo más de su impotencia?

Efectivamente, ¿No es hora de que la sociedad civil vaya manifestando al mundo su enorme capacidad y ejerciendo su soberanía en cada país, liberándose poco a poco del sometimiento a los poderes, partidos políticos, organismos e instituciones nacionales e internacionales?

Corren vientos de cambio.

 

En este gran teatro del mundo, también la Comunidad Europea venía asignando desde 1983 sus “nominaciones del Año Europeo de…”: Lucha contra la pobreza, el voluntariado, el envejecimiento activo, los ciudadanos…

Dedicaciones tan sonoras como irrisorias y falsas.

2014 es el ‘Año Europeo de nada’, pues se quedó sin motivo de celebración. Faltó consenso en este año de ‘transición institucional’. No se aceptaron propuestas de los lobby o grupos de presión. ¡Bastante tienen con afilar los cuchillos para las Elecciones Europeas 2014!

¡Nada de Años Europeos de…! Los gobiernos europeos e instituciones de la Comunidad Europea necesitan toda su dedicación para animar, ilusionar, cautivar, engañar y movilizar a toda la sociedad civil y que les siga votando, y así contar con un salvoconducto para continuar imponiendo sus políticas neoliberales.

Pero la sociedad civil está cada día más desengañada de la Comunidad Europea y sus políticas.

Con crisis y sin crisis, la desigualdad entre ricos y pobres continúa ensanchándose en Europa.

Y la sociedad civil está harta de verborreas, mentiras, patrañas y traiciones.

Corren vientos de cambio.

 

El mochuelo

   (enero-2014)

 

  1. Luis
    27 Ene 14 16:12

    Un apunte respecto al estado de Israel, que era un estado Sionista, hoy, parece ser, se encuentra dividido el estado y la religión (?). Paradójicamente es la oposición de Hamas la que es islámica, identificando el Islám y la política.

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