Entrevistas… a Galeano

Eduardo Galeano

 

 

 –¿Porqué tituló su último libro “Espejos”?    

–Porque en los espejos uno se reconoce en otros aunque esos otros ya no estén. De algún modo te reconoces: en lo que amas o en lo que odias. El libro está escrito para contar cosas, contar historias que le ocurrieron “a los que no salieron en la foto”. O sea, a los que fueron excluidos por la historia oficial: las mujeres, los negros, los indios, los chinos, los hindúes, los árabes. Es gente que tiene una enorme historia pero que no se sabe que ha ocurrido.  

 

–Cuando dice que es una Historia casi universal, no es también la historia de los vencidos, de los derrotados…          

–Sí. Creo que sí. Porque creo que los mensajes más interesantes que podemos recibir son los mensajes no escuchados, porque los que emitieron esos mensajes fueron los derrotados de la Historia oficial. Yo fui rescatando cosas que me fueron asombrando en la medida que las iba descubriendo. Se trata de recoger el testimonio de los no escuchados, justamente porque sus vencedores se ocuparon de callarlo. De todos modos, la prueba de que la Historia está viva es que los vencidos de hoy pueden ser los vencedores de mañana o a la inversa. 

      

–Usted trabaja mucho con la mirada, con el punto de vista para cuestionar aquellas cosas que uno da por obvias.  

–Yo lo que hago es mirarlas de otro lado. Siempre digo que desde el punto de vista de una lombriz un plato de spagettis es una orgía. Se trata de mirar desde el otro ángulo. ¿Porqué fueron “normales” cosas que fueron tan anormales?. ¿Cómo pudieron ser aceptadas tantas exclusiones, tanta discriminación, tantas mutilaciones?

 

–Deme un ejemplo           

–La Iglesia católica impidió durante siete siglos y medio que las mujeres cantaran en los templos. ¿Porqué eso resultó “normal?. La idea que las voces de las hijas de Eva ensuciaba la pureza del templo porque era la voz que había tentado a Adán.  

–Lo mismo pasa con el celibato sacerdotal. Los curas se casaban hasta que la Iglesia -que era dueña de la tercera parte de todas las tierras de Europa- temió que se podía timbear el patrimonio si se dejaba en manos de las mujeres y los hijos de los curas. Para preservar su patrimonio inmobiliario, la Iglesia se convirtió en la única empresa de solteros del mundo.   

 

–¿Cómo prefiere definirse: como periodista, como historiador, como cronista?        

–Como nada. Yo no sé bien lo que soy. Lo que escribo es un género de géneros, es una cosa muy difícil de clasificar. Lo que sé es que la mirada humana es subjetiva: la objetividad es una aventura imposible y que en general se usa como máscara para ocultar las deformaciones más colosales de la realidad.

 

–La denuncia es una constante en sus libros y artículos, pero el tono de la denuncia ha cambiado ¿Por qué?  

–He ido descubriendo que todo lo que uno intente hacer para desenmascarar la realidad va a ser más eficaz, va a funcionar mejor si uno se limita a mostrarla tal cual es. La denuncia explícita me parece menos eficaz a largo plazo que la denuncia implícita. Es como la diferencia entre la pornografía y el erotismo.

      

–¿Cómo trabaja?   

–Siempre ando con una libretita (saca del bolsillo una libreta del tamaño de una caja de fósforos). Acá tomo nota de cosas que veo, que leo, que no sé si se van a convertir en algo: (hojea la libreta y lee:)  

“Todo se hace desde abajo, salvo los pozos se hacen desde arriba”   

Ocho años, hijo de un cartonero en Buenos Aires:        

–¿Qué es lo que más te gustaría? 

–Conocer a Dios pero sin morirme

–¿Cómo elige a sus enemigos?  

–No hay malos y buenos. Todo lo que nos mutila la diversidad posible, no ayuda a vivir. Las concepciones fanáticas, dogmáticas de la religión, la política o la cultura o de lo que sea, son mutiladoras de la diversidad. Lo mejor que el mundo tiene es la cantidad de mundos que el mundo contiene. Lo que yo siento como enemigo es aquello que me niega la diversidad del mundo.    

 

–¿Qué piensa de la nueva generación de líderes latinoamericanos?      

–Hay una voluntad de cambio que me parece muy saludable, pero las generalizaciones son injustas y no muy respetuosas de la realidad. Me parece que existe una voluntad popular de cambio: la gente quiere otra cosa. Se hizo una experiencia muy desgraciada con esta idealización del mercado como una solución mágica para los problemas hasta que país por país se ha ido demostrando que el libre mercado es enemigo de la libertad humana.

Por otra parte, los países ricos se consideran con derecho a tomar examen de democracia a todos los demás. Los procesos de cambio que se están dando en América Latina son “profundos”, “diversos” y “hermosos” y resultan bastante incomprensibles para el Norte del mundo. Hay una tradición de desprecio que proviene de la humillación colonial, que obliga a desconocer todo lo que en estas comarcas ocurre.

Murió Mario Benedetti  

— ¿Qué puedo decir?. “Benedetti” significa “benditos” en italiano, y lo único que puedo decir es eso: Benditos los hombres y mujeres generosos como él.

(Ante la insistencia de los periodistas por sus escasas palabras para expresar el dolor por la muerte del poeta…añadió). No, porque yo no solo soy enemigo de la inflación monetaria, sino también de la inflación “palabraria”. Y me parece que el dolor se dice callando.

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