El Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) ha celebrado su XV Cumbre en este mes de Julio. Los 118 países insisten en la necesidad de un nuevo orden en el que tengan más peso. A la cita han acudido más de medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno, en su mayoría del continente africano y asiático, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

    

     Hubo una intervención digna de resaltar, de la que se ofrece un resumen:

                En el pasado mes de abril, para preparar esta Cumbre, se celebró la Reunión Ministerial del Buró de Coordinación del Movimiento, donde consensuaron posiciones sobre los temas más apremiantes para la humanidad y en particular para los países en desarrollo. La Declaración Especial sobre la Crisis Económica y Financiera Mundial, adoptada en dicha Reunión, es un testimonio de la trascendencia de los debates y de nuestra decisión de participar concertadamente en la solución de los problemas internacionales. El Movimiento ha confirmado su convicción de que todos los países del mundo, deben tomar parte en la búsqueda de soluciones efectivas y justas a la actual crisis.

                Los países en desarrollo son los más afectados por la crisis económica global. Cientos de millones de personas en el mundo, particularmente en nuestras naciones, son víctimas del analfabetismo, el desempleo, el hambre, la pobreza y enfermedades curables, que hacen que los seres humanos residentes en el Sur del planeta, estén condenados desde que nacen a vivir menos y peor que quienes habitan el Norte industrializado.

                Paradójicamente, como casi siempre ocurre, fue en los países ricos donde se originó la actual crisis,  consecuencia de los desbalances estructurales y la irracionalidad de un sistema económico internacional basado en las leyes ciegas del mercado, el egoísmo, el consumismo y el derroche de unos pocos a costa del sufrimiento de nuestros pueblos.

                Reclamamos la construcción urgente de una nueva arquitectura financiera internacional, basada en la participación real de todos los países, en especial de las naciones en desarrollo. La actual crisis no se resuelve con medidas cosméticas que en el fondo intentan preservar el sistema económico actual plagado de graves deficiencias, injusto, carente de equidad e inefectivo. La solución a la crisis económica global pasa necesariamente por la refundación del sistema monetario internacional.

                Se debe lograr un patrón de referencia monetaria que no dependa de la estabilidad económica, la legislación o las decisiones políticas de un solo Estado, por muy poderoso e influyente que sea.

    

      El nuevo sistema deberá reconocer las condiciones particulares de los países en desarrollo y otorgarles un trato especial y diferenciado, así como promover un orden económico internacional justo y equitativo que se sustente en el desarrollo sostenible, cuyas instituciones estén subordinadas al sistema de las Naciones Unidas.

                La unidad y la solidaridad entre los países que integramos el Movimiento constituyen requisitos imprescindibles para potenciar el impacto de nuestras posiciones. La fuerza del Movimiento radica en su capacidad de alcanzar consensos como resultado de debates francos. Todos los miembros  han tenido la oportunidad de participar en la formulación y defensa de nuestros acuerdos y líneas de acción. El éxito radica en afianzar la unidad que emana de la diversidad que nos caracteriza.

En 1961 éramos 25 países en el Movimiento, Cuba el único latinoamericano. Hoy somos 118 Estados miembros, por tanto, constituimos mayoría en la comunidad internacional. Pero no sólo hemos crecido en número, además la historia ha demostrado la justeza de nuestras aspiraciones y metas. Nuestras reivindicaciones no pueden ser ignoradas, ni las decisiones sobre los principales problemas que afectan a la humanidad podrían adoptarse sin la participación activa del Movimiento.

                Los desafíos comunes para los países no alineados son graves y numerosos. Nunca antes el mundo fue tan desigual y las inequidades tan profundas. Pero junto a los retos ha crecido también la capacidad de resistencia y la fuerza de nuestro Movimiento.

Hemos enfrentado amenazas y agresiones, condenado tratos injustos en el comercio y las finanzas internacionales, y exigido nuestra participación plena en las principales instancias de gobernabilidad mundial.

Nuestros principios y documentos brindan una base programática para enfrentar de conjunto los enormes desafíos planteados para luchar por un mundo mejor, donde el derecho de nuestros pueblos a la paz, la libre determinación y el desarrollo sea respetado.

Es importante continuar evaluando de modo sistemático los mecanismos y la metodología del MNOAL, para emplearlos al máximo de sus potencialidades.

                Los acuerdos alcanzados se mantendrán como legado al Plan de Acción del Movimiento de Países No Alineados.  La promoción del multilateralismo y la democratización de las relaciones internacionales, el pleno respeto a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional, son consustanciales a la existencia misma y al efectivo desempeño del Movimiento. Hemos rechazado los métodos antidemocráticos, la falta de transparencia, los obstáculos a la participación plena y la discriminación en las deliberaciones y negociaciones multilaterales.

                El MNOAL debe estar presente en todo escenario multilateral relevante para defender los intereses de los países en desarrollo. Su objetivo no será nunca la competencia, sino la complementación con otros mecanismos de concertación de los países del Sur.

 

     Preservar la paz y la seguridad internacionales debe seguir siendo una prioridad fundamental del Movimiento. Permanece como meta pendiente y urgente la eliminación total de las armas nucleares y otras armas de exterminio en masa.

Estamos lejos de alcanzar nuestros objetivos en éste ámbito y se requiere seguir trabajando hasta lograrlos.  Resulta irracional que mientras se incrementan a un ritmo vertiginoso los gastos militares anuales, que ya alcanzan la escalofriante cifra de 1 millón 464 mil millones de dólares, casi el 60% concentrado en un solo país, el número de hambrientos en el planeta se aproxima a los mil millones.

                Los recursos que hoy se destinan a la industria de la guerra deben ser utilizados en la educación, la salud y la cultura, en el bienestar económico y social de nuestros pueblos. Para ello se necesita voluntad política y compromiso real. Se requiere la renuncia a los proyectos hegemónicos, a la amenaza y uso de la fuerza, al egoísmo y al derroche irracional de unos pocos. Poner fin a un orden internacional basado en el ejercicio de pretensiones imperiales.

                Otra prioridad del Movimiento de Países No Alineados ha sido asegurar una mayor participación del Sur en las labores y el proceso de toma de decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Se han logrado avances en el desempeño del Caucus No Alineado en ese órgano. Sin embargo, aún queda mucho camino por andar. No estamos aprovechando todas las potencialidades actuales y nuestra actuación todavía no tiene un peso decisivo en los acuerdos que allí se adoptan. Por supuesto, hay problemas estructurales que sólo podrán ser superados con una profunda democratización del Consejo de Seguridad, como parte de la reforma que requiere la ONU.

     El apoyo a la justa causa palestina y las de otros pueblos árabes ocupados ha estado y continuará en el centro de las acciones del Movimiento de Países No Alineados. No hemos vacilado en condenar las agresiones y crímenes de Israel, la potencia ocupante. No descansaremos hasta ver cumplidas las reivindicaciones de nuestros hermanos palestinos y árabes. No existe otro camino que el diálogo y la negociación para lograr una paz justa y duradera en toda la región del Medio Oriente, que pasa ineludiblemente por la fundación de un Estado palestino independiente, con Jerusalén Oriental como capital. El Movimiento de Países No Alineados tiene el compromiso de continuar apoyando a uno de sus miembros, el pueblo hermano de la República de Honduras en su lucha contra el brutal golpe de estado que usurpó el poder al gobierno constitucional de ese país. Tiene también el deber de exigir que se cumpla el acuerdo de la Asamblea General de Naciones Unidas, de restablecer en su cargo al presidente José Manuel Zelaya, sin las condiciones humillantes que pretenden imponerle y continuar denunciando la represión y el asesinato de nuestros hermanos hondureños.

     El Movimiento se ha reactivado en la UNESCO. Existe suficiente margen para continuar fortaleciendo y consolidando su actuación en esa Organización, donde los esfuerzos de los países no alineados son fundamentales para hacer realidad objetivos tan imprescindibles como la educación para todos, el respeto a la diversidad cultural, la preservación del patrimonio cultural de la humanidad, el cese del robo de cerebros a nuestros países del Sur y la superación de la enorme brecha entre naciones pobres y ricas en materia de información y comunicación.

     El Movimiento de Países No Alineados es un actor imprescindible en el Consejo de Derechos Humanos, el Organismo Internacional de la Energía Atómica y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Debemos prepararnos para la revisión institucional del Consejo de Derechos Humanos.

Nuestro objetivo es preservar el enfoque de cooperación, respeto y diálogo, para la promoción y protección de los derechos humanos para todos. No podemos permitir que el Consejo retorne a las prácticas que terminaron hundiendo en el descrédito a la extinta Comisión de Derechos Humanos.

     Particular importancia tienen los avances producidos en la coordinación de nuestro accionar en la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo. Así lo exige la trascendencia para los países en desarrollo de los temas que allí se debaten. Con la celebración de las reuniones anuales de nuestros ministros de Salud y de Trabajo, y las decisiones en ellas adoptadas, el Movimiento ha dado un impulso esencial a la defensa de los intereses del Sur en dichas organizaciones internacionales.

En la OMS, por ejemplo, tenemos objetivos apremiantes por delante, como detener la muerte cada año de 10 millones de niños por enfermedades prevenibles; revertir la diferencia de 40 años en la expectativa de vida entre países más ricos y más pobres; ampliar la formación de personal sanitario en las naciones en desarrollo; y exigir mayor atención a las enfermedades que afectan a nuestros pueblos.

     Cuba es un pequeño país en desarrollo al que no le sobran los recursos y además ha sufrido el más prolongado, abarcador y cruel sistema de sanciones unilaterales por parte de un poderoso Estado…Pese al reclamo casi unánime de la comunidad internacional, el rechazo de su propio pueblo y las promesas de cambio del nuevo Gobierno de los Estados Unidos, la realidad es que hoy se sigue aplicando contra Cuba, con el máximo rigor, el ilegal bloqueo impuesto hace casi cinco décadas.

                Es mucho lo que podría lograrse si el egoísmo diera paso a la cooperación y solidaridad, si nos unimos para luchar contra un sistema de explotación y saqueo que tiende a reproducir el subdesarrollo y ampliar la distancia entre un reducido grupo de naciones ricas, donde reside apenas el 20% de la población mundial, y una vasta periferia integrada por nuestros países, donde habita el 80% de la humanidad.

Estamos convencidos de que un mundo mejor es posible. En la lucha por conquistarlo, el Movimiento de Países No Alineados está llamado a desempeñar un papel fundamental.

Si alentador resulta todo lo que hemos logrado juntos, más importante es que estemos conscientes de los enormes desafíos que están por delante.

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