La fiesta más solemne de Toledo (España) es el Corpus Christi. Ese día, la sagrada hostia transita por las calles toledanas en una enorme custodia de 183 kilos de plata y 18 de oro.

Este año, en la homilía de la Catedral se evocaron las palabras del Evangelio: “Venid benditos de mi padre, porque tuve hambre y me disteis de comer…”

Esas palabras salieron de la boca del Prelado. Es imposible que salieran de la Custodia (de dos metros y medio de altura) construida con el primer oro traído de América por Cristóbal Colón.

 

Algunas pintadas en paredes de Argentina parecen dedicatorias:

“Estaremos siempre al lado del gobierno, porque si vamos delante nos jode y si vamos detrás nos caga”

“La patria dejará de ser colonia o moriremos todos perfumados”

“¡Prohibido robar! ¡El poder no admite competencia!”

“El gobierno es como un bikini. Nadie sabe cómo se sostiene, pero todos quieren que se caiga”.

“Las inundaciones no se producen porque los ríos crecen, sino porque el país se hunde”.

 

Tantas pegas para que el avión del presidente boliviano repostase en suelo europeo y qué gentiles fuimos al autorizar similares operaciones por parte de los aviones de la CIA que llevaban presos sin derechos ni garantías hacia Guantánamo y otras oscuras mazmorras de la democracia.

 

En la introducción de su recomendable libro “Yo soy Tú. Propuesta para una Nueva Sociedad”, Diego Isabel La Moneda cuenta:

Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos; después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando el antropólogo les preguntó por qué habían corrido así si uno solo podía ganar todas las frutas, los niños  le respondieron: Ubuntu, ¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz si todos los demás podrían estar tristes?

 

Pascual Serrano comenta una noticia de la prensa del 9 de abril.

Durante su visita el pasado 2 de febrero, el gobierno de Mali le regaló un camello al presidente francés François Hollande para agradecerle la intervención militar francesa.

Como no pudieron llevárselo a Francia en aquel momento, las autoridades de ambos países decidieron que una familia local lo cuidara. La citada familia no tenía nada para comer y optó un buen día por sacrificar al animal y comérselo.

Lo impresionante es que los dos gobiernos, los medios franceses y los medios españoles expresaron su tristeza por el final del camello, pero ninguno hizo referencia a la situación de la familia que, sin ese camello, se hubiera muerto de hambre.

 

En la Escuela del Mercado nos enseñaron que “el tiempo es oro”.

En aquella escuela no estudió Eric From: “Es extraordinario lo que ocurre en nuestra cultura: hacemos todo para no perder tiempo, para ahorrarlo, y cuando hemos logrado salvarlo o ahorrarlo lo matamos, porque no sabemos qué hacer con él”.

Ni tampoco estudió en esa escuela José Luis Sampedro: “El tiempo no es oro, el oro no vale nada. El tiempo es vida”.

 

En la Escuela de la Naturaleza enseñan cosas muy diferentes.

Recuerden lo de los pingüinitos de la Antártida. Cuando salen del huevo, los pollos, que apenas son una bola de pelusas con media neurona (su estupidez es famosa), se quedan solos y a la intemperie mientras sus padres pescan.

La temperatura (70 grados bajo cero) los congelaría en un minuto. Pero los pingüinitos, que son miles, se juntan instintivamente en apretados grupos para darse calor, y permanecen rotando todo el tiempo para que las crías del perímetro exterior solo estén expuestas al frío unos segundos.

¿Acaso los seres humanos seremos más torpes y desastrosos que los pingüinos?

 

¿Casualidades? No es por casualidad que la mayoría de los jugadores de básquetbol sean hombres altos, ni que la mayoría de los travestis sean homosexuales.

Tampoco es casualidad que la mayor parte de aquellos que ostentan el poder sea gente ambiciosa.

Es decir, no es casualidad que el mundo esté gobernado por gente que no debería gobernarlo.

 

El comentario anterior lo hacía Jorge Majfud, a quien, por lo visto, una vez alguien le dijo que él no podía hablar de religión porque no era un hombre religioso.

“Me quedé pensando un instante, porque en algo tenía razón: yo soy un espíritu religioso, pero no soy un hombre religioso porque mi mente desconoce la seguridad. Obviamente, se equivocaba en lo demás”.

“Señor —quise contestar, no sin timidez—, si los sacerdotes católicos desde siempre han dado consejos matrimoniales y ahora hasta dan clase de conducta sexual, ¿por qué no podría un ateo enseñar teología?”

 

El mochuelo
(agosto-2013)

  1. Luis
    19 Ago 13 14:58

    !Basta de dar caña, por dar caña¡…y que coste que lo de los pingüinitos es para reflexionar.Los Luises.

  2. Luis
    20 Ago 13 14:45

    Donde pones casualidad, debería decir causalidad,
    de esta manera queda más claro. Los Lluises

  3. Juan
    22 Ago 13 21:00

    Los chascos y paradoxas siempre son bienvenidos y los manejas con acierto, a mi parecer. Naturalmente para gustos se hicieron colores, que dijo Andrés.
    Y otra cosa: ¿Los luises no eran una moneda?

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