Mi mundo, tu mundo y el G-8

 

     Se reunió el grupo de los más poderosos para… ¿arreglar el mundo?

El G-8, reunido en Italia, ha dicho: “los líderes destacaron que los mercados abiertos son la llave del crecimiento económico y del desarrollo”.

Un catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, Juan Torres López, contesta: “Mienten como bellacos”, porque ni uno solo de esos países ha llegado a la situación de desarrollo que tiene porque haya abierto sus mercados, sino justamente por todo lo contrario. Como tampoco es verdad que los países que mejor evolucionen en la actualidad sean los que mantienen más desprotegidos sus mercados. Si de verdad fuese la llave del crecimiento, ¿por qué ellos mismos no se aplican el cuento? ¿Por qué se protegen tanto? Mienten. Y no será posible cambiar el mundo mientras nos mantengamos impasibles ante sus mentiras, mientras no tengamos capacidad para mostrar a los ciudadanos que los discursos con los que revisten las decisiones que adoptan son falsos y sin fundamento, que no buscan más que protegerse y disimular sus verdaderas intenciones.

 

     Otro canto de sirena. En la Cumbre del año pasado, estos líderes de los ocho países más ricos del mundo miraron para otro lado cuando los más pobres les hicieron demandas imperiosas para hacer frente a la repentina elevación en los precios de los alimentos que estaba produciendo la especulación financiera, una actividad que precisamente las instituciones gobernadas por los ricos habían consentido cuando no alentado mediante sus medidas liberalizadoras.

Ahora, en Italia, al menos han incluido en su amplia agenda cuestiones como la seguridad alimentaria y el cambio climático que hasta hace bien poco ni siquiera merecían la naturaleza de problemas que hubieran de ser planteados abiertamente en las cumbres. Incluso se ha hablado con cifras en la mano y de cantidades más generosas. Novedades que han merecido las alabanzas de muchos medios de comunicación, de dirigentes políticos y de creadores de opinión de las tendencias más variadas. “Papi” Silvio manifestaba su propio sentir y cabe pensar que el de los demás líderes al decir que tenía “la gran satisfacción de anunciar que se ha acordado crear un fondo contra el hambre de 20.000 millones de dólares”. Las agencias enseguida anunciaban que “el G8 se moviliza contra el hambre”.

 

     Los compromisos son importantes si se resuelven con medidas concretas. Con todo y con eso, ¿puede considerarse tan decente la respuesta ante la situación en la que se encuentra la economía y el Planeta en su conjunto? ¿Cómo podemos sentirnos satisfechos como Berlusconi, o aceptar que se diga que el G8 se ha movilizado contra el hambre, porque se proponga crear un fondo de 20.000 millones de dólares? ¿Cómo no tener en cuenta que esa cantidad es unas 900 veces más pequeña que la que sólo Europa y Estados Unidos han dedicado a rescatar bancos irresponsables cuando no sencillamente corruptos? ¿Se puede considerar que poner esa cifra en tres años significa una verdadera “movilización” contra el hambre cuando cada día mueren entre 25.000 y 30.000 personas de hambre, cuando sólo en 2009 va a haber 100 millones más de personas hambrientas como consecuencia de la crisis económica? ¿Acaso es decente decir que eso es una medida contundente y comprometida, satisfactoria, contra el hambre cuando estamos hablando de una cantidad que es más o menos la misma que en un año malo como 2008 ganaron solo el Banco de Santander y el BBVA? Y lo que es peor, ¿cómo creer que esta vez los países ricos sí van a cumplir sus promesas y que van a movilizar de verdad esos recursos, algo que hasta ahora nunca, nunca, nunca han hecho?         
               

     No cumplieron su propio compromiso de 2005 en Escocia, no cumplen sus compromisos con los Objetivos del Milenio, no han cumplido tampoco con su promesa del año pasado de donar 6.400 millones de dólares para reforzar a la FAO. Nunca cumplen y ahora nos quieren hacer creer que están dispuestos a cambiar el mundo porque hablan de un compromiso mayor pero sin dedicar ni un minuto ni una sola línea de sus conclusiones a explicar por qué no han hecho lo que nos prometieron hacer otras veces. Como tampoco han cumplido sus compromisos relativos al medio ambiente que ahora pretenden hacer creer que saldrán reforzados tras la Cumbre.               
¿Cómo sentir satisfacción y no indignación cuando los líderes que han incumplido esos compromisos y ni siquiera se detienen a analizar su incumplimiento dicen ahora en sus conclusiones que “han decidido actuar resolutivamente para implementar decisiones para erradicar la pobreza y el hambre”? ¿Acaso hay algo más resolutivo que cumplir inmediatamente con las demandas de las Naciones Unidas, o con sus propios compromisos anteriores? ¿Por qué hablan de llegar a  necesarios acuerdos para alcanzar respuestas eficientes? ¿Acaso no están claros esos problemas y no están sus soluciones desde hace años sobre la mesa, propuestas por cientos de organizaciones civiles, por las Naciones Unidas, por instituciones o científicos y otros líderes de todas las tendencias? ¿Cómo creernos que su “compromiso para promover la salud global” es sincero, si para alcanzarla bastaría con que hicieran frente a las obligaciones que ellos mismos establecieron al respecto en los Objetivos del Milenio? Y, ¿cómo no pensar que eso es puro humo, si al mismo tiempo no se habla de aumentar el gasto público y de establecer sistema sanitarios públicos que es lo único que puede garantizar un objetivo como ese?        
Juan Torres añade: Ulises se hizo amarrar al mástil de su barco para evitar el canto de las sirenas. Nuestra tabla de salvación no puede ser otra que un proyecto social distinto al de los poderosos que crean los problemas y luego cantan para hacernos creer que son ellos quienes tienen las soluciones.
 

    

     Después de haber boicoteado la cumbre de la ONU sobre la crisis económica y financiera (24-25 y 26 de junio de 2009) convocada por el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D’Escoto Brockmann, el G8 se reunió desde el 8 hasta el 10 de julio en la ciudad de L’Aquila, en Italia, para celebrar su gran ceremonia anual.

En lo que concierne al aspecto ecológico de esta crisis global, los dirigentes del G8 fueron totalmente incapaces de adoptar objetivos cuantitativos a corto plazo para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Por otro lado, no anunciaron ninguna ayuda financiera para los países del Sur, primeras víctimas del recalentamiento del clima. Sin embargo, las Naciones Unidas indican que los países ricos deberían transferir de 50.000 a 70.000 millones de dólares por año a los países pobres para ayudarlos a hacer frente al cambio climático, sin hablar de las sumas que tendrían que desembolsar para pagar la deuda ecológica que los países industrializados deben al Sur… 

 

     Frente a esta interconexión de crisis (alimentaria, social, económica, ecológica, migratoria, de gobernanza mundial) que genera la violación de los derechos humanos fundamentales, es urgente cambiar radicalmente de lógica, adoptando alternativas radicales como las presentadas en la Universidad de verano del CADTM Europa. Ya que el G8 es incapaz de responder a este desafío, la respuesta debe venir de otros países y principalmente de los del Sur.

Una primera medida indispensable es el repudio unilateral de todas las deudas ilegítimas. En efecto, es en vano esperar del G8, como lo hace el presidente egipcio Hosni Mubarak, una congelación provisoria de las deudas africanas. En consecuencia, los gobiernos de los países en vías de desarrollo no tienen otra opción que encarar el problema de la deuda sin contar con una concertación con los acreedores, realizando auditorias sobre la deuda, como lo hizo Ecuador y como lo alienta el nuevo informe del Experto independiente de las Naciones Unidas sobre la deuda externa. Estas auditorías permitirán identificar y declarar la nulidad de todas las deudas ilegítimas. Y este es un derecho inalienable de todos los Estados.             
Se considera urgente una nueva arquitectura financiera internacional, con el reemplazo del Banco Mundial y el FMI, respetuosa de los derechos humanos y del marco de la ONU. La Asamblea General de las Naciones Unidas es la única instancia legítima realmente existente. El G8, el G20, o incluso el G14 que quieren crear los presidentes Sarkozy y Lula son, por supuesto, sólo clubes autoproclamados que carecen totalmente de legitimidad, afirma el jurista Renaud Vivien.

 

     ¡Un momento, por favor¡

¿Qué mundo es el que quieren arreglar los dirigentes del G-8? ¿Sólo existe la economía? ¿El desarrollo sólo puede entenderse como puro crecimiento económico (PIB)? ¿La Tierra y las personas llevadas a la ruina no cuentan? ¿Sólo existen mercados, bancos y sistemas financieros? ¿Sólo existe crisis financiera y no otras crisis alimentarias, energéticas y humanitarias? ¿Por eso es que los ricos mandan en el cielo y en la tierra, así en las democracias como en las dictaduras?

¿El capitalismo es sinónimo de democracia? ¿El imperialismo también? Los 8 países del G, Estados Unidos, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Japón y Rusia son países capitalistas e imperialistas. ¿Por qué se erigen también como los grandes demócratas del mundo? ¿No son ellos quienes han decidido el ORDEN MUNDIAL donde el 20% de la población (que habita el Norte) consumen el 86% de los recursos mundiales, teniéndose que conformar el otro 80% de la población –más de 5.000 millones de personas- sólo con el 14% de los recursos?

¿Y los valores sociales y los derechos universales? ¿Nada hay que decir de las guerras y de las injusticias, de los millones de personas refugiadas y de inocentes asesinadas y de los menores esclavizados? ¿De qué mundo son las víctimas?

¿No hay respuestas para las injustas invasiones, para las torturas en cadena, para el monopolio de los recursos mundiales, para las inocentes víctimas civiles de Irak, de Palestina, del Congo, de Ruanda, de Sri Lanka, de China,…? ¿Nada que decir de la condena y persecución de las personas inmigrantes, ni de las miles de mujeres víctimas de la violencia de género, ni de las numerosas situaciones de esclavitud?

Mi mundo, tu mundo, nuestro mundo… ¿En qué se ha convertido? ¿Quiénes tienen derecho a existir en él?

www.miradasolidaria.es

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