GOTA INDIGNANTE: Dejando a un lado posibles interpretaciones, las estadísticas oficiales (DANE) de Colombia resaltan:

  • su gran progreso económico (subida del PIB de un 6.6% en 2011 y de un 4% en 2012).
  • su gran nivel de pobreza en 2012: 37,8% de la población es pobre (unos 18 millones) y un 12,2% en pobreza extrema (unos 8 millones).
  • su gran nivel de desigualdad: en 2012, el poder de concentración creció un 8% y continúa como segundo país con mayor desigualdad en Latinoamérica, después de Haití. (Foro “Pobreza en Colombia 2012”).

Lo más indignante: a todas las personas indigentes les llaman públicamente “los desechables”.

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Esta ‘gota indignante’ evoca un poema de Juan Rosales, “De los distintos usos de la palabra ética”, que dice así en su primera parte:

 

Cuando me dicen la palabra ética, espero el telegrama de despido.
Cuando me dicen la palabra ética, calculo cuánto les dejará de beneficio.
Cuando me dicen la palabra ética, saco la otra mejilla antes que sea tarde.
Cuando me dicen la palabra ética, corro antes que llegue la Montada.
Cuando me dicen la palabra ética, veo a los chicos oliendo pegamento, quemando su ternura 

      por algo de ilusión o de comida.
Cuando me dicen la palabra ética, afirman que el dinero (suyo) no hace la felicidad (nuestra).
Cuando me dicen la palabra ética, me acuerdo del silencio de los indiferentes

      y los ojos cerrados de los puros.
Cuando me dicen la palabra ética, me ofrecen ver la vida color rosa,

      si es que quito la vista de la vida.
Cuando me dicen la palabra ética, es que me advierten: “nadie es inocente”.
Cuando me dicen la palabra ética, es que me instruyen: “gobernar no es para cualquiera”.
Cuando me dicen la palabra ética, los miro persignarse ante la Bolsa y oficiar misa en la Rural.
Cuando me dicen la palabra ética, salgo de Tribunales y busco la justicia,

      aunque, suspiran, “la Justicia no es para este mundo”.
Cuando me dicen la palabra ética, me reprochan la vulgaridad de tener hambre.
Curando me dicen la palabra ética, me aconsejan desprendimiento,

      porque no me han desprendido bastante todavía.
Cuando me dicen la palabra ética, electrifican los muros de sus countries.
Cuando me dicen la palabra ética, añaden: es hora de sentar cabeza

      y cortarse el pelo y las ideas.
Cuando me dicen la palabra ética, quieren decir “todo esto es nuestro, y ¡ay del que lo toque!”.
Cuando me dicen la palabra ética, me muestran sus salones alfombrados,

      en tanto se nos mueren las criaturas por falta de vacunas o de agua.
Cuando me dicen la palabra ética, se lamentan porque “pobres habrá siempre”

      y son los mismos.
Cuando me dicen la palabra ética, es que en un lado ponen los sermones

      y en otro las acciones.
Cuando me dicen la palabra ética, me afirman que algún día comeremos

      de lo que les servimos, y en todo caso no sólo de pan mueren los pobres.

Cuando me dicen la palabra ética, me van clasificando: explotable o desechable.
Cuando me dicen la palabra ética, insisten en salvarme del pecado (y salvarse del miedo).
Cuando me dicen la palabra ética, me recuerdan no dejarme llevar por la lujuria, porque

      amar y soñar no dan ganancias, y al fin sólo el trabajo nos hará libres, como en Auschwitz.
Cuando me dicen la palabra ética, insisten en que no escuche a los malos que molestan,

      en tanto ellos cobran su porciento.
Cuando me dicen la palabra ética, van contando las monedas para la limosna suya de cada día.
Cuando me dicen la palabra ética, me piden que no me golpee la cabeza contra su pared,

      porque su pared puede dañarse.
Cuando me dicen la palabra ética, me explican que ellos son mi prójimo

      y debo amarlos más que a mí mismo.
Cuando me dicen la palabra ética, me pintan el cielo prometido

      si es que me porto bien en este infierno.
Cuando me dicen la palabra ética, es porque uno debe estar en su lugar, al pie de la escalera.
Cuando me dicen la palabra ética, siento aún las cadenas, la capucha, los electrodos

      atados en los huevos, y la melosa voz que me exigía nombres en nombre del Señor.
Cuando me dicen la palabra ética, me exhortan a matar y a morir por sus negocios,

      que llaman Dios o Patria, da lo mismo.
Cuando me dicen la palabra ética, se regocijan porque han vuelto al Templo

      y echado a Jesús a latigazos.
Cuando me dicen la palabra ética, es que han puesto peaje en el ojo de la aguja

      para que pasen sólo los camellos.
Cuando me dicen la palabra ética, añoro a mi abuelito, que no pudo soportar tanta injusticia.
Cuando me dicen la palabra ética, siento un olor a mierda que voltea…

 

Mirada Solidaria.es

 

(Refer. Juan Rosales, desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

  1. Luis
    21 Jul 13 15:03

    La palabra ética me trae a la memoria ” la breve historia de la ética” de Victoria Camp. Empece leyendo el final, los últimos capítulos. En los finales del siglo pasado y lo que llevamos de éste niegan lo que ha sido la ética, calificada de “confor metafísico” y todo lo que huele a universal. A parte de la negación, y como se encuentre el patio de nuestros días, hablan del fin y pluralidad, acaso relativa. Lluis.

  2. Juan Jiménez
    22 Jul 13 12:06

    Me parece que el señor Rosales estuvo sembrado con estas palabras. La Ética es otro de los valores más pisoteados en nuestro tiempo.

  3. Luis
    23 Jul 13 15:20

    La ética y moral nos huele a lujuria, dicho para los jóvenes, que siempre se sienten engañados. La ética y moral sabe a “buenas costumbres” dirigidas
    desde arriba. A presentación en “sociedad” y a más cosas y contradicciones. Lluis

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