En tiempos  de dictadura o de dictablanda, el humor permanece como forma de insumisión más o menos eficaz.

En su blog Cierzo, María Dubón comenta que en todas las cortes existieron bufones, a los cuales estaba permitido reírse de ministros y regidores, hasta del propio rey; pero esto sucedía porque sus burlas se consideraban inofensivas, ya que los bufones estaban clasificados entre los animales domésticos.

 

Para sobrevivir, el humor aprende a sortear la censura impuesta por el dictador. Recurre a un  estilo equívoco, utilizando expresiones que dicen una cosa y quieren decir otra, que incluso alaban aparentemente aquello que en realidad fustigan.

Según Escarpit, el humor puede ser un instrumento de lucha en la medida en que, al exorcizar el miedo, infunde valor a los combatientes y, al desacreditar la amenaza, priva al tirano de su principal arma psicológica.

 

Nunca un dictador se ha visto tan ridículo ni el poder tan patético como en la obra de los grandes caricaturistas nicaragüenses que documentaron los malos días de los Somoza. Hombres que tuvieron suficiente talento y humor para hallarle la gracia a los abusos del régimen dictador. Y valor para realizar crítica política –y publicarla en periódicos- aunque eso les costara el exilio, como pasó con el fantástico caricaturista Antonio “Toño” López.

Algo parecido, por ejemplo, sucedió en Argentina, cuando en medio de un clima de censura, opresión y miedo, apareció en 1978 la revista Humor que vendió 330 mil ejemplares burlando a la dictadura militar y sus silencios obligados mediante el humor y las caricaturas de los generales de turno.

 

Como dice Pigariova, cada dictadura elabora su propio lenguaje con una serie de términos que intenta inculcar a la población. Y del idioma depende mucho la mentalidad y la forma de pensar; de ahí la importancia del humor respondiendo, frente al nuevo lenguaje totalitario, con otro lenguaje que se ríe de todo eso. Igual que el arsénico en pequeñas dosis no mata pero envenena, el idioma totalitario suministrado en pequeñas dosis a la población acaba envenenando a la gente, si no encuentra su antídoto que es el humor.

 

Algo parecido sucede actualmente en todos los países “democráticos” (así llamados porque hay votaciones), pero que están sometidos a la dictadura del neoliberalismo globalizado. Auténticas ‘dictablandas’, Estados sometidos a los poderes económicos, también con su lenguaje de eufemismos, con sus mensajes de miedo, con sus mecanismos opresores, sus censuras y sus controles mediante espionaje telefónico y cibernético.

 

Y también ahora el humor y la sátira vuelven a servir de antídoto, respondiendo con un nuevo lenguaje de insumisión. En España, por ejemplo, contamos con El Roto, Alfons López, Manel Fontdevila, Romeo, Erlich y muchos otros.

En sus fantásticas viñetas dicen frases como éstas:

 

Los ricos cometen irregularidades, los pobres delitos.

Las bombas de las Potencias son de uso pacífico, las que Irán aún no tiene son instrumentos de terror.

Se vigilan las puertas de los bancos para que no entren ladrones, pero los que hay dentro son intocables.

¿Para qué sirve proteger las fronteras, si ahora las invasiones se hacen por banco?

Progreso es lo que beneficia al patrón; retroceso, lo que nos beneficia a los trabajadores. Eso dicen.

Es curioso que los grandes cocineros nunca estén donde hay hambre  ¡Con el éxito que tendrían!

¡Combatir el desempleo con ajustes es como combatir el hambre con anorexia!

Cada día hay más comida en la basura y más basura en la comida.

Este río lleva petróleo, plomo, cromo y níquel  ¡Cuánta riqueza!

Habla un político: ¡Os bajaremos los sueldos, os quitaremos derechos, nos llevaremos la pasta, y además nos votaréis!

Habla un obrero: trabajo sin contrato en una fábrica clandestina de productos adulterados de marcas falsas… ¡Es un sector con futuro!

¿A cuántos sabios nos sale un futbolista?

¿Cómo puede ser que un yogur caducado pueda hacer daño y una central nuclear pasada de fecha NO?

Cada vez que voto tengo la sensación de darle una limosna a la democracia.

¿Pero qué clase de ORDEN económico es ése, que produce DESORDEN social?

Vivimos en la dictadura del Monetariado.

El poder está demasiado concentrado y el no poder demasiado extendido.

Habla un pordiosero: Matar está mal visto… menos matar de hambre, curiosamente.

Gracias a las nuevas tecnologías, me informo al segundo y lo olvido al instante.

Hay pueblos que, sin terremotos, son invisibles.

El gerente de la mina no murió de silicosis, al presidente del banco no le pilló la quiebra… ¿Cómo lo conseguirán?

 

 

 

La ventana del mochuelo

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