Sucedió en un municipio gaditano, precisamente la tierra de la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído. Hace tan sólo unos días, casi a mediados de agosto.

Una mujer maltratada fue citada para un juicio a las 10 de la mañana. Mejor dicho, una hora antes para poder conocer al Abogado de Oficio que le asignaran. El autobús le dejó a las 8.30 y pudo llegar antes de la hora.

– Oiga, ¿Para saber qué Abogado de Oficio me corresponde?, preguntó al guardia civil del Juzgado.

– Mire, allí hay un teléfono, por si quiere llamar.

– Pero ¿a dónde, a quién llamo yo…?

    

     Pasaron las diez, y las once, las doce, la una… Nadie decía nada.

– Por favor, ¿podemos estar en alguna otra parte, para no estar aquí esperando junto a este señor? Él es mi esposo, el maltratador, y aquí estamos solos y sin vigilancia.

– Pueden pasar a aquella salita y esperar allí, dijo uno de los funcionarios.

Apenas tres sillas, sin ningún servicio, ya que todo estaba en la planta baja y nosotras estábamos en la segunda. Para ir al aseo era preciso tomar el ascensor, en cuya puerta se encontraba el esposo denunciado, por lo que era preciso aguantarse. En su continuo ir y venir, los albañiles, que pasaban por la salita, miraban a la mujer y a sus dos amigas acompañantes. Cada que se abría la puerta, un susto… Sólo pensar que todas las mujeres que van al Juzgado están igual de desprotegidas que nuestra amiga,  revuelve las entrañas. Allí podía entrar tranquilamente el maltratador  y agredirla y nadie se daría cuenta…

 

    

     Eran las dos de la tarde y seguíamos esperando sin novedades. Preguntamos al funcionario:

– ¿Sabe cuándo comenzará el juicio?

– Usted ya sabe cómo es esto del verano. La gente está de vacaciones. El Juzgado de Género no está funcionando y le atenderán en el Juzgado de lo Penal. Pero no ha llegado nadie todavía.

– Pero, ¿entonces?… Habrá que comunicarles oficialmente a los maltratadores que en el mes de agosto no pueden maltratar…

    

     La primera entrevista a la afectada comenzó a las tres de la tarde. Una hora antes, aproximadamente, conoció al Abogado de Oficio asignado, quien apenas habló con ella tres minutos, a una distancia de tres metros del encausado y su abogado. Tras el saludo, la primera frase del Abogado de Oficio fue: “¿por qué no tramita el divorcio y retira la denuncia?”…

Las sospechas de la mujer tenían su lógica: ¿Tendrá tiempo el Abogado ni siquiera para leer el expediente? ¿No se habrá entrevistado previamente con el otro Abogado, éste no de Oficio sino contratado por el esposo, supuesto bajaba de otras dependencias en donde podrían haber negociado?

Las entrevistas, primero a ella y después al esposo, se hicieron por separado, ante la presencia de la Jueza, la Fiscal y ambos Abogados.

    

     En torno a las cinco de la tarde comenzaba el juicio. Allí únicamente habló el Abogado contratado por el esposo encausado, quien, entre sonrisas, llegó a decir falsedades como que la mujer tenía abandonada la casa y a su familia y que los abuelos paternos estaban corriendo con los gastos de su único hijo de cuatro años.

Ni una sola pregunta, ni una sola palabra salió de boca del Abogado de Oficio de la mujer. Nada dijo, absolutamente nada en todo el juicio. Ni la más mínima alusión a las diversas denuncias y detenciones del esposo, a sus escandalosas borracheras, a sus insultos contra la esposa delante del hijo, a los destrozos dentro de la casa en sus ataques etílicos, a sus enormes deudas personales contraídas que recaen sobre la nómina de la esposa (nómina actualmente embargada por tal motivo), a sus despilfarros como gastarse en una noche todo el sueldo recibido en su primer mes de trabajo… Nada mencionó el Abogado de Oficio, ni nadie del Tribunal.  

Era desolador. El pliego de denuncias no constaba por ningún lado. La ampliación de la denuncia ante la guardia civil era desconocida para la Jueza, por la Fiscal y por el Abogado de Oficio.

– Difícilmente usted tendrá testigos de las cosas que ocurrieran dentro de su hogar, le dijo el Abogado del esposo.

– Sí.  Aquí, en la sala, hay una amiga que pudo ver, por ejemplo, los destrozos que mi esposo hizo en la casa en uno de sus arrebatos…

Le preguntaron el nombre de esa persona, y la anotaron en un documento,  pero nadie la llamó a declarar.

    

     Eran las seis de la tarde y esperábamos el Auto. El temor se mezclaba con la angustia; la desazón unida a la rabia concluían en un agrio sentimiento de impotencia.

Sentimientos que se acentuaron al conocer el Auto: No encontramos motivos para que peligre su integridad física, es simplemente una crisis familiar, que debe resolverse dentro de la familia.

¿Cómo es posible semejante auto? ¿Qué podemos hacer ante semejante injusticia? Y de paso, no podemos decir que era porque el Juez y el fiscal eran ¡hombres! ¡Qué fuerte ver a la Jueza y a la Fiscal, al lado nuestro a las 6.30 de la tarde, tomándose un café, mientras nuestra amiga lloraba desconsoladamente…!

Faltaba el colmo. Se acercó el Abogado de Oficio a comunicarle a su “indefendida” que había llegado a un acuerdo con el Abogado del esposo: El esposo prometía marcharse de la casa esa misma noche, pasaría 250 euros mensuales por el niño, se turnarían los fines de semana con el niño y un mes estaría con uno y otro mes con la otra…

Pero todo esto sin nada escrito, sin documento alguno firmado,… ¡Un simple acuerdo de palabra entre dos abogados! ¡Increíble!

Me recordó el juicio de Salomón: Además del corazón de la mujer, también la justicia partía en dos a un niño de cuatro años.

¿250 euros mensuales por el niño?… ¿Y el alquiler quién lo paga? ¿Y las inmensas deudas contraídas por el esposo? ¿Y los gastos del colegio de verano? ¿Y la trabajadora que cuida del niño en las horas laborales,…? ¿Quién paga todo esto…?

¿Y esto se considera hacer justicia? ¿Esto significa defender a la víctima? ¡Ay, si les hubiera tocado un Abogado de Oficio a Botín, a De la Rosa, y a tantos “Botines” y a tantísimos políticos…!

    

     El maltratador, su abogado y su hermana salieron contentos. Con poco que se hubiera indagado, podría haber terminado en la cárcel por tener antecedentes penales…Pero nada de esto ocurrió. Fue un proceso sin obstáculos, no hicieron falta pruebas ni testigos. Motivos sobrados tenía para salir ufano y envalentonado: Según el tribunal, su comportamiento no era delictivo…La razón y la justicia estaban con él.

El juicio no pudo ser más indigno ni más indignante.

    

     Me gustaría escuchar a ciertos responsables de los Organismos y Asociaciones de Género…

Me gustaría preguntar a la Ministra Bibiana Aído si conoce el funcionamiento de los Juzgados de Género, al menos los de su tierra gaditana. No necesito repasar su brillante discurso en la Cumbre de la ONU hablando de la inversión de 800 millones de euros en políticas de prevención, juzgados especializados, fiscalías, cuerpos especiales y otros recursos asistenciales y medidas para apoyar a las víctimas de la violencia. “El objetivo de la ley es prevenir, proteger y asistir adecuadamente a las víctimas, sancionar a los agresores y como meta final, erradicar la violencia de genero”, dijo Aído.

No me hable, señora Ministra, de que “Ahora son 1.848 los agentes especializados en atender a las víctimas de violencia de género. Hoy tenemos 458 juzgados de los que 92 son exclusivos, se ha incrementado el número de denuncias, el número de órdenes de protección, el número de sentencias y el 70 por 100 de las sentencias son condenatorias. Las mujeres tienen más ayudas a la inserción profesional. En cualquier caso, debemos de continuar trabajando y desarrollando esta ley integral, que es una buena herramienta, un buen instrumento, pero no debe hacernos bajar la guardia. Tenemos que estar permanentemente alerta“.

¿Qué es eso, señora Ministra de Igualdad, de que “la ley ha puesto a disposición de las mujeres mayor número de recursos para que puedan abandonar la espiral de violencia de género”?            
¿Qué quería usted decir, señora Ministra, son su preciosa frase de que ante la violencia de género no cabe ni ‘la neutralidad’ ni el ‘silencio’, que llevan a la complicidad”?

¿A quién animaba, señora Ministra, cuando inauguraba un Juzgado de Género en Cádiz, diciendo que “las mujeres tienen que denunciar, ya que están corriendo un peligro real de muerte”?

Ante la indefensión, las palabras de la Ministra y de algunos/as responsables de Organismos de Género, suenan a lata.

    

     Fuimos testigos, mi amiga y yo,  de cuanto he contado y, les aseguro, que un papel no sirve para expresar la enorme indignación que sentimos.

CH.G.M.

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